El futuro de la protesta contra la amnistía

Expertos policiales calculan que las algaradas ultras se extenderán hasta las europeas

La información en directo sobre la investidura, la toma de posesión y la reacción en la calle

Gran manifestación en Madrid contra la amnistía

Multimedia: Radiografía de la amnistía al procés

Un hombre insulta a la prensa en el escrache de Ferraz del 17 de noviembre

Un hombre insulta a la prensa en el escrache de Ferraz del 17 de noviembre / David Castro

Juan José Fernández

Juan José Fernández

Por qué confiar en El PeriódicoPor qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Para Vox y su floreciente órbita de terminales y activistas en redes sociales ha llegado el momento de “llevar a la militancia patriota al próximo nivel”. Es la expresión que utilizó el joven César Pintado, presidente de la organización Revuelta, subido al atril de la manifestación por la unidad de España que convocó en Madrid la fundación voxista DENAES el pasado 29 de octubre.

La rama juvenil de Vox es, de hecho, herramienta clave para el intento de solidificar la protesta contra la amnistía pactada por PSOE y Junts, después de que haya cristalizado -si bien con aportaciones skin head no esperadas- en los escraches de Ferraz.

Entrevistado el pasado 17 por el agitador trumpista norteamericano Tucker Carlson, el líder de Vox, Santiago Abascal, dijo que cree que la protesta en la calle “debe durar, a través de esa fórmula o de otras, todo lo que dure este gobierno”. Expertos policiales consultados por este diario apuestan por una “aminoración de actividad” en la calle Ferraz, pero, a la vez, un escenario de movilizaciones, desórdenes protagonizados principalmente por jóvenes, incidentes más o menos intensos y más o menos dispersos hasta desembocar en la campaña de las elecciones europeas, en la primera semana de junio del 24.

Sin tsunami a la vista

España ha vivido este sábado la primera manifestación en su historia desplegada ante el complejo de la Moncloa, pero la afluencia de gente a los escraches nocturnos de Ferraz no crece; solo los aviva la llegada, cerca de cada media noche, de un núcleo duro de un centenar de falangistas y neonazis ante los que los más moderados se terminan marchando.

Tras dieciseis días de protesta en la calle Ferraz, la movilización presenta la incógnita de su vocación de permanencia. En la afluencia de entre 2.000 y 5.000 personas que suelen acudir, los seguidores del PP que participan y los ultras tradicionales no son suficientes sin los neofascistas, y esos radicales que llegan más tarde no son nadie sin la masa de jubilados, burgueses e integristas católicos a la que desprecian.

Un manifestante con la cruz de Borgoña ante el cordón policial de la calle Ferraz de Madrd

Un manifestante con la cruz de Borgoña ante el cordón policial de la calle Ferraz de Madrd / José Luis Roca

Las protestas no han llegado a la potencia y dureza, los heridos, incendios, sabotajes, escaparates y cajeros rotos que registraron las organizadas en Catalunya por Tsunami Democràtic y la ANC. Las Fuerzas de Seguridad descartan como previsión un tsunami de ultraderecha en España, mucho menos una kale borroka ultra, según las fuentes consultadas. Las unidades de Información de la Policía tienen controlados y censados a 200 activistas violentos de extrema derecha entre nazis, neofascistas y hooligans futbolísticos. Algún caso de reservista militar está también controlado.

No obstante, dos de las fuentes policiales mencionadas sí apuestan por que los promotores del escrache de Ferraz traten de transformarlo en una imitación del Meridiana Resisteix. Otra vez las referencias a la agitación independentista catalana.

Pero no se ha detectado acción coordinada entre ultraderecha y extrema derecha, por más que la primera haya creado la marca Noviembre Nacional para tratar de aglutinar toda la protesta. Si bien Falange Española y La Falange, antaño enfrentadas, se coordinan en esta campaña, hay más bien recelos, cuando no señalamientos de supuestos confidentes policiales, entre extremistas y ultras.

Presentar batalla

Después de que Pedro Sánchez haya jurado su cargo ante el Rey, la movilización ultra entra en una nueva fase, pero no todo es Ferraz. Llevar a la “militancia patriota” a un nuevo escalón implica una activación, el cobro del rédito de años de polarización y crispación repicada con millones de mensajes ultras en redes sociales. La cosecha se recogerá, por ejemplo, en los campus.

La juventud voxista se prepara en sus hábitats universitarios para “presentar batalla” a organizaciones y estudiantes de izquierdas o independentistas, por lo que es previsible para las fuