¿Qué es?

Un polisacárido muy presente en nuestro organismo (piel, articulaciones, cartílagos y humor vítreo). Su principal beneficio es su capacidad de atraer y retener agua (retiene hasta mil veces su peso en agua), por lo que aporta hidratación y turgencia a los tejidos. Además, el ácido hialurónico (AH) participa activamente en la regeneración celular y en la formación estructural de los cartílagos, por lo que contribuye a su recuperación. “Sin embargo, en la piel tiene un ciclo de vida muy corto, se degrada entre un 30% y un 50% cada 24 horas, y sus niveles comienzan a disminuir en la veintena y se aceleran a los cuarenta años”, advierte Elena Aparicio, directora de formación y científica de SkinCeuticals.

 

¿Cómo se descubrió?

En 1934, el farmacéutico alemán Karl Meyer y su colega John Palmer, doctores de la Universidad de Columbia (Nueva York) aislaron en el laboratorio de oftalmología una sustancia del cuerpo vítreo de los ojos de las vacas. La llamaron ácido hialurónico, quedes la contracción de las palabras hialoide (vítreo) y urónico, porque una de las moléculas que había en esa sustancia era ácido glucurónico. “La sustancia, que ayudaba al ojo a conservar su forma, era sumamente viscosa, lo que hizo sospechar a Meyer que podría tener algún empleo terapéutico”, explica la doctora Mercedes Sáenz de Santamaría, médico estético en Clínica Dermatológica Internacional.

 

¿Cómo se obtiene?

Aunque pronto se constató que este componente se encontraba también en el cuerpo humano, no se podía extraer de él, por lo que se acabó optando por obtenerlo de animales. La cresta de los gallos, las aletas de tiburón, la cáscara de los huevos o los ojos de vaca son fuentes con alto contenido en este ingrediente. Actualmente se sintetiza en el laboratorio, como cualquier principio activo, y también se puede extraer de fibras vegetales como la celulosa del pino. “Este tipo de componentes son conocidos como NASHA (por sus siglas en inglés, Non-Animal Stabilized Hyaluronic Acid)”, explica la doctora Sáenz de Santamaría que afirma que los que se utilizan en cosmética y medicina estética son de este tipo: “Así, las personas que llevan una vida vegana o siguen una dieta vegetariana pueden someterse a este tipo de tratamientos sin problema”, asegura.

 

¿Qué usos se le han dado?

Hasta 60 años después de su descubrimiento en Columbia, la nueva sustancia no empezó ser utilizado como ingrediente en fórmulas cosméticas. Antes de que se empezase a hacer uso industrial de sus virtudes como hidratante cutáneo, se le encontraron otras utilidades. Por ejemplo, en los años 40 fue utilizada en pastelería como sucedáneo de la clara de huevo.

 

¿Cuántos tipos existen?

El ácido hialurónico es siempre el mismo, lo que sí hay son distintos modos de presentarlo. En este sentido diferenciamos dos fundamentales: ácido hialurónio reticulado y no reticulado. En el primero, las moléculas de AH están unidas entre sí formando una red y “es el que se inyecta, tanto en tratamientos estéticos de relleno y volumen, como para paliar los dolores articulares a través de infiltraciones”, explica la doctora Sáenz de Santamaría que añade que, según el ácido sea más o menos reticulado, tendrá más densidad y durabilidad o será más fluido y volátil. 

