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Récord de trasplantes

Gustavo Vargas, de 56 años, tras un trasplante de hígado: "Nunca sabré el sexo, ni la edad del donante, pero mi agradecimiento es eterno"

El paciente fue intervenido en febrero después de que una persona donara todos sus órganos

El calor extremo provocó más ictus y disparó en agosto la donación de órganos y trasplantes en Catalunya

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Gustavo Vargas, de 56 y trasplantado de hígado.

Gustavo Vargas, de 56 y trasplantado de hígado. / Jordi Otix

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Beatriz Pérez

Beatriz Pérez

Barcelona
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Gustavo Vargas, de 56 años, está vivo gracias a que alguien "con una generosidad humana impresionante" le donó su hígado. "Nunca sabré su sexo, ni su edad. Pero esa persona es excelente. Además, sé que donó todos sus órganos. El agradecimiento es eterno", explica a EL PERIÓDICO. "Pero esa persona no habría tomado esa decisión si no hubiese antes un trabajo tan arduo e importante como gestionar la donación de órganos –apunta–. Estoy agradecido y sin palabras".

Su historia comenzó años atrás, en 2010, cuando le detectaron una hepatitis C. Se fue tratando. "Pero la realidad es que mi hígado enfermó a causa del alcohol. La cosa fue empeorando por culpa mía porque seguí bebiendo. Era dañino", reconoce Gustavo. Hasta que los médicos, hace dos años, le hablaron de la posibilidad de que hubiera que trasplantarle. "Estuve un año en lista de espera y me trasplantaron el pasado febrero en el Hospital Clínic de Barcelona", relata.

"Nunca tuve miedo"

De agosto de 2025 a febrero de este año, este paciente estuvo "prácticamente todo el tiempo ingresado" en el hospital dada su gravedad. "Mi hígado funcionaba cada vez menos, aparecían cosas todo el rato", cuenta. Pero todo cambió cuando, hace siete meses, apareció el órgano que necesitaba: un hígado de un donante anónimo. "Llevaba mucho tiempo esperando ese órgano. Nunca tuve miedo. Estaba contento y feliz porque sabía que iba a haber un cambio. Tenía fe en el equipo médico", explica, tranquilo, Gustavo.

Asegura que nunca sintió "miedo" a nada. Tampoco "terror". Tuvo un buen "acompañamiento psicológico". "Estaba dispuesto a todo", asegura. Quería vivir. Y eso fue posible gracias a ese donante. Gracias a esa personas es posible también que ahora se encuentre "feliz". "De salud estoy espectacular. La evolución ha sido mejor de lo previsto". Cada día camina cinco o siete kilómetros, ha recuperado masa muscular y ahora se ha puesto en contacto con asociaciones de trasplantadas para poner su granito de arena. "Es mi forma de agradecer a ese donante lo que hizo por mí", señala.

Tampoco ha vuelto a probar el alcohol. "Jamás, nunca más", asegura con rotundidad. "Era la única adicción que tenía. No fumaba ni me drogaba. Pero atrás no volveré nunca más". Y está contento de haber hecho un "cambio radical de vida". Como también lo está su esposa. Todo gracias a un donante anónimo.

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