Conmemoración del atentado en Barcelona

Barcelona rinde homenaje a las víctimas del 17-A pese a la tensión creada por un grupúsculo independentista

Decenas de personas tratan de boicotear el acto, se enfrentan a los familiares y reciben el apoyo de Laura Borràs

Los familiares, en primer plano, han protagonizado la ofrenda floral tras un acto con música y poesía

RICARD CUGAT

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Fidel Masreal
Fidel Masreal

Periodista

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Poco se imaginaban Lourdes y Albert, que salvaron la vida de milagro en el atentado de hoy hace cinco años, que saldrían del homenaje a las víctimas de la Rambla abroncados por un grupúsculo de independentistas radicales. Con camisa blanca, el pin de las alas blancas de Xavi -el niño de tres años que murió ese día- Lourdes y Albert han vuelto a hacer el recorrido que trazó, zigzagueando, la furgoneta conducida por el terrorista. Hasta el Pla de l'Os, donde junto al mural de Miró reza la frase "Que la pau et cobreixi, oh ciutat de pau". Allí víctimas como ellos y otras venidas de Australia, Alemania o los Países Bajos han recibido el homenaje de la ciudad y las instituciones. Homenaje que un grupo de personas ha tratado de boicotear con gritos incluso durante el minuto de silencio. La indignidad ha llegado al punto de que algunos de los manifestantes han increpado a los familiares tras la conmemoración. Y pese a todo ello, los boicoteadores han recibido el abrazo y el apoyo explícito de la destituida presidenta del Parlament y presidenta de Junts, Laura Borràs. Junts ha tenido que emitir un comunicado de condena.

Solo había que ver a la madre de Julian, el niño australiano de siete años asesinado también ese día, llorando desconsoladamente agarrada a la foto enmarcada de su hijo y al clavel blanco, para darse cuenta de la densidad de la emoción en el homenaje. Como siempre, Robert Manrique, de la UAVAT (la organización que coordina la atención a los afectados por los atentados), ha estado junto a las víctimas, dispuesto siempre a abrazarlas y a denunciar falta de atención hacia ellas. La alcaldesa Ada Colau, visiblemente emocionada, saludaba también a los protagonistas del acto.

Las víctimas, en shock

Pero minutos antes de comenzar el acto, que ha consistido en la interpretación de dos canciones por parte de la coral Vozes y la lectura de un poema de Espriu por parte de la presentadora, Fàtima Saheb, ya han empezado a aflorar los papeles con el lema "exigimos la verdad" y los gritos. Gritos durante el acto y durante el minuto de silencio, acusando al Estado de todo lo relacionado con el atentado.

Tensión en el homenaje a las víctimas del 17-A.

La tensión ha ido más allá e incluso algunos de los que han roto el respeto del momento se han atrevido a encararse con los familiares de las víctimas y los heridos, con reproches de todo tipo. Uno de los increpados ha sido Albert. Indignado, ha pedido explicaciones a los manifestantes y les ha recordado que él sí estuvo en la Rambla ese día y salvó la vida por poco.

Los familiares, perplejos

Tras estos incidentes, Robert Manrique ha explicado que los familiares han quedado impactados, en shock. "¿Cómo explicar a esta gente, que ha venido de Australia, de Bélgica, lo sucedido? La próxima vez, que piensen en las víctimas, hay momentos y momentos", ha lamentado, mientras todavía Borràs seguía allí, a pocos metros.

En cuanto al acto en sí, una vez más todos los representantes políticos han quedado en segundo plano. Y por deseo de las víctimas, han sido dos ñiños, de la edad de los dos que fueron asesinados ese día, los primeros en realizar la ofrenda floral. Tras ellos, todos los representantes de instituciones, entidades y víctimas. En un silencio respetuoso. Como cada año. Entre ellos, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau junto al consistorio municipal en pleno, el 'president' Pere Aragonès, los ministros Miquel Iceta y Raquel Sánchez, y miembros del Parlament, encabezados por la vicepresidenta segunda, Assumpta Escarp, y la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, entre otros.

Una condena casi unánime

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Fuera ya del foco mediático, Lourdes, Albert y otras familias vestidas de blanco se han marchado, perplejas pero consoladas por algunos vecinos de la ciudad. Las muestras de condena a lo sucedido se han ido multiplicando, pese a que Borràs y su entorno de fieles no han dado ni una muestra de autocrítica. Junts sabe que tiene un problema.

De vuelta a la realidad, a la Rambla, un agente de la guardia urbana recordaba que estuvo ahí mismo hace cinco años. "Tuve la oportunidad y satisfacción de hacer todo lo que pude", explicaba circunspecto, resguardando la emoción tras las gafas de sol. Dicho lo cual, ha callado.