Escapismo gastronómico

Restaurantes donde comer bien y más barato fuera del centro de Barcelona

Comerás mejor, a precios más económicos y sin turistas. Son restaurantes excelentes que operan lejos del meollo: de Horta al Clot, de Hospitalet a Zona Franca 

Coctelerías 5 estrellas sin colas

El 'capipota' de Bodega Pasaje 1986, en las galerías La Campana.

El 'capipota' de Bodega Pasaje 1986, en las galerías La Campana. / Instagram

Òscar Broc

Òscar Broc

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El centro de Barcelona va camino de convertirse en una burbuja irrespirable para todo aquel que no sea turista. Cada vez cuesta más moverse por un territorio despersonalizado y abocado a unos precios enloquecidos. No es de extrañar que mucha gente haya cambiado el centro por otras áreas de Barcelona para practicar el escapismo gastronómico. La solución es huir cuanto más lejos mejor, y apostar por los excelentes restaurantes que operan desde la periferia o desde barrios muy lejanos al meollo. En los siguientes locales comerás mejor, más barato y en las antípodas del centro barcelonés. De Horta al Clot, de Hospitalet a Zona Franca: esto no es una retirada, es una victoria. 

1. Nayarit de Llobregat

Pozole reparador

Es sábado y en La Cocina de Graciela (passatge del Xiprer, 5) hay pozole rojo, un caldo tradicional con maíz grueso y una generosa cantidad carne de cerdo y/o pollo que se deshace al contacto con la atmósfera. Que me maten los puristas, pero sería algo así como una 'escudella' mexicana.

Es una de las muchas joyas que se preparan en este restaurante mexicano de verdad. Originaria de Nayarit, la propietaria se pasea entre las mesas, siempre atenta y algo tímida cuando recibe nuestros elogios. Y es que, señora Graciela, esos tacos al pastor bien merecen la excursión hasta su bendita cocina. De hecho ya pienso en volver para reencontrarme con sus quesadillas.

Pedimos la Quesabirria y, uf, es para mayores de 18 años: la tortilla presenta un barniz de salsa de birria y, entre las nubes de queso fundido, flota una carne de cordero desmechada que te reconcilia con la vida. Y ahí no termina la fiesta, porque en la carta hay enmoladas, enfrijoladas, tacos dorados de birria, chile con carne, sopes y unas micheladas mastodónticas. Y entre semana, menú del día por 15 euros. Suena raro, pero el mejor mexicano de Barcelona está en L'Hospitalet


2. Horta carnívora

Empanada mental

Por su empanada de carne con chimichurri casero me iría a Horta y a Laponia en triciclo si fuera necesario. En La Madurada (Passeig de Maragall, 408) tienen un ejemplar antológico que es solo la punta del iceberg de una carta que tiene en la carne madurada su principal gancho.

El entrecot con 45 días de maduración se evapora del plato; merece ser declarado la pieza estrella del asador. Pero en este steak house hortense, una versión más asequible y popular del restaurante Carnal, también se barajan un carpaccio de picanha madurada y unas croquetas de carrillera morrocotudas. Si eres capaz de dejar hueco para el flan de la casa te habrás doctorado en inteligencia intestinal.  


3. Trinchera en el Clot

Los chicos del barrio

Colección de llaveros de la Bodega Carol.

Colección de llaveros de la Bodega Carol. / Instagram

Chiquito me observa desde un rincón. La gustera del personal hace que vibren las pizarras. La colección de llaveros más alucinante de Barcelona sigue en su sitio. Chicharrón de Cádiz por aquí. Lengua por allá. ¡Mojama de Barbate y carne mechá para los señores! Afortunadamente, la Bodega Carol (Aragó, 558) sigue viviendo al margen de tendencias y tonterías.

Más que una bodega, es una trinchera desde la que defenderás la esencia del bar de barrio, con un ‘quinto’ en la mano. Con las puertas siempre abiertas a todo el mundo y las botas de vino a modo de mesas, la Carol hace felices a demasiadas personas como para no tenerla en cuenta. De lo mejorcito del Clot, de lo mejorcito de Barcelona.  


4. Collblanc entre panes

Cortando el bacalao 

Bocadillo de bacalao con pimientos y alioli del Bar Neme.

