02 jun 2020

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Víctimas a oscuras

El trauma que arrastran impide a muchos adultos que han sufrido abusos en la infancia denunciarlos

Exponerse a la luz pública y afrontar un doloroso proceso judicial también son factores disuasorios

GUILLEM SÀNCHEZ / BARCELONA

Entrada del colegio de los Maristas de Sants-Les Corts.

Entrada del colegio de los Maristas de Sants-Les Corts. / FERRAN NADEU

Una tarde de un día entre semana de mediados de los años 90. En el vestuario de un colegio religioso concertado de Catalunya una niña de 10 años se ha quedado la última. Ha alargado demasiado el rato que el entrenador les deja en la piscina para que jueguen a su aire, al final de las clases extraescolares de natación. Y además, ella es "tardona" para cambiarse. Por eso ahora está sola en ese vestuario. Mientras recoge su bañador mojado, las gafas de natación y el gorro de látex para guardarlos en su mochila, se abre la puerta.

Entra un adulto, un empleado del colegio, que se acerca hasta ella sin titubeos, la coge por la fuerza y la viola. Ella no sabe resistirse porque no entiende qué está ocurriendo. Cuando todo ha terminado, el violador suelta a la pequeña, da media vuelta y se va. Al cerrar la puerta del vestuario, aunque la alumna sigue dentro, "apaga la luz". 

M.

VÍCTIMA DE ABUSOS

Mi mayor temor es que mi familia pueda enterarse de que me violaron hace 20 años

TORBELLINO

Estos últimos días EL PERIÓDICO, a raíz del escándalo de pederastia que ha sacudido el colegio de los Maristas de Sants-Les Corts, ha recogido el testimonio de víctimas de abusos sexuales -como el de esta niña, ahora una mujer de poco más de 30 años- acontecidos en diversas escuelas. Comparten el deseo de revelar el secreto que encierran, aunque lo hacen poseídos por un torbellino de sentimientos, casi contradictorios. Creen que contar su experiencia “ayudará” a los que ya han roto su silencio, como Manuel B., el padre que ha destapado los abusos del exprofesor de gimnasia de los maristas Joaquim Benítez. Pero tienen miedo de acudir a los Mossos d’Esquadra y comprometerse con el proceso judicial que arrancará tras su declaración, y también de exponerse a la luz pública como lo que son: víctimas. Por eso muchos no dan el paso de denunciar ante la justicia. 

Vicki Bernadet

víctima de abusos

Cuando una víctima revela unos abusos, no todos reaccionan abrazándola, no es tan sencillo

Sus dudas, que en última instancia terminan sirviendo a los intereses de los agresores sexuales o a las instituciones que prefieren el silencio y la salvaguarda de su reputación al esclarecimiento de los crímenes, quizá resulten “difíciles de comprender para la sociedad”. Pero desde luego son “comprensibles” para Vicki Bernadet. Ella entiende a las víctimas porque creó una fundación -con su nombre- que ya lleva desde 1997 tratando de ayudarlas. Bernadet también sufrió abusos sexuales de pequeña.  

NO A CUALQUIER PRECIO

“La gente piensa que cuando una víctima revela unos abusos, todos reaccionan abrazándola, y no es tan sencillo”, avisa. Tampoco “basta con decirle que te crees sus palabras”, si no que “hay que mover fichas”. El descubrimiento del secreto compromete “a cambiar cosas” y a veces una sociedad “poco madura” elige “cuestionar a la víctima”, o incluso “rechazarla”. 

A.

VÍCTIMA DE ABUSOS

Sufrimos abusos de niños, pero ahora somos padres y no queremos que esto salpique a nuestros hijos

Bernadet también trata de vacunar contra las ganas colectivas de juzgar a los pederastas “a cualquier precio” cuando han pasado tantos años. Si este deseo de justicia pasa por encima de la víctima, “no merece la pena”, avisa. Las personas que sufrieron abusos hace años puede que ahora cuenten con entornos familiares y con una normalidad que quieran “proteger”. 

Antonio Andrés Pueyo, catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de la Universitat de Barcelona (UB), explica que sienten “vergüenza” y “miedo” a que se “rompan relaciones con familiares o con personas de confianza”. “Todos esos elementos hacen que muchas veces las personas que han sufrido abusos, los silencien”, agrega. Una de estas víctimas (A.), lo resume así: “Sufrimos abusos cuando éramos niños, pero ahora muchos somos padres que tenemos hijos, no podemos permitirnos que esto les salpique”. 

Montse Martín

SOCIÓLOGA UVIC

Los chicos tienen otro motivo para no contarlo: que no se les etiquete de homosexuales

En el caso de los niños, además, aparece "una sombra sexual", en palabras de la socióloga de la Universitat de Vic Montse Martín, que dificulta aún más dar este paso. Temen que se les etiquete "de homosexuales" tras haber mantenido relaciones con hombres, aunque haya sido a través del engaño o por la fuerza. "Las chicas lo explican con más facilidad”, mantiene. 

FOCOS MEDIÁTICOS

Bernadet defiende que todas las víctimas deben encontrar la forma de liberar su secreto. Pero deben tomar la decisión “con la cabeza fría” y poniéndose en manos de “expertos”. El impulso de estos días puede favorecer la aparición de una ola de revelaciones de secretos que después “se desvanezcan”. Puede pasar que “tras contarlo surja el arrepentimiento” y esa decisión de exponerse, si se hace bajo focos tan potentes como los mediáticos, puede ser “arriesgado”. 

Antonio Andrés Pueyo

CATEDRÁTICO PSICOLOGÍA UB

Sienten miedo a que se rompan relaciones con familiares o con personas de confianza

Bernadet confía en que este escándalo sitúe finalmente la gravedad de los abusos sexuales en el plano que le corresponde. “Esto ayuda a sensibilizar a la sociedad”, admite. “También logrará que cambien cosas”, dice. Esperanzada, apunta hacia donde le gustaría que condujera esta algarabía: conseguir que dejen de prescribir estos delitos y formar mejor a todos los profesionales para que sepan cómo prevenir los abusos en menores y cómo rescatar cuanto antes a sus víctimas.

La mujer que fue violada en la piscina (M.) acudirá "pronto" a los Mossos d’Esquadra para informarles de estos hechos. Aunque confiesa que sigue sin tener claro si se atreverá “a firmar la declaración” o a “poner una denuncia con mi nombre”. A ella le preocupa que su familia siga sin saber por qué hace casi 20 años se convirtió repentinamente en una chica “más triste”, cuando su agresor, tras violarla, la dejó a oscuras en el vestuario. Ahora le toca a ella decidir si enciende la luz.