200 años

Passeig de Gràcia, el escaparate de la protesta donde no cabe un millón de personas

11 joyas que esconde el Passeig de Gràcia

Ruta en 360 grados por el paseo de Gràcia y la Barcelona de 1908 y 2023

MANIFESTACIÓN PASEO DE GRACIA

MANIFESTACIÓN PASEO DE GRACIA / TEJEDERAS

Carlota Camps

Carlota Camps

Por qué confiar en El PeriódicoPor qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

El 11 de septiembre de 1977 el grito de 'Llibertat, Amnistia, Estatut d'Autonomia' inundó el Passeig de Gràcia de Barcelona. Fue la primera gran manifestación -entonces se habló de más de un millón de personas- desde el inicio de la democracia en la capital catalana, aunque ya en febrero del año anterior la misma reivindicación había reunido más de 50.000 personas alrededor del obelisco de la parte superior del paseo, donde actualmente se ubica la plaza Cinc d'Oros. Desde entonces, esta misma vía se ha teñido de múltiples colores y ha albergado infinidad de lemas.

Ha gritado 'no a la guerra' de Iraq y también ha clamado para que se acabara con el terrorismo, el de ETA primero y el yihadista después. Ha llorado la muerte de Ernest Lluch y la de Miguel Ángel Blanco. Se ha quejado del tijeretazo al Estatut y ha celebrado Diades y días de la Hispanidad. Ha reclamado un referéndum de independencia para Catalunya y ha gritado por la unidad de España. Ha exigido la libertad de los líderes del 'procés' y también su encarcelamiento. Se ha teñido de morado por la lucha feminista. Ha exigido respuestas ante la crisis climática y contra la globalización. Y se ha colapsado tanto de taxistas como de tractores. 

MANIFESTACION EN CONTRA DE LA GUERRA

MANIFESTACION EN CONTRA DE LA GUERRA / JOAN CORTADELLAS

Una amalgama infinita de reivindicaciones que han elegido hacerse oír en los mismos 75.000 metros cuadrados. Y que siempre han dejado la misma duda: ¿cuál ha sido la más multitudinaria de estos casi 50 años de democracia?

El mito del millón

La respuesta no es sencilla. Se puede tirar de hemeroteca y hacer una simple comparación, pero es prácticamente imposible desligar las cifras que se han dado de la batalla política. Se habló de un millón en las dos manifestaciones del Estatut -la de 1977 y también la de 2010-, se apuntó a una cifra muy similar con la de Ernest Lluch -en 2000- y hasta se dijo que se había superado con la guerra de Irak -en 2003-. Pero si es difícil decir cuál de ella gana en cupo de personas, hay algo que es categórico: es imposible que el Passeig de Gràcia pueda albergar un millón de personas, se mire como se mire.

Se trata de la calle más ancha de Barcelona, con hasta 60 metros de un lado al otro, pero descontando las zonas no practicables -parterres, mobiliario o monumentos-, queda en menos de 75.000 metros cuadrados. Con esta información sobre la mesa hay que tener en cuenta otra derivada: ¿cómo se calcula la asistencia a una manifestación? Esto es trabajo de la Guardia Urbana de Barcelona, que usa distintos criterios para analizarlo y dar una cifra al respecto.

Las calles afectadas se dividen por tramos -nunca es lo mismo la cabecera que la cola de cualquier manifestación-, se espera a la hora "de máxima afluencia" y se hace un cálculo de densidades a partir de las cámaras de videovigilancia y los agentes ubicados en terreno, que termina de aclarar cómo de juntos o espaciados están los manifestantes. Básicamente, se detecta cuánta gente hay por metro cuadrado y se extrapola, explica a EL PERIÓDICO el intendente de la Guardia Urbana Jordi Oliveres, que, acostumbrado a las críticas y a que se pongan en entredicho sus cálculos, defiende que se trata de criterios "objetivos".

"Las cifras se cuestionan por motivos políticos. A veces hay contabilizaciones interesadas de los organizadores, pero nosotros somos objetivos. Damos la cifra y no entramos en nada más", defiende "con total normalidad".

Justamente para evitar esta batalla política, desde el Ayuntamiento no quieren entrar a hacer un cálculo exacto de cuánta gente cabe en el Passeig de Gràcia, porque recuerdan que depende de infinidad de factores. Sin embargo, usando su propio método de cálculo, se puede ver perfectamente que es imposible embutir un millón de personas en esta calle.

Con una densidad muy elevada, de hasta cuatro personas por metro cuadrado, solo se podría llegar a las 300.000 personas. Para llegar al millón se tendrían que ocupar varias de las calles adyacentes y colapsar por completo el centro de la ciudad.

