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Cae el 'depredador' de niñas de Madrid tras 8 ataques en un año

El pederasta ya había sido condenado a siete años de cárcel por un caso similar

Una víctima facilitó la matrícula grabada en la ventanilla de uno de los coches que usó

MANUEL VILASERÓ / MAYKA NAVARRO / MADRID

Antonio Ortiz Martínez, de 42 años, es un «depredador», según la policía. Presunto autor de ocho delitos y tentativas de agresión sexual a menores en el último año, casi el doble de los que se le atribuían hasta ahora, el pederasta en serie declarado enemigo público número 1 de Madrid y detenido ayer en Santander es un fanático del culturismo y de las artes marciales que ya fue condenado en los años 90 a siete años de cárcel por otro secuestro con violación de una niña de seis años. En su denso historial delictivo figuran además delitos vinculados con el crimen organizado, tentativas de secuestro y violencia machista.

Fue precisamente su amplio historial delictivo lo que le ayudó a dificultar el trabajo de los policías. Todas sus víctimas eran menores de entre cinco y once años poco desarrolladas físicamente con las que no tenía ninguna relación. Contactaba con ellas en parques infantiles y zonas de ocio. Se las llevaba al coche, a un piso desocupado propiedad de su familia y a descampados, donde las agredía «con gran violencia durante horas», según detalló ayer el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Hasta ahora los investigadores han contado ocho víctimas entre tentativas y agresiones. En alguna ocasión, en un mismo día agredió a una menor tras intentarlo con otra.

Como mínimo en dos de las agresiones drogó a sus víctimas con altas dosis de lorazepam para evitar que las niñas pudieran recordarle e identificarle. Después las bañó con esmero para borrar cualquier rastro biológico. En sus salidas de cacería utilizó hasta tres modelos diferentes de vehículos, un Citröen Xsara, un Citröen Berlingo y un Toyota Auris. Solo uno de ellos estaba en estos momentos a su nombre. Su trabajo como comercial en un concesionarios de compra y venta de vehículos le facilitaba el cambio de coche.

La investigación, realizada por un grupo multidisciplinar creado especialmente para este caso de la brigada judicial de la jefatura de policía de Madrid, ha sido de una complejidad extrema. La policía ha echado mano de todos sus recursos, incluida la colaboración del FBI.

Una cámara de un autobús grabó parte del coche cuando el depredador paró a comprar un bote de crema hidratante mientras su última secuestrada, una niña dominicana, permanecía en el asiento trasero. Tenían el modelo y el color pero les faltaba la matrícula. Fue la agencia americana la que diseccionó esa imagen y aportó datos clave sobre el vehículo. Otra víctima, la primera española, había aportado la numeración grabada en la ventanilla del coche en la que fue raptada y se concretó ese segundo modelo.

Ahí empezó la tarea policial de relacionar a todas las familias de un territorio marcado de Madrid que tuvieran esos modelos de coche. En paralelo, otro grupo de investigadores separaba las llamadas entrantes y salientes de móvil que se pudieron realizar en los puntos exactos en los que se produjeron los secuestros y se abandonó a las menores. Había que encontrar un número que coincidiera en todos.

LA CLAVE DE LAS LLAMADAS

Las dos líneas avanzaban muy lentamente, hasta que hace pocos días la policía comprobó cómo Antonio Ortíz había utilizado uno de esos vehículos, que se vendía en una web de segunda mano. A partir de ese momento todo fue muy rápido. Se consiguió saber el teléfono móvil que utilizaba. Había estado en los diferentes escenarios los días de los ataques y sospechosamente el teléfono se apagaba a la hora exacta de los secuestros.

Varios agentes se convirtieron en su sombra las 24 horas del día. Su madre vivía en la calle Montearagón, de Hortaleza, lindante con Ciudad Lineal. Él pernoctaba a menudo en esa casa aunque a veces pasaba la noche en el coche. Coincidiendo con el momento de más presión policial para capturarle se había trasladado unos días a la casa de un familiar en Santander. Pero seguía sin haber nada más concreto contra él salvo que dos de las víctimas hablaron de una señal en el rostro.

Los investigadores querían asegurarse de que tras su detención no pudiera quedar libre a las pocas horas al carecer de pruebas. Pero las pruebas se siguieron sucediendo. Anoche, los investigadores desmontaban las tuberías de todos los grifos de la cocina y el baño de un piso de los padres. Se encontraron restos biológicos que podrían pertenecer a alguna de las menores. Y en las próximas horas se cotejarán los restos de ADN que aparecieron en la ropa de como mínimo dos de las víctimas. Además se deberá cotejar una huella parcial que los investigadores consiguieron separar en la inspección de la tienda en la que el depredador compró crema hidratante.