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EL USO DE LOS CALMANTES

Los fabricantes de opioides fijan a España como nuevo mercado

Las farmacéuticas replican estrategias que en Estados Unidos hicieron disparar el consumo

Las características del sistema de salud público español dificulta que se reproduzca la 'epidemia'

Ricardo Mir de Francia

Píldoras de Percocet.

Píldoras de Percocet / Patrick Sison

El pasado mes de mayo una docena de congresistas estadounidenses enviaron una carta a la Organización Mundial de la Salud instándole a que “haga cuanto esté en su poder” para evitar que el fabricante de Oxycontin “ponga en marcha una epidemia de opioides a escala global”. Oxycontin es un analgésico narcótico muy adictivo, fabricado por Purdue Pharma, una compañía con sede en Connecticut que opera fuera de Estados Unidos bajo la marca Mundipharma, una red de empresas asociadas. La carta acusaba a la farmacéutica de haber contribuido con sus "prácticas temerarias y engañosas” a poner en marcha la “crisis de salud pública” que azota a EE UU. Y lanzaba un ruego urgente. “Por favor, aprendan de nuestra experiencia y no permitan que Mundipharma prosiga con el legado letal de Purdue en la escena internacional”.

Mundhipharma opera en España desde 2003 y, según una investigación de este diario, está repitiendo en su territorio las estrategias que le sirvieron para inundar de fármacos derivados del opio la Sanidad estadounidense. La compañía propiedad de la familia Sackler no está sola. Otros fabricantes de opioides se han dedicado también a minimizar los riesgos de adicción de estos medicamentos con la ayuda de reputados médicos españoles y Sociedades Científicas, generosamente financiadas por las farmacéuticas. La estrategia ha incluido a su vez campañas de sensibilización sobre el dolor crónico y seminarios de educación continua por los que han pasado miles de profesionales sanitarios.

“En España todavía no está muriendo la gente porque tenemos una sanidad pública que introduce una seguridad que no existe en EE UU, pero si no se corrige el rumbo no tardaremos en tener el mismo problema”, advierte el profesor de la Escuela Nacional de Sanidad y médico jubilado, Juan Gérvas, quien siguió de cerca el desarrollo de la crisis en EEUU como profesor visitante de la Universidad Johns Hopkins. “La respuesta farmacológica al dolor está aumentando de forma masiva sin que tenga una base científica”.

Hasta principios de los años noventa, España fue uno de los países desarrollados donde menos opioides se utilizaban. Su empleo quedaba circunscrito al tratamiento del cáncer y los enfermos terminales. Pero aquel exceso de prudencia ya no existe. “Hubo un efecto péndulo. Poco a poco la industria vio el filón, desarrolló estos medicamentos a precios desorbitados y pasó a recomendarlos para todo tipo de dolores crónicos”, asegura Abel Novoa, médico de familia y presidente de Nogracias, una plataforma que vela contra los conflictos de interés en la Sanidad española. “Médicos de cabecera, traumatólogos, neurólogos o reumatólogos los usan ahora de forma rutinaria”.

Evolución

Las cifras oficiales no están actualizadas ni son exhaustivas, pero bastan para entender lo que está sucediendo. Entre 1992 y 2006 se multiplicó por 12 el consumo de opioides mayores, los más potentes y adictivos, según el ministerio de Sanidad. Y entre el 2008 y 2015 casi se dobló el uso de estos fármacos en todas sus categorías. El principio activo más popular es el tramadol, un opioide menor dispensado sin receta de estupefacientes y cuyo abuso está generando serios problemas de salud pública en países como Irlanda del NorteEgipto o Camerún. Pero todavía más llamativa es la explosión del fentanilo, mucho más potente que la heroína y generalmente administrado en parches transdérmicos a pacientes de edad avanzada. Su uso ha aumentado un 248% en una década y España es hoy el quinto país del mundo donde más se consume, por encima de EEUU.

Texto Alternativo

Al igual que sucedió al otro lado del Atlántico, el cambió no se gestó de la noche a la mañana. Corrió en paralelo a la proliferación de unidades del dolor, generalmente llevadas por anestesistas y creadas para dar respuesta a ese 17% de españoles que, según las estimaciones, sufre dolor crónico. Desde lumbalgia a migrañas o dolores neuropáticos. “Con ellas se creó la figura del especialista y se lanzó el mensaje de que el dolor es siempre evitable. Si alguien lo padece es porque no está usando la medicación adecuada o porque su médico no le está tratando bien. Es una idea muy potente porque nadie quiere sufrir innecesariamente y ha generado una demanda casi infinita para estas unidades”, dice el doctor Novoa. Actualmente hay cerca de 300 unidades en toda España. En algunas de ellas, las listas de espera superan el año.

Campañas para el público general 

Ese mismo mensaje se ha propagado a través de campañas de sensibilización como la que lanzó Mundipharma en 2013 junto a la Sociedad Española del Dolor (SED), que en los dos últimos años ha recibido 98.000 euros de la propia Mundipharma en concepto de “colaboraciones y patrocinio”. La campaña la protagonizaron actores, músicos y estrellas de la televisión. “Más de siete millones de españoles sufren dolor crónico”, dice el anuncio. “El dolor crónico es una enfermedad en sí misma. El dolor crónico es una pandemia”. Poco a poco, los actores se deshacen de las cadenas con las que cargan al principio del espot. “No te resignes a sufrir. Di no al dolor. Rebélate”.

