Los pedestales de estatua sin estatua  son una peculiaridad extraña de la Universidad de Princeton. Como anécdota, esto se debe a que el centro quiere inspirar a sus estudiantes a creer en su potencial; pensar que si trabajan duro y logran grandes cosas, encontrarán la inmortalidad a través de su propia escultura. Tal como están las cosas, la universidad probablemente desearía haber dejado vacíos algunos pedestales más.

El fin de semana pasado, Princeton destapó un símbolo de piedra de 12 metros que representa lo que ha generado la controversia más grande y amarga de la academia estadounidense: su pasado racista. Double Sights es una escultura vertical que no se compone de la figura o busto del personaje al que representa, sino de dos "elementos pilares", diseñada por el reconocido artista Walter Hood. Por eso, más que de estatua, algunos hablan de "instalación" por su carácter simbólico. Sin embargo, la recepción polarizada de la pieza y las protestas por su presentación no tienen que ver con el diseño, sino por lo que los críticos argumentan de la siguiente manera: “se queda a medias con un compromiso insatisfactorio y la negativa de la universidad a enfrentar completamente el lado más oscuro de su historia”.

La escultura se encuentra fuera de la Escuela de Relaciones Internacionales Woodrow Wilson de Princeton, nombrada así en honor al 28º presidente de Estados Unidos y ex rector de la Universidad. Wilson es mejor conocido el mandatario que llevó a Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial y luego dirigió una campaña para establecer la Liga de las Naciones, un precursor de Naciones Unidas, con el objetivo de lograr la paz y la armonía internacional. Por desgracia, su plan no funcionó (por decirlo suavemente...) y hoy el legado de Wilson es considerablemente más oscuro que el de internacionalismo, liberalismo e idealismo.

Todo se reduce a la raza. Aquí, el historial de Wilson es muy malo, incluso cuando se le juzga en su contexto histórico. Lo más infame es que la Casa Blanca de Wilson volvió a segregar al Gobierno Federal, destruyendo las carreras de miles de funcionarios negros consumados en una decisión que fue, en el mejor de los casos, una medida política sucia, y en el peor, lo situaba como un racista que perseguía sus prejuicios a través del poder que le daba la presidencia.

Es este otro lado de Woodrow Wilson el fundamento de Double Sights: un monumento diseñado para representar los legados positivos y negativos de un hombre que buscaba la paz mundial, pero que desanimó activamente a los estudiantes negros a postularse a Princeton. Este es también un intento de Princeton tallado en piedra para apaciguar a ambos lados de un debate cada vez más feroz sobre el legado de su ex rector, y para evitar las llamadas de aquellos que exigen que el nombre y la cara de Wilson sean desterrados de sus instituciones para siempre.

Por supuesto, esta "Batalla de Princeton", como de denomina mediáticamente, no se libra de forma aislada. En 2015, la eliminación de una estatua a Cecil Rhodes (el titán imperialista y corporativo británico) en la Universidad de Ciudad del Cabo provocó una reacción en cadena de protestas en todo el mundo. Hoy en día, hay innumerables instituciones que luchan con sus propios legados problemáticos y conexiones históricas con la esclavitud, el colonialismo y la segregación.

Estas protestas han señalado con el dedo a muchos de los "grandes hombres" de la historia e inyectado urgencia y pasión a esta problemática. De hecho, la combinación de estas campañas en el campus con movimientos sociales más amplios como Black Lives Matters ha llevado estos debates históricos mucho más allá de lo teórico. Estas son protestas tangibles con demandas tangibles. En pocas palabras, el movimiento exige la eliminación de todas y cada una de las conmemoraciones a los hombres que se consideran no merecedores de ese honor.

Los críticos de esta “ola radical” tienden a centrarse en la condena injusta (a sus ojos) de las personas muertas hace mucho tiempo. En particular, la acusación sostiene que los manifestantes, la mayoría de los cuales son jóvenes estudiantes en estas instituciones, están juzgando anacrónicamente el comportamiento de las figuras históricas según los valores y las expectativas de hoy. En este posicionamiento, las protestas están obligando a las instituciones académicas a arrinconarse y muchas están optando por la opción más simple de la renuncia, que en algunos casos sí que destroza el legado de aquellos que alguna vez sí se consideraron dignos de conmemoración.

Sin embargo, es importante recordar que volver a visitar el legado histórico no es una moda ‘millenial’. Hay un largo registro de estatuas que caen y nombres que se eliminan a medida que cambian los tiempos y los gustos. De hecho, en la antigua Roma había un proceso ahora denominado damnatio memoriae ("condena de la memoria") que fue aún más lejos. Los hombres condenados por el Senado como traidores (incluidos los ex emperadores) podrían ver sus estatuas desfiguradas o eliminadas de la vista de todos, o sus nombres borrados por completo de los registros públicos. Al menos hoy estamos teniendo un debate público más amplio sobre estos individuos y sus legados antes de que decidamos condenarlos como deshonrados, incluso si las decisiones finales aún recaen en las élites de la sociedad.

Entonces, ¿es este movimiento algo positivo? Lamentablemente no hay una respuesta simple. Algunas estatuas deben mantenerse y otras caer, por lo tanto, el único curso de acción aceptable es juzgar a cada individuo por sus méritos alentando un debate integral e inclusivo, dentro y fuera de la comunidad académica. Cómo puede suceder eso en esta “era de indignación” es un verdadero desafío. Sin embargo, necesitamos con urgencia un proceso más robusto y democrático que el que tenemos actualmente, donde la gran mayoría de las decisiones (a favor o en contra) son tomadas en privado por líderes académicos inquietos cuya mayor preocupación es el tamaño y la gravedad de cada movimiento de protesta.

Y es difícil saber a dónde va esto a continuación. ¿Cada estatua dedicada a un propietario de esclavos es ahora persona no grata y esto significa que Washington DC necesita un nuevo nombre? Del mismo modo, ¿veremos que el movimiento #MeToo desencadene una reevaluación urgente de figuras históricas que maltrataron a las mujeres, de la misma manera que Black Lives Matter ha puesto el foco en el racismo histórico? Si es así, sin duda presenciaremos la caída de muchos más iconos estadounidenses en los años venideros.