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BENITO ALMIRANTE

«La medicina retrocederá si persiste el mal uso de los antibióticos»

ÀNGELS
GALLARDO

-¿Con qué frecuencia sufren infección los pacientes hospitalizados?

-En los hospitales grandes, como es el del Vall d'Hebron, aproximadamente el 10% de los enfermos sufren una infección en el periodo de hospitalización. En los centros pequeños, donde no se hacen cirugías complejas ni trasplantes hematológicos que dejan al enfermo muy inmunodeprimido, la cifra es menor.

-¿Afectan más a los operados?

-Principalmente a ellos, pero también el resto de hospitalizados sufren infecciones. Hay varios focos causantes: uno, que explica el 25% del total, está relacionado con el acto quirúrgico y la zona operada, en especial si se trata de una cirugía abdominal. Otro 25% surgen en las vías urinarias y se vinculan a sondajes o exploraciones en esa zona.

-¿El resto?

-Otro grupo importante son las infecciones de las vías respiratorias, que sufren enfermos muy graves que están intubados. Estas causan otro 25%. El resto, son esporádicas.

-¿Son cifras irreductibles?

-Es difícil hallar estrategias para reducirlas. La población atendida cada vez está más envejecida, sufre enfermedades crónicas y los actos médicos que hacemos con ellos son cada vez más arriesgados.

-¿Hay bacterias en los quirófanos?

-Puede haberlas, aunque es difícil. Acceden por los conductos del aire o están en las superficies. Pero la mayoría de las bacterias que infectan durante una operación están en el propio paciente, o en el personal que lo atiende. Se encuentran en la piel del enfermo y entran al organismo por la abertura de la cirugía. Esa es la vía de contagio de más del 95% de las infecciones quirúrgicas.

-¿Las bacterias pueden entrar por los conductos de aire?

-Sí, pero todos los quirófanos, en especial los que hacen cirugía cardiaca, valvular, ortopédica o trasplantes, tienen dispositivos de filtración del aire que impiden la entrada de hongos y bacterias. El aire del quirófano es absolutamente estéril.

-¿Los hongos y las bacterias son ahora más agresivos que antes?

-Desde el punto de vista conceptual, las bacterias u hongos actuales no son más virulentos que hace 50 años. La inmensa mayoría son iguales. Lo que ha cambiado es que la posibilidad de tratarlos con antimicrobianos, en especial con antibióticos, es cada vez más limitada.

-Paradójico.

-Pues sí. Sucede que las bacterias han desarrollado mecanismos de resistencia para evitar ser atacadas por los antibióticos. Los microbios son organismos vivos y modifican su estructura para sobrevivir. Como ocurre a los seres humanos.

-¿Igual?

-Si comprásemos al género humano actual con el de hace dos siglos, desde el punto de vista de su capacidad de supervivencia, veríamos que tienen poco en común: el de hace dos siglos moría a los 40 años, y el actual llega a los 85. Nos hemos adaptado al medioambiente. Las bacterias hacen lo mismo: han adquirido una gran capacidad para defenderse de los antibióticos y sobrevivir.

-Eso son las resistencias.

-Exacto. Generan mecanismos intrínsecos que resisten al antibiótico: producen enzimas que no son atacadas por esos fármacos. Modifican su estructura y logran impedir que el antibiótico les penetre.

-¿Esto siempre sucede por un contacto excesivo con los antibióticos?

-La mayoría de veces sí, pero no siempre. Hay bacterias que ya surgen con mecanismos de resistencia incorporados. Pero es cierto que en los últimos 50 o 60 años la progresión de los mecanismos de resistencia de las bacterias ha sido superexponencial. Usando bien los antibióticos, las bacterias pueden generar mecanismos de resistencia, pero si encima se utilizan de forma inadecuada, eso se dispara.

-¿Cómo es un uso inadecuado?

