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    El festival de cine fantástico de Catalunya

    La musa del terror

    La actriz de culto Barbara Steele, protagonista del clásico de Mario Bava 'La máscara del demonio', recibe una merecida Màquina del Temps

    Desirée De Fez

    La actriz Barbara Steele recibió ayer una de las Màquines del Temps de esta edición del Festival de Sitges. No podría merecerla más. Por varias razones. Una, su participación en clásicos incontestables del fantástico y el terror, entre ellos La máscara del demonio (1960), El péndulo de la muerte (1961) y L'orribile segreto del Dr. Hichcock (1962). Otra, haber trabajado, a lo largo de una carrera que cubre cinco décadas, con varios cineastas clave del género: Mario Bava, que la encumbró al convertirla en protagonista de La máscara del demonio, Roger Corman, Riccardo Freda o David Cronenberg. Una tercera, lucir la esplendorosa etiqueta de musa del cine de terror, especialmente del italiano de los 60. Y, sobre todo, por poder presumir de haber convertido su mirada en una verdadera imagen icónica del fantástico.

    Su indiscutible pero atípica belleza, su capacidad para ser frágil, arrolladora y estremecedora a la vez y, obviamente, unos ojos a los que parecían tocar una cara más grande, no solo llamaron la atención de cineastas enmarcados en el género o afines a él. Nacida en Birkenhead, Gran Bretaña, en 1937, Steele tiene, por ejemplo, un secundario extraordinario en El joven Torless (1966), de Volker Schlöndorff, encarnó a una poderosa Teodora de Bizancio en La armada Brancaleone (1966), de Mario Monicelli, y fue una de las mujeres que frenaban (o disparaban, según el ángulo desde el que se mire) la creatividad de Guido (Marcello Mastroianni) en 8 ¿ (1963) de Federico Fellini, donde dio vida a uno de sus personajes más bellos.

    El broche final

    Las malas lenguas aseguran que Bava la acusó de renegar, de alguna manera, de su condición de actriz de género después de rodar con el maestro. Quizá fuera verdad, quizá se despistó durante un tiempo. Pero su presencia en esta edición del Festival de Sitges --tras cancelar precipitadamente su visita el pasado año- para recoger su merecida Màquina del Temps barre de un plumazo el supuesto ataque de otro maestro, a quien recordó con entusiasmo en la presentación de The Butterfly Room (2012), película que protagoniza, que pudo verse ayer en el festival (sesión especial fuera de concurso) y con la que la actriz asegura dar punto final a su filmografía: «Esta es mi última película después de medio siglo en el cine. Y estoy muy contenta porque amo a este hombre [dirigiéndose a Jonathan Zarantonello, el director del filme], porque me devuelve a Italia, donde tengo mi vida y mi alma, y, sobre todo, porque la película es un homenaje al cine italiano de los 60 y los 70, al cine en el que empecé y donde trabajé a las órdenes de Mario Bava, que era todo arte, todo pasión».

    Steele se expresó con entusiasmo en una mezcla deliciosamente torpe de italiano y español, exhibiendo una clarísima complicidad con un público que la considera la musa del cine fantástico y de terror por la que ayer recibió el premio. No es una mujer joven, pero parece alegre y jovial. Aun así, mantiene intacta la turbadora mirada que la convirtió en mito y de la que tanto se alimentaron La máscara del demonio, El péndulo de la muerte o incluso Vinieron de dentro de¿ (1975). Dice que se retira. Esperemos que algún director brillante le quite pronto esa idea de la cabeza.

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