Noé Duchaufour-Lawrance tomó una ruta poco ortodoxa hacia el diseño. Inicialmente se formó en escultura en París antes de comenzar a crear muebles y espacios, y saltó a la fama después de ser elegido como Diseñador del Año por Maison & Objet en 2007. Desde entonces, ha diseñado piezas para marcas líderes como Hermès, Dior y la firma francesa de diseño ‘lifestyle’ Ligne Roset. Con su trabajo, nunca restringido a una sola forma o material, Duchaufour-Lawrance busca remodelar y modernizar “los moldes” y convenciones ya existentes, y se ha hecho conocido por la variedad y la sensación de contemporaneidad que transmiten sus piezas.

Hablamos con Duchaufour-Lawrance sobre la fina línea que delimita el diseño de interiores con el arte. 

 

¿Cómo llega su formación en escultura a influir en su  trabajo como diseñador? 

La escultura es muy abierta, muy libre, y me ha dado esa sensación de libertad en mi trabajo. Aprendí a no limitarme a ciertas técnicas o aspectos particulares del proceso de producción, y me permite ir de un campo a otro sin estar limitado por la falta de imaginación. Hay una palabra francesa para eso, plastilino, alguien que puede trabajar con una variedad de habilidades sin tener un conocimiento exacto de ninguna de ellas. No soy arquitecto, pero sé cómo diseñar un volumen y la sensación de un espacio, así como el material que quiero usar y el objetivo que quiero lograr. Simplemente, no sé exactamente los detalles de cómo puedes construir esto o aquello.

 

¿Por qué se alejó de la escultura hacia algo más funcional?

Fue un proceso interesante porque me empujó a considerar los límites de la función y la abstracción. Sin embargo, debido a mi falta de capacitación formal, quizás tengo menos habilidades técnicas y estoy menos interesado en los aspectos puramente industriales del diseño. No me fascina una cafetera, por ejemplo. Creo que el objeto no se limita a estos elementos... técnicos. En cierto modo, los muebles son mucho más poéticos y sensibles que un proyecto industrial puro. Con los muebles, tenemos que crear cosas para las personas que deben usarse y crear una relación fuerte con ellas.

 

¿De dónde toma sus influencias?

Cuando era joven tenía un acceso limitado a la escultura porque crecí en un pequeño pueblo de Bretaña, pero mi madre era profesora de arte, así que mi principal aproximación a la escultura y el arte fue a través de los libros. Recuerdo que uno de los primeros libros que vi fue de Andy Goldsworthy. Realmente me impresionó en su trabajo porque hay una fuerte relación con el contexto, usa solo lo que se encuentra y respeta en su interacción con la naturaleza.

 

Su trabajo ha sido bastante variado, pero ¿existe un enfoque coherente para sus diferentes proyectos?

No soy diseñador industrial porque, para mí, no significa nada producir un objeto en sí mismo. Volver a hacer un objeto que ya está allí en tantas formas diferentes como se te ocurran, no significa nada. Así que trato de preguntarme qué vamos a dar a través del objeto. Eso es muy difícil de saber, pero lo que intento es ver cómo el objeto que estoy diseñando interactúa con el usuario, cómo podemos crear esta relación que se basa en una interacción sensual o sensible con los objetos.

 

Explíquemelo con uno de sus proyectos más recientes, el sofá Sintra, para  Ligne Roset.

Parte de un sofá clásico. La pregunta era cómo podemos usar estas formas y códigos que la gente conoce y reconoce ya en un sofá, pero integrarlos en algo más contemporáneo y progresivo. Había una dualidad en el proyecto, con el objetivo de crear algo atemporal, y moderno al mismo tiempo.

Encontré el punto de partida para la forma en formas clásicas, como los sofás de la década de los años 40, y luego me fijé en esos sofás más mullidos que suelen estar en las casas de campo. Tomé todos esos lenguajes de diseño, me los apropié y los reinterpreté, pensando en cómo estos signos tradicionales pueden convertirse en algo con más tensión, más fuerza gráfica. Si me hubieran pedido que esculpiera un sofá en piedra, mi recorrido mental habría sino muy parecido.