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fármacos peligrosos

El consumo de analgésicos opioides crece un 66% en nueve años en Catalunya

Los hospitales detectan adicción a medicamentos derivados del opio entre mujeres que sufren dolor y depresión

La Generalitat advierte del riesgo de toxicidad y dependencia por el uso excesivo de fármacos que dan euforia

Àngels Gallardo

Diferentes fármacos opiodes.

Diferentes fármacos opiodes. / FERRAN SENDRA

Los analgésicos opioides, fármacos potentes que reproducen los ancestrales efectos del opio -adormecen el dolor e inducen una adictiva euforia-, diseñados para tratar en cortos periodos de tiempo dolores muy intensos, son recetados de forma generalizada desde hace casi un decenio en los centros de asistencia primaria (CAP) de Catalunya, y del resto de España, a pacientes con dolor óseo o articular crónico, lo que ha aumentado en un 66% el consumo desde el 2009, según consta en el registro de recetas emitidas por médicos adscritos al Servei Català de la Salut (CatSalut), que los financia.

La Conselleria de Salut ha alertado de este fenómeno, considerado preocupante, en los informes que difunde entre los facultativos, insistiendo en que el “considerable aumento” en las prescripciones de opioides mayores es un claro “factor de riesgo de intoxicación y dependencia” entre los pacientes consumidores, mayoritariamente mujeres de más de 70 años que los toman a diario, de forma indefinida en muchos casos, para tratar artrosis, fibromialgias o artritis, procesos crónicos que causan un variable dolor, tradicionalmente tratados con analgésicos de menor envergadura.

Cáncer final y quemados

Las sustancias opioides fueron diseñadas para afrontar el periodo de máximo dolor, siempre de duración limitada, que experimentan algunos enfermos de cáncer en sus últimos días, el que sufre un quemado de segundo grado que sobrevive con medio cuerpo privado de epidermis, o el despertar de una intervención quirúrgica. Para estas indicaciones fundamentales fueron autorizados por la Agencia Europea del Medicamento (AEM). El uso de estos fármacos se circunscribió durante decenios a estas circunstancias, que se trataban en ámbitos hospitalarios. Los manuales que describen la farmacopea los clasificaban como eventuales inductores de dependencia o adicción, y los médicos de familia los observaban con respeto, reservando su dispensación para los dolores más insoportables.

Los analgésicos opioides fueron diseñados para tratar los últimos días de un enfermo de cáncer o a un gran quemado 

Con tanto respeto los observaban, que la industria farmacéutica europea emprendió una efectiva promoción que aludía a la "opiofobia" que, dijeron, afectaba a los facultativos de asistencia primaria, una actitud que se propusieron combatir. Cuando el DSM-IV, el manual que describe los trastornos psiquiátricos, difundido desde Estados Unidos (EEUU) y de aceptación internacional, pasó a ser DSM-V los analgésicos opioides ya no fueron conceptuados como eventuales inductores de síndromes de dependencia. Dejaron de ser considerados adictivos y se adoptó para ellos una nueva clasificación, que ahora les cita como susceptibles de causar "trastornos por uso de sustancias". En paralelo, la AEM amplió los criterios por los que podían ser recetados los analgésicos opioides.

Por qué sentir ningún dolor

En las consultas de los médicos de asistencia primaria -nutridos de congresos e información proporcionados por la industria- quedó implantada la idea de que "es absurdo" soportar un malestar cotidiano cuando existen medicamentos capaces de suprimirlo. Y el multifacético dolor crónico del aparato locomotor, el capítulo más extenso entre las patologías humanas, se puso en tratamiento con analgésicos opioides.

"Hubo una gran presión desde la industria farmacéutica para que la receta de opioides dejara de ser restringida al dolor oncológico o postoperatorio y pasara a ser general", asegura Antoni Gual, responsable de la unidad de conductas adictivas en el Hospital Clínic, de Barcelona, que atiende a pacientes con dependencia a estos fármacos.