La publicidad de la industria es muy sofisticada. Más que mandar mensajes directos al consumidor busca cambiar la mentalidad de la profesión porque son al final los médicos los que firman las recetas. Para conseguirlo, busca asociarse con sus líderes de opinión y las sociedades científicas, que elaboran las guías de práctica clínica donde se recomiendan los medicamentos que deben utilizarse en cada especialidad. Su dinero fluye en ambas direcciones. En 2016 Mundipharma se gastó 2 millones de euros en concepto de inscripciones a congresos, viajes y honorarios para los médicos invitados como panelistas. También aportó 95.000 euros a la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica; 66.600 a la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen) o 26.500 a la Fundación Andaluza del Tratamiento del Dolor.

Seminarios y vídeos

Semergen ha sido una de las sociedades médicas más entusiastas en la promoción de los opioides. Su presidente, José Luis Llisterri, ha reclamado dejar atrás la “opiofobia”, una de las consignas que Mundipharma promueve en los seminarios que organiza alrededor del mundo, y ha defendido la seguridad de estos fármacos. “Cualquier médico de familia puede y debe manejar los opioides si es lo mejor para el paciente”. Algo parecido afirma el doctor Javier del Saz, adjunto de la Unidad del Dolor del Hospital Quirón, en un vídeo patrocinado por Mundipharma y la catalana Ferrer. “Los opioides son unos analgésicos muy seguros, de hecho, más seguros que otros que pensamos que sí lo son, como los antiinflamatorios o el paracetamol”.

También los galenos asociados con Grünenthal, la farmacéutica alemana conocida en España como el ‘rey del dolor’, han minimizado los riesgos de los opioides. Médicos como Juan Pérez Cajaraville, responsable de la unidad de dolor de la Clínica Universidad de Navarra, tesorero de la SED y miembro del patronato de la Fundación Grünenthal. “Si se utilizan con sensatez no tienen por qué producir adicción o dependencia en el paciente”, dice en un vídeo con el sello de la clínica y junto a un cartel superpuesto en la pantalla donde se lee: “No producen dependencia”. La Fundación Grünenthal ha sido también una de las grandes impulsoras de la campaña para designar el dolor como el ‘5º signo vital’ en España, una medida que sirvió en EE UU para cuantificar su prevalencia y que proliferase la prescripción de opioides.

EEUU pone el freno

En Estados Unidos la fe en estos fármacos está pasando a mejor vida como consecuencia de los más de 200.000 muertos que han dejado desde 1999, generalmente por depresión respiratoria, uno de sus efectos adversos. Los Centros de Control de Enfermedades (CDC), el organismo oficial de referencia, sostiene ahora que “no hay pruebas suficientes” para demostrar la eficacia de los opioides en tratamientos prolongados y aboga por priorizar las terapias no farmacológicas. Uno de sus estudios recientes afirma que hasta un 24% de pacientes desarrolla dependencia tras 12 días de tratamiento con opioides mayores. Son tan adictivos como la heroína”, dijo el año pasado el que era por entonces su director, Tom Frieden.

La formación de los médicos españoles en el tratamiento del dolor está en gran medida en manos de los fabricantes de analgésicos opioides. Grünenthal o Esteve imparten cursos regularmente, y Mundipharma lo hizo hasta 2014. Más de 3.500 profesionales sanitarios pasaron por sus llamadas Aulas del Dolor Multiesquelético, según explicó en una entrevista aquel mismo año Alberto Martínez, por entonces manager general de Mundipharma Internacional para España y Portugal. La compañía opera también en el ámbito de otras enfermedades, pero casi el 90% de su cifra de negocio sale de la analgesia y el tratamiento del dolor. 

El mensaje de los cursos de formación

Antonio Alcantara, médico de familia en una unidad del dolor de Badajoz, ha asistido a muchos de esos cursos de formación. En algunas ocasiones como ponente de Grünenthal y Mundipharma; en otras, como oyente. “El mensaje que promueven es que estos medicamentos son bastante seguros y deberían recetarse si el paciente no responde a otros tratamientos. También dicen que los nuevos opioides tienen menos efectos secundarios que otros analgésicos más débiles y menos adictivos. Ambas ideas han ayudado a que prolifere el uso de estos fármacos”.

El consenso entre las sociedades médicas españolas es que opioides como el tramadol deben utilizarse cuando el paciente no responde al paracetamol y los antiinflamatorios. Otros más potentes como la oxicodona o el fentanilo aparecen en el último escalón de la escalera analgésica. “Lo que está ocurriendo cada vez más es que cuando un paciente llega con un dolor intenso se le recetan directamente opioides potentes”, dice Alcantara. Hace dos años se estimó que cuatro millones de españoles estaban en tratamiento de opioides. 

En Estados Unidos el negocio de la familia Sackler se está secando. Las ventas de Oxycontin han caído un 40% desde el 2010. Y más de 40 estados han abierto investigaciones contra Purdue por publicidad engañosa, un delito del que se declaró culpable hace unos años y por el que tuvo que pagar una multa de más de 600 millones de dólares. Pero en España su negocio va viento en popa. En 2015, el último año que consta en el Registro Mercantil, facturó casi 50 millones de euros en ventas frente a los 32 millones de 2013. Y según un informe reciente de la consultora QuintilesIMS, Mundipharma es ya la empresa líder en el mercado nacional de analgésicos narcóticos junto a Grünenthal y Kyowa Kirin, un mercado que genera más de 250 millones de euros anuales en ventas. 

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