En el AH no reticulado, las moléculas están sueltas, no se unen entre sí, y es el que se utiliza en las fórmulas cosméticas de aplicación por vía tópica y en comprimidos que se toman por vía oral. “La evidencia científica sugiere que, el AH aplicado tópicamente proporciona una hidratación inmediata de la superficie de la piel, pero tiene poca capacidad de penetración, se queda en la epidermis”, afirma Elena Aparicio. Según se formule con moléculas más o menos fragmentadas (más bajo o más alto peso molecular), conseguiremos distintos niveles de absorción, pero solo en esta primera capa de la piel: “Si queremos aumentar los niveles internos de AH de la piel, debemos utilizar sustancias que aumenten la formación propia del AH y eviten su degradación”, recomienda la experta de SkinCeuticals. Se recomienda aplicarlo mañana y noche para notar sus beneficios: “Mejora la luminosidad y la textura aportando un tacto aterciopelado. También mejora las arrugas finas y de expresión manteniendo una piel más hidratada”, enumera la dermatóloga Montse Sabán, especialista en dermatología estética y cosmética y asesora de Cantabria Labs que advierte: “Dada la popularidad del ácido hialurónico, es aconsejable aplicar productos que nos ofrezcan garantías en cuanto a origen y seguridad”.

 

¿Cuáles son sus usos en medicina estética?

Se utiliza para el relleno de arrugas estáticas, “creando una estructura bajo la piel que aumenta el volumen de forma muy natural”, explica la médico estético de Clínica Dermatológica Internacional, pero puede ser aplicado en cualquier zona de nuestra piel que requiera mejorar la hidratación o recuperar volúmenes perdidos (labios, ojeras, zona malar, surco nasogeniano, mentón, nariz…). Los efectos de algunos AH reticulados pueden durar hasta 18 meses y se puede combinar con otros tratamientos de medicina estética siempre que se hagan en el orden adecuado: “Nunca se debería hacer antes de un tratamiento que produzca una acción calorífica en la piel porque el efecto duraría menos”, advierte la doctora que, como en cualquier procedimiento de medicina estética, recomienda ponerse en manos de profesionales expertos en técnicas de inyección. Una de las combinaciones más habituales es con toxina botulínica que actúa sobre las arrugas dinámicas.

En cifras, las infiltraciones de AH son el segundo tratamiento estético no quirúrgico más demandado en USA. Entre 2016 y 2017 estos procedimientos crecieron un 2,9% y respecto a 2012 han crecido un 85%, según datos de ASAPS (American Society for Aestethic Plastic Surgery). Aunque en menor porcentaje que las mujeres, los hombres también demandan tratamientos con AH. De hecho, también es el segundo procedimiento no quirúrgico más demandado entre ellos aunque sus usos más habituales son distintos que en las mujeres: “Hay que tener claro que los rasgos de un hombre no se tratan igual que los de una mujer. Nunca se deben feminizar”, afirma la doctora Mar Mira, especialista en medicina estética y co-directora de Clínica Mira+Cueto.

Para eso hay que saber, en cada caso, qué tipo de ácido hialurónico utilizar y cómo hacerlo. La doctora Mira, ha empezado a trabajar recientemente con uno nuevo llamado Volux: “Sirve para definir los rasgos, la línea mandibular y los contornos”, pero en función de la zona a tratar se aplica uno u otro: “No se puede pinchar el mismo AH en una ojera que en la mandíbula. Volux está contraindicado en las ojeras, su piel fina precisa un hialurónico más fluido. En cambio si se quiere definir o marcar el tercio inferior necesitas algo más concentrado”. 

El modo de aplicación también es clave. En la nariz, por ejemplo, que es una  de las zonas más sensibles a la hora de masculinizar o feminizar un rostro, para que el resultado del retoque estético sea óptimo, “hay que tener en cuenta que la nariz del hombre suele tener la punta más marcada y algo más baja que la de la mujer, y las fosas nasales un poco más abiertas”, explica la doctora Mira. Igual sucede con las mejillas que suelen ser más angulosas que las de la mujer: “Hay que evitar que se proyecten más allá de la mandíbula”. Respecto a los labios, deben guardar la proporción con la nariz: “Una nariz grande admite labios más gruesos, con una nariz pequeña, deben ser más finos”. Pero en hombres el AH se infiltra, sobre todo, para remodelar mandíbula y mentón y definir los rasgos masculinos: “Lo indicamos en personas que tengan poco definido el ángulo de la mandíbula, que presenten una flacidez que desdibuje el mentón, o cuyos rasgos masculinos estén poco definidos”, apunta la doctora Mar Mira.