Cortar la adicción es complejo porque afecta a mujeres mayores que sufren dolor óseo y depresión

El consumo de tramadol y fentanilo, dos de sus máximos exponentes, no ha dejado de crecer en Catalunya. La estadística de farmacia de la Generalitat informa de que un 30% de las mujeres mayores de 80 años consumen fármacos opioides de forma recurrente, al igual que un 25% de las que tienen de 50 a 69 y el 18% de los hombres de de más de 80.

"Catalunya, y el conjunto de España, están siguiendo los pasos que se dieron en EEUU hasta llegar a unos niveles de adicción generalizada a analgésicos opioides, que allí se ha frenado tras sufrir miles de muertes –advierte Joan Ramon Laporte, catedrático de farmacología en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB)-. El consumo español de fentanilo dobla al de la media de la Unión Europea y supera al estadounidense".

"Me consta que en el departamento de Salut existe una gran preocupación por este asunto –prosigue Laporte, asesor de la Generalitat en farmacovigilancia-. En el aumento de la prescripción de opioides han intervenido muchas voces, entre ellas la de la AEM, que autorizó las nuevas indicaciones en que pueden usarse [el dolor artrósico o la fibromialgia], pero el CatSalut tiene métodos para detectar y moderar este consumo excesivo, aunque, de momento, no pone filtros".

Mujeres con dolor y deprimidas

Los servicios hospitalarios que atienden drogodependencias en Catalunya detectan adicciones a los opioides desde hace tiempo, pero las sitúan en niveles aún muy lejanos a los que se alcanzó en EEUU. "El uso inadecuado de estos fármacos es epidémico y existe el riesgo de sufrir una adicción masiva en Catalunya", alerta, no obstante, Gual. "El problema es aún escaso, pero estamos todos muy alerta porque sabemos qué ha ocurrido en EEUU", afirma Marta Torrens, responsable del área de adicciones en el Hospital del Mar.   

El perfil de las personas que atienden en el Clínic por haber desarrollado dependencia a los analgésicos opioides refleja, de forma mayoritaria, a una mujer de más de 65 años, que sufre un dolor diagnósticado como artrosis o fibromialgia, un malestar al que, con frecuencia, suma un estado de ánimo depresivo y ansioso. La receta electrónica con la que esas pacientes salen de su CAP incluye un antidepresivo de última generación que aborda depresión y ansiedad -un hipnosedante- y un analgésico opioide. Una mezcla sobre la que Salut también ha alertado.

"El resultado de recientes estudios indica que el uso concomitante de opioides e hipnosedantes aumenta el riesgo de dependencia y muerte por intoxicación aguda", advierte el informe difundido por la Generalitat a los sanitarios.

Resolver estas incipientes adicciones no resulta sencillo, advierte Antoni Gual. El estado de ánimo de la consumidora mayoritaria se sitúa en el fino filo de una navaja. "Son pacientes muy complejos, en especial las mujeres, que suman dolor, depresión y adicción. Un problema asistencial de primer orden -afirma Gual-. El médico que le receta estos fármacos, y la paciente, se sienten atrapados: ellas no quieren dejar los opioides, que muchas veces toman por su efecto euforizante aunque no sientan dolor, y los doctores no pueden dejar de recetárselos, por el trasfondo depresivo y ansioso que arrastran". "Ninguno de los dos se atreve a dejar al otro", comenta el médico.

La transparencia de la receta electrónica  

El Servei Català de la Salut (CatSalut) controla a través de la receta electrónica las recetas de analgésicos opioides que extienden los médicos de familia que ejercen en los CAP, y, aunque el facultativo tiene autoridad plena pare decidir las terapias, Salut puede reconducir dicha prescripción, si comprueba alguna desviación que se pueda considerar como aberrante.
En paralelo, los médicos de hospital y de asistencia primaria son convocados a actos informativos sobre estos fármacos. El servicio de adicciones del Hospital del Mar reúne de forma recurrente a los médicos de familia de los CAP vinculados a dicho centro para orientar sobre recursos terapéuticos contra el dolor que eviten el consumo sistemático de analgésicos opioides. 
Las encuestas realizadas a paceintes que toman analgésicos opioides relatan, entre sus sensaciones, una lentitud de pensamiento, enturbiamiento mental y una sorprendente dificultad a la hora de precisar si bajó el dolor.  

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