-Por ejemplo, un enfermo sufre una infección vírica, una gripe o un resfriado común, y se toma un antibótico. En ese momento, las bacterias que todos tenemos en la piel, en las vías respiratorias o en el tracto digestivo -bacterias que no estaban produciendo infección sino que estaban allí incluso como agente beneficioso- detectan que se está atacando su supervivencia. Y se defienden con una gran fuerza.

-¿Hay más causas de resistencias?

-Otra forma de provocarlas es emplear un antibiótico de amplia cobertura para tratar una infección que no lo necesita. Por ejemplo, sufrimos unas anginas causadas por una bacteria sensible a la penicilina y las tratamos con una cefalosporina, que es un potente antibiótico capaz de matar a esa bacteria y a muchas otras. Así provocamos resistencias. Y un último motivo es el uso extendido de antibióticos en el sector de la veterinaria.

-¿La veterinaria?

-Sí. Yo diría que el principal reto que tenemos ante las resistencias es el uso de antibióticos en el engorde de pollos, cerdos y terneras. Se los dan como profilaxis en el proceso de crecimiento. El periodo de engorde de un animal de granja dedicado a consumo humano es limitado y cualquier enfermedad retrasa su crecimiento. O puede transmitirla a toda la granja. Lo previenen dándoles por sistema antibióticos, en cantidades extraordinarias.

-¿Y qué evitan con eso?

-Eliminan, tal vez, la posibilidad de que el animal sufra infecciones, pero ellos mismos generan resistencias y las pasan a las personas que los consumen. Es un problema de gran magnitud y difícil abordaje.

-¿Por qué un médico receta un antibiótico de amplio espectro para tratar unas anginas?

-Asumir que la profesión sanitaria conoce a fondo el mundo de los antibióticos es asumir demasiado. La mayoría de los profesionales de la medicina se sienten cómodos recetando antibióticos. Muy pocos de los 1.500 médicos que trabajan en este hospital se atreverían a recetar medicamentos para tratar una arritmia cardiaca, porque son conscientes de sus riesgos. Pero casi todos se atreverían a recetar un antibiótico. Y lo peor es que eso mismo hacen muchas madres cuando su niño tiene fiebre: van a la farmacia y lo compran. O le dan a su hijo el que le fue bien al abuelo.

-¿El del abuelo?

-Sí. Y eso solo sucede con los antibióticos. Nadie se toma un fármaco contra la hipertensión porque le vaya bien a su hermana. Van al médico y piden que les receten el que les irá bien. Eso no pasa con los antibióticos. Se les ha perdido el respeto.

-¿Hay pacientes para los que ya no tienen tratamiento por esta causa?

-Son pocos, numéricamente, pero  sí atendemos a personas hospitalizadas que sufren infecciones para las que prácticamente ya no existe un antibiótico eficaz. Hemos de emplear sustancias tan tóxicas que no siempre se les puede administrar.

-¿Hacia dónde conduce todo esto?

-No me gusta ser catastrofista, pero es cierto que en el campo de las infecciones nos dirigimos a una situación en la que tendremos progresivas dificultades terapéuticas. Ya las estamos teniendo.

-La población ya no teme morir de una infección, como hace un siglo.

-No. Esa es la gran aportación de los antibióticos. Disponemos de una herramienta muy buena, pero ya hay preocupación, y conciencia, de que tenemos un problema. La medicina retrocederá si persiste el mal uso de los antibióticos. Es preciso buscar mecanismos alternativos para tratar las infecciones.

-¿Existen alternativas?

-Algunas. Por ejemplo, los péptidos. Son sustancias naturales, moléculas que forman parte de la estructura de las proteínas, con capacidad para actuar contra las bacterias. Se investiga en busca de elementos que puedan sustituir a los antibióticos convencionales. Existe una línea de trabajo que pretende utilizar la nanotecnología con ese fin, es decir, la micromolécula que iría a actuar en el punto concreto de la infección, no sobre el resto del organismo.

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