Bocadillo de bacalao con pimientos y alioli del Bar Neme. / DANNY CAMINAL

Si Josep Lluís Nuñez hubiera probado los bocadillos del Neme jamás habría dicho lo de los 'sangus'. Curiosamente, la barra del Nemesio está a cinco minutos del Camp Nou, escondida en el maravilloso mercado de Collblanc. La leyenda de este pequeño reclinatorio de barrio se edifica sobre su bocadillo de bacalao con pimientos y alioli. Las caras de placer del personal que engulle semejante torpedo son antológicas. Por la curtida plancha del Neme, además, pasan todo tipo de golosinas bocallideables. Bacon, panceta, chistorra, salchicha… Veo un cartel con el bocadillo del día: lomo gallego al curry, pimiento, berenjenas y alioli. Básicamente, lo de Neme son platos combinados en formato bocata al más alto nivel. Me santiguo, le doy dos besos a la foto de mi nutricionista y al lío. 


5. Tapeo en Zona Franca

Anchoas lejanas

Las legendarias anchoas cantábricas de Las Palmeras.

Las legendarias anchoas cantábricas de Las Palmeras. / Instagram

Bajo en la parada de Foneria (L10) con un objetivo entre ceja y ceja. Llegar a la sucursal que Las Palmeras tiene en esta parte remota de la ciudad (Mare de Déu del Port, 252) y llenarme el papo con sus legendarias anchoas cantábricas. Puedo certificar que las preparan a mano; cuando llego, un miembro del equipo las está limpiando con suma dedicación, pieza a pieza. Son unas anchoas jugosísimas de doble filete y llegan a la mesa acompañadas de corazón de alcachofa en conserva, aceitunas y salsa vermutera. Y atención al insólito precio: 1,90 € el ejemplar. Remata con las frituras y las croquetas de la casa (1,20 € la de cocido) si deseas caer desplomarte en la cama como un obús.  


6. Comida en L'Hospitalet

Caracoles para todos

Seguramente su misión no es cambiar la historia de la cocina, pero el Racó del Cargol de L'Hospitalet (Martí i Julià, 54) es uno de esos restaurantes que siempre cumplen y se disfrutan mucho más en familia. Su cocina tradicional con raíces catalanas siempre te hace quedar bien. Los caracoles son obligatorios: están deliciosos y figuran en la heráldica de la casa.

Gran variedad de arroces y entrega total al bacalao en todas sus variantes. Muy rico el entrecot de Nebraska con losa para calentar o rematar. Y me quedo con el curioso recuerdo del erizo de mar relleno al horno: no deja indiferente. Por cierto, en la misma calle, también está el legendario Cal Siscu (Martí i Julià, 84) con sus bogavantes, sus mesas de mármol y los huevos fritos secretos de la casa: pregunta por ellos. 


7. Pícnic en La Campana

Ollas, brasas y tapas

Viaje hacia La Campana (Gran Via, 162), una galaxia muy, muy lejana del centro de Barcelona. En territorio Granja Elena, se encuentra una fonda que, si se encontrase en el Eixample, tendría colas kilométricas día sí, día también. Afortunadamente, Bodega Pasaje 1986 está bien donde está, escondida en el patio interior de unas galerías, ganándose a diario una reputación intachable gracias a la calidad de sus tapas, guisos y platos tradicionales con DNI ibérico. Croquetas, ensaladilla, chicharrón, frituras, esta bodega lo toca todo con la técnica y sutileza del mejor Romario. Y no se pierde en tonterías. Sus platos más contundentes (ollas, arroz y carne) también juegan en la Champions. Por cierto, casi tengo que ir a terapia para olvidar su 'capipota' y su terrina de pies de cerdo. Cuidado.  


8. De Sant Andreu al cielo

Cocina y barrio

Cola de vaca a la Bourguignon del Bar Torrente.

Cola de vaca a la Bourguignon del Bar Torrente. / O. B.

Sant Andreu es territorio de buen comer y uno de los pocos bastiones de autenticidad que le quedan a Barcelona. Me dirijo al Bar Torrente (Parellada, 28) con ganas de hincarle la piñata a alguno de los secretos de su carta estacional. En esta casa manda el producto, y luego va la creatividad de Roger González y su equipo, con una mirada honesta y seductora de la gastronomía popular. Le doy todo mi amor al pintxo de foie con espuma de manzana asada; para morirse de bueno. Me dejo tentar por el risotto con azafrán y erizo de mar, y acierto de lleno. Y maldigo no haber pedido pan para darle la puntilla a la tiernísima y sabrosa cola de vaca a la Bourguignon con puré de zanahoria a la brasa. Tarta de queso manchego añejo para terminar y un remordimiento: no haber pedido el bikini de fricandó. Obviamente, tengo que volver.