Maribel Verdú (Madrid, 1970) ha hecho de todo es sus más de 80 películas, pero nunca le había tocado perseguir a un psicópata: “Era la primera vez que interpretaba a una policía y me lo he pasado pipa”, exclama en un tono entusiasta. En El asesino de los caprichos, producida y dirigida por Gerardo Herrero, la actriz madrileña da vida a una inspectora  dura, antipática, dada a la bebida y con una vida sentimental poco estable que, junto a una compañera más joven (Aura Garrido),  investiga una serie de crímenes ciertamente peculiares.  El asesino que los comete siempre actúa con el mismo modus operandi: escoge víctimas ricas, todas ellas del Barrio de Salamanca en Madrid, y las mata representando algunos de los siniestros y truculentos grabados- conocidos como los caprichos- realizados por Goya a finales del  siglo XVIII. Desde una mujer en camisón atada a un poste hasta un hombre vestido con túnica y capirote, cabizbajo, sentado en una silla y amarrado por una cuerda.

Muy diferente es su personaje en la obra teatral que representa en Madrid hasta el 7 de enero, Invencibles, del británico Torben Betts. En esta comedia, una pareja de clase sociocultural alta (Maribel Verdú y  Jorge Bosch) se muda a un barrio de la periferia.

 

En el primer crimen de El asesino de los caprichos, cuando se dice que la mujer aparecida muerta iba a casarse en dos meses, su personaje replica: “Una que ya no se tiene que divorciar”. Es usted una inspectora antipática, pero ingeniosa. 

(Sonríe). Muy ingeniosa y muy sarcástica. Lo que pasa es que está amargada y tiene un pasado tremendo. Además, vive en un mundo de hombres y es jefa…  Algo difícil y duro. 

 

¿Habló con alguna policía?

Sí. Aura (Garrido) y yo trabajamos con tres policías que nos ayudaron mucho: Juan, Pablo y María. María fue inspectora con la edad que tiene Aura. Nos enseñó cómo manejar una pistola, cómo andar, cómo entrar en un sitio donde teóricamente está el malo, como ellos dicen, y les hicimos miles de preguntas. La verdad es que fue fascinante. Lo bueno de nuestra profesión es que te hace entrar en mundos totalmente lejanos del tuyo. Y es la primera vez en mi vida que hago de policía. Con los años vas haciendo personajes que corresponden a tu edad, y ahora ya puedo hacer personajes así. 

 

Volviendo a su personaje, ¿el mal humor es síntoma de infelicidad? ¿La gente con mal carácter lo es porque en el fondo tiene una amargura dentro?

Quita lo de en el fondo. Estoy convencida. Para mí lo peor que se puede decir de alguien es que está amargado.  Conozco gente con una vida difícil, dura… y en la vida todo es cuestión de actitud. “Esto es lo que me ha tocado, voy a lidiar con ello, a luchar, a intentar tener un carácter más o menos afable y educado y hacer la vida fácil a la gente que me rodea porque de esa manera también me llegará”. Si no, lo único que te vas a encontrar son enemigos. Y vivir así me parece desagradable. 

 

Hay escenas suyas de persecuciones, saltándose los semáforos por el Barrio de Salamanca en Madrid que, al parecer, se han rodado en plató con decorados virtuales previamente rodados en la calle. 

Te lo explico de una forma más fácil. En vez de rodar por la noche en Madrid, que hay cortar la ciudad, repetir tomas, ahora hay un sistema espectacular, y nos lo pasamos fenomenal: parte del chroma, esa pared verde.  Te sientas en el coche y tienes una pantalla gigante delante, como si estuvieras jugando en la Play, pero sin las gafas 3D. Lo controlas y es divertidísimo; me lo he pasado pipa. 

 

Ahora, en el cine, cuesta diferenciar lo que es real de lo virtual…

A mí me pasa. Y pienso: “Esta maravilla, ¿lo habrán hecho de verdad o de mentira?”. 

 

¿Y su forma de interpretar es igual, aunque no estén realmente en el sitio donde se rueda la escena? 

Mejor, porque no estoy con el miedo de… como no frene a tiempo,  me llevo por delante a la figurante. Creo que en este caso es mucho mejor. 

 

Dice Gerardo Herrero que para ser policía hay que ser valiente. Lo cierto es que se la juegan. Viendo estos días las imágenes de lo que está ocurriendo en Cataluña, ¿qué le parece el momento en el que vivimos? 

Me produce una tristeza profunda, porque creo que es una cosa muy de sentimientos y están dividiendo a muchísima gente, amigos, familias, y, al final, los que hacen ruido, son los menos. Sé que hay muchísimos independentistas, seguramente la mayoría, que son gente pacífica, en contra de la violencia. La violencia te quita la razón. Siempre. Indefectiblemente en esta vida. Y me da mucha pena porque la mayoría de mis amigos son catalanes, y veo lo que están pasando. 

 

Está en el teatro Cofidís Alcázar representando la comedia Invencible, de Torben Betts.

