El colmo de la antiprivacidad

La filtración de Ashley Madison resume los riesgos a que está expuesto el internauta

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C. J.
BARCELONA

La filtración de Ashley Madison puede favorecer «a los restaurantes, las floristas [por aquello de las reconciliaciones] y los abogados de divorcios», como escribía un analista del diario británico The Telegraph, pero también va a provocar seguramente una crisis de reputación a la empresa porque evidencia a qué se enfrentan los internautas en cuanto a control de datos incluso cuando navegan por entornos considerados seguros.

«No es la primera vez que ocurre una filtración de datos y con información muy sensible. Ya pasó con historiales médicos de funcionarios estadounidenses, con correos personales de directivos de Sony que comentaban políticas de la empresa o con contraseñas de la red Linkedin», recuerda Genís Margarit, ingeniero de telecomunicaciones y consultor de seguridad.

O casos como el Celebgate, en septiembre del 2014, en el que se filtraron miles de fotos, algunas desnudos, de famosas que habían tomado las imágenes con su móvil y las guardaban en iCloud, el servicio de copias de seguridad del iPhone de Apple. La acción de determinados individuos, que se aprovecharon del uso de contraseñas débiles y de un fallo en las medidas de seguridad que permitía ir probando contraseñas indefinidamente provocó que muchas actrices vieran su intimidad expuesta involuntariamente. Algunas webs donde se colgaron las fotos (entre ellas 4chan, la misma que ha alojado algunas de las filtraciones actuales) suprimieron el material a instancias de los abogados de las afectadas, pero no sirvió de mucho. Una búsqueda en Google muestra aún muchas de aquellas imágenes vetadas.

Derecho perdido

«La intimidad en la red no existe desde el mismo momento en que empiezas a navegar. No solo los gobiernos no te la aseguran sino que además te espían directamente como se ha revelado con la NSA, las empresas hacen negocio con lo que saben de ti y nadie te garantiza que lo que cuelgas en una web no va a salir de ahí», comenta Víctor Domingo, presidente de la Asociación de Internautas.  «Pero la filtración de los datos de Ashley Madison es directamente un delito como la copa de un pino y además es el colmo de la antiprivacidad en la red, porque crees que estás protegido en una página y lo sacan todo a la luz», añade el activista.

Las deficiencias de seguridad han aflorado también malas prácticas.«En seguridad informática hay un muy importante componente humano. Se vio con Hacking Team, una importante empresa de seguridad, que tenía protegidos archivos con contraseñas muy, muy débiles. Pero en Ashley Madison se ha revelado que cobraban por borrar unos datos que luego mantenían, y esto es muy grave. Si necesitas los datos de los usuarios que se han borrado para extraer información para analizarla, lo que has de hacer es desvincularlos del nombre. Tecnológicamente, no tienen excusa», señala Margarit.

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La parte humana ha hecho también el análisis de los datos filtrados y así los 10 Gb de información, que hay que depurar antes de poder utilizar porque se han filtrado en bruto, ha hecho que numerosos voluntarios combinen los perfiles para crear fichas que luego distribuirán donde quieran para probar su pericia. Y sus resultados no van a ser fáciles de eliminar.

«Va a afectar a ciudadanos inocentes que viven su vida. Si son sus imágenes privadas o sus pensamientos personales, nadie tiene el derecho de robar y revelar esa información a un público en busca de lo escabroso», afirma el comunicado de Ashley Madison.