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El fin de una larga pesadilla

Una de las parejas retenidas en el Congo por el trámite de adopción de su hija llega a BCN

MERCÈ CONESA / BARCELONA

Olívia, impasible, no entendía ayer nada de lo que ocurría en el aeropuerto de El Prat. Unas decenas de familias y amigos la esperaban a ella, de seis meses, y a sus nuevos papás, que acaban de adoptarla en la República Democrática de Congo. Hubo abrazos, sonrisas, lágrimas propias de reencuentros y sobre todo la sensación de que una larga pesadilla había acabado.

Todo comenzó a principios de este mes cuando Xavier Torrents y Natàlia Castellanos dejaron en Salou a sus hijos biológicos, Víctor y Marc, de 5 y 3 años, para ir a Kinshasa a buscar a su nueva hermana. Allí encontraron todos los parabienes de las autoridades congoleñas para prohijar a Olívia, pero toparon con la negativa de la embajada española a darle visado a la niña, por considerar que había irregularidades en la adopción.

No eran los únicos. Otras seis parejas (cinco catalanas y una vasca) se toparon con el mismo problema en la sede diplomática de Kinshasa, si bien éstos, a diferencia de Olívia que residía en esta ciudad, tenían a sus nuevos hijos en la capital del otro Congo, Brazzaville. Pero la embajada es la misma para ambos países.

Un callejón sin salida

A la negativa a dar a los niños congoleños adoptados un visado para España, se unieron los violentos disturbios postelectorales en Kinshasa que obligaron al cierre de la embajada. Las siete familias adoptantes se encontraron en un callejón sin salida, hasta que el revuelo de sus amigos hizo que la situación llegase hasta el Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid. Un diplomático fue enviado a rescatar a padres e hijos.

Nadie de la Administración ha dado aún explicaciones de porqué primero se vetó el visado a los niños adoptados y ahora, tras 15 días de sufrimiento de los padres, se les da.

Xavier Torrents calificó ayer de "pesadilla" y "odisea" todo lo sucedido. Natàlia Castellanos, entusiasmada por el reencuentro con sus hijos biológicos y con ganas de olvidar los días de angustia, suavizó el recuerdo. "Ahora sé que todo lo que hemos vivido no ha sido más que una anécdota", dijo. El domingo llegarán a Barcelona las restantes familias.