Sí, es una sátira social sobre la diferencia de clases culturales, educacionales…  Cuando perteneces a una clase social y decides que vas a vivir al extrarradio y que quieres invitar a tus vecinos a casa para conocerles y que los niños jueguen juntos, es porque ya estás dentro. Produce situaciones muy divertidas, y otras, como para llorar, en las que piensas: “¿Cómo me puedo estar riendo con esto?”.

 

El autor vendió su casa de Londres, se fue a la periferia y se dio cuenta del choque social. Por eso escribió la obra.

Sí. Y nos dijo que para él el verdadero racismo hoy en día no es el color, sino que uno no se junta con una clase social distinta a la propia. 

 

¿Está de acuerdo con esa idea? 

Creo que es todo un poco.

Miguel Chazo / CORDON

 

¿Le gusta la rutina y la disciplina del teatro? Le marca unos horarios que no se puede saltar.

Cuando hago teatro, descanso.  Tengo el día libre. Nuestra vida es una locura, y me da ese orden y esa rutina. Para mí es magia pura. Además, me apasiona hacer teatro. Es lo que más me gusta. 

 

¿Más que el cine?

Es que he hecho mucho menos. Llevo 35 años trabajando, unas 80 películas, no sé, contra, por ejemplo, 15 obras de teatro. Son muchas películas, y no todas son felices, ni proyectos en los que lo he pasado bien y he disfrutado. Es muy duro y muy estresante hacer cine. Siempre hay falta de tiempo, de dinero… Y el teatro es como un respiro. Cuando te juntas con la compañía perfecta, el equipo, los actores generosos, y estás ahí hora y media,  el disfrute es bestial. 

 

Ahora vemos las películas de forma más aislada, en el ordenador, en el móvil, y, según algunos, el ser humano todavía necesita de la experiencia colectiva. ¿Eso hará a que cada vez se vaya más al teatro?

Una cosa está clara: en España los actores no llevamos a la gente al cine. La llevan los directores: Amenábar, Almodóvar…  independientemente del actor que esté en la película. Y luego el público decide verla o no verla. Un misterio. Y lo que sí es seguro es que el nombre de un actor es lo que lleva a la gente al teatro. Siempre hay gente que agradece que estés en directo ahí todos los días, con una sola copia. Las gente que está en el Alcázar viéndonos sabe que cuando se acabe, ya no se puede ver .O lo veo ahora o se ha acabado. El cine lo puedes ver dentro de 20 años. El teatro no lo puedes recuperar. Esa es su magia.

 

Volviendo a El asesino de los caprichos, ¿le ha hecho apreciar más a Goya?

Por favor, pon esto. En Madrid existe la Calcografía Nacional  en la calle Alcalá, 13, al lado de la puerta del Sol, metro Sevilla.

 

Al lado de su teatro…

Sí (sonríe). Y ya solo entrar en ese edificio es increíble, y sentir esas paredes, esos muros, y subir, es emocionante. La Calcografía Nacional tiene todos los caprichos de Goya, y el tórculo con el que los hizo, y está el antes y el después del proceso. Esos grabados los hizo recreando una radiografía de la sociedad en la que vivía y que fue un encargo que él aceptó para tener un sueldo vitalicio para su hijo. Estas son cosas que están al alcance de la mano y que muchos desconocemos.

 

En la película se dicen varias cosas. Que en España hay más obras de arte debajo de los colchones que en las paredes, que los coleccionistas no declaran sus mejores obras porque tendrían que pagar muchos impuestos, y que aunque no las declaran, sí las mueven. 

Cuando ves la película, descubres todo lo que hay ahí detrás y es alucinante. No es un thriller al uso en el que hay que descubrir quién es el asesino en serie, sino que, encima, es un aprendizaje de algo que, de verdad, se cuentan cosas que la mayoría de la gente, a no ser que se dedique al arte, desconoce. 

 

Tiene pendiente de estreno El doble más 15, de Mikel Rueda, en la que se narra la relación de una mujer de 45 con un chico de 15. 

En realidad, 17. Es un juego que se entiende cuando se ve la película. Es la historia de dos personajes solos en el mundo que se encuentran un día y pasan juntos 24 horas. Es pequeña, intimista, una belleza. 

 

Cuando Kate Winslet hizo El lector, dijo que, por cuestiones legales, tuvieron que esperar a que el chico cumpliera 18 años para rodar las escenas de sexo. No sé si en España hay este tipo de trabas o no. Hoy en día uno va a la cárcel por cosas como esas. 

En nuestro caso el chaval tenía 22, así que no hay problema (sonríe). Lo que pasa es que le hicieron parecer más joven. Con el corte de pelo, la barbita, la manera de vestir… así que aquí no hemos tenido ese tipo de problemas.

 

También ha hecho una serie de Telemundo que próximamente estrenará Netflix. 

Sí. Se llama No te puedes esconder y como la semana pasada se terminó de emitir en Telemundo, se estrena en Netflix antes de que acabe el año. Me gustó muchísimo. Nunca había hecho de policía y, de repente, dos seguidas.

Miguel Chazo