¿Por qué el Passeig de Gràcia?

Y, sin embargo, a pesar de ser imposible que esta calle albergue tal cantidad de manifestantes, como sí lo podría hacer a lo largo la Gran Via o la Diagonal, se sigue apostando por el Passeig de Gràcia en una gran cantidad de ocasiones ¿Pero, por qué? Detrás hay razones políticas, históricas y también urbanísticas. A día de hoy, las grandes casas de la burguesía son más un museo que una vivienda. Y el paseo, que un día fue simplemente un camino rural que unía Barcelona con Gràcia, está lleno de tiendas y hoteles. Pero no hay duda de que es el gran escaparate de lujo de Barcelona y una visita obligada de cualquier turista. 

"Es diferente decir que te has manifestado en el Paseo de Gràcia que en la Meridiana", explica Antoni Vilanova, arquitecto y presidente la Agrupació d’Arquitectes per a la Defensa i la Intervenció del Patrimoni Arquitectònic del COAC, que destaca que no solo "luce más", sino que "mediáticamente es también mucho más influyente". No dará la misma vuelta al mundo el Paseo de Gràcia lleno a rebosar, a pesar de poder albergar a menos gente, que una Gran Vía o la Diagonal. "Se identifica más con la ciudad y la imagen que da internacionalmente es notable", añade Vilanova.

MANIFESTACION CONTRA ETA POR EL ASESINATO DE ERNEST LLUCH

MANIFESTACION CONTRA ETA POR EL ASESINATO DE ERNEST LLUCH / ALBERT BERTRAN

Barcelona, "ciudad conflictiva"

Sin embargo, no siempre fue así. Antes de la llegada del Pla Cerdà, la calle de "lucimiento y reivindicación" por antonomasia era La Rambla. De hecho, se dice que Barcelona fue la ciudad con "más barricadas" del mundo durante los siglos XIX y XX. Así lo recuerda el historiador Dani Cortijo, que asegura que esta etiqueta de "ciudad conflictiva" estuvo muy presente en el diseño del Eixample: con "avenidas amplias y largas" que fueran "fáciles de controlar".

"Los episodios recientes, como Can Vies o Urquinaona, no hacen cosquillas si se comparan con el nivel de conflictividad de Barcelona. Aquí morían soldados y caballos porque la gente les lanzaba agua hirviendo desde las ventanas. Y la respuesta era bombardear la ciudad", recuerda Cortijo, que asegura que la imposición desde Madrid del Pla Cerdà fue para "controlar" la ciudad. "Hacer una barricada en la calle de Tallers es fácil. En el Passeig de Gràcia, no", indica en este sentido.

Sin embargo, ahora los manifestantes no priman tanto terminar las manifestaciones jugando al gato y al ratón, sino proyectar una imagen de fuerza al mundo. Por ello, la "dimensión acotada, con un recorrido humano y controlable" de este paseo -prosigue el arquitecto Vilanova-, sin muchos "cambios" ni "alteraciones" en el trazado y con una posición ascendente, que ayuda a dar una imagen más potente -y todo ello sumado su importancia histórica y su potencial mundial-, convierten el Passeig de Gràcia en un lugar idóneo para proyectar reivindicaciones.

El paseo del pacto.... del Majestic

Pero más allá de protestas. El Passeig de Gràcia ha vivido otros eventos políticos que han marcado la historia de Catalunya y de España. El más conocido es el Pacto del Majestic. Este lujoso hotel del Passeig de Gràcia albergó algunas de las reuniones más importantes entre el PP y CiU, y la cena final entre José María Aznar y Jordi Pujol que dio luz verde a la investidura del presidente popular y acabó con años de gobiernos del PSOE. Fue el 28 de abril de 1996 en este céntrico hotel, que hasta entonces había sido una especie de cuartel general de CiU las noches electorales.

Un pacto que durante años, especialmente durante las épocas más duras del 'procés', se recordó con nostalgia por una parte del conservadurismo catalán, que veía como no solo no se llegaba a acuerdos con el PP, sino que tampoco con los socialistas. Y que por delante del mismo hotel donde 20 años antes se había acordado empezar a ceder competencias a los Mossos -las de tráfico- o acabar con el servicio militar, solo pasaban 'estelades' y banderas españolas, clamando unos días "independencia" y los otros "Puigdemont, a prisión".

Pero el paradigma ha cambiado. CiU desembocó en Junts, y no celebran las noches electorales en el Majestic, la última fue en el hotel Barceló de la Estació de Sants. Y en 2023, hasta la fecha, no se reúnen en Barcelona, sino en Bruselas o Ginebra. Pero tras una década de hostilidades, posconvergentes y socialistas retomarán las relaciones este sábado en Suiza.