Este septiembre, la Filmoteca de Catalunya ha tenido la genial y a la vez atrevida idea de dedicar una retrospectiva a uno de los cineastas más heterodoxos y singulares (por no decir polémicos, pero eso es otra historia) del nuevo Hollywood, Roman Polanski. Decimos atrevida porque no han sido pocas las voces que pidieron la cancelación del homenaje por el caso de abuso sexual de hace cuarenta años.

El director polaco es, además, noticia por aparecer estos días en la nueva obra maestra de Quentin Tarantino, Érase una vez en Hollywood, que reimagina el escabroso asesinato de su entonces esposa, Sharon Tate, a manos de miembros de la secta de Charles Manson, y por acabar de estrenar en Venecia su última película, J’accuse: An Officer and a Spy. Con motivo de este tributo, hemos querido seleccionar los cuatro filmes que demuestran que Polanski es un insospechado genio del terror (más una honrosa mención que incomprensiblemente no ha sido seleccionada).

 

1 Repulsión (1965)

Antes de La novena puerta, e incluso antes que La semilla del diablo, Polanski demostró tener pulso para el terror bien entendido con esta historia de perfil psicológico sobre una chica que vive reprimida en un apartamento de Londres. La protagonista, interpretada por una jovencísima Catherine Deneuve, experimenta atracción y repulsión hacia los hombres y se precipita a un abismo de locura y alucinaciones cuando su hermana se marcha de vacaciones. Junto a las posteriores La semilla del diablo y El quimérico inquilino, forma parte de la llamada Trilogía de los Apartamentos, películas todas ellas que se aprovechan de la angustia que generan los espacios cerrados de un piso para sacar el máximo partido a una atmósfera asfixiante. 

 

2 El baile de los vampiros (1967)

Previo a su inevitable salto a Hollywood, Polanski insistió en el género del terror, aunque desde una óptica muy distinta, la comedia descacharrante y la parodia más desatada. “He querido hacer una comedia sobre el tema de los vampiros. No me burlo de las películas de terror, simplemente me divierto con el tema. He querido hacer una historia un poco romántico y un poco graciosa que haga un poco de miedo”, decía el polaco en su momento con un punto de simpática frivolidad. Inicialmente, el papel protagonista femenino iba a ser para la chica Bond Jill St. John, pero finalmente cayó en manos de Sharon Tate, con la única condición de que llevase una peluca pelirroja. El resto, ya lo sabéis, es historia. 

 

3 La semilla del diablo (1968)

Cada cual tendrá su particular cánon con Polanski, pero en lo que casi todo el mundo se debería poner de acuerdo es que tanto esta como Chinatown deberían aparecer en posiciones privilegiadas. Lo de esta obra maestra es especialmente meritorio, pues llegó en un momento especialmente crítico para el género del terror, más interesado en el efectismo fantasioso escuela Roger Corman. El horror, al menos según el director, no se produce en castillos góticos y en casas encantadas, sino que puede sobrevenir en el entorno urbano y cotidiano. El tema del satanismo probablemente nunca se haya tratado tan elegantemente como en esta película que sentó cátedra. Sin ella, nada hubiese sido posible, desde El exorcista hasta Hereditary.

 

4 El quimérico inquilino (1976)

Quizá más conectada con sus coetáneas que La semilla del diablo estuvo esta otra joya del terror psicológico como El quimérico inquilino. La crítica la destrozó sin piedad y su seguimiento fue mucho más minoritario, convirtiéndose en un filme de culto creciente con el paso de los años. Polanski agració a los que llevaban tiempo reclamándole un papel protagonista poniéndose en la piel de Trelkovsky, un inquilino de un apartamento parisino de sombrío pasado, pues la mujer que vivía ahí antes que él se tiró del balcón. Lo que sigue es una desquiciada historia de tintes kafkianos que es pura paranoia urbana y un genial retrato de la locura humana. 

 

5 La novena puerta (1999)

Más de 20 años tardó en volver al terror Polanski. Lo hizo finalmente con una adaptación de una novela de Arturo Pérez Reverte, El club Dumas, que es mitad horror de sectas y neo-noir. Fue un moderado éxito de taquilla, en parte debido al indudable reclamo de Johnny Depp en el papel protagonista, pero fracasó entre la crítica que le señaló un sinfín de fallos. Lo que sí queda es un arranque formidable, un personaje, Dean Corso, para el recuerdo, y una carta de amor al género negro. Pero si quieres pasar miedo con más atmósfera que efectos especiales, La novena puerta merece una segunda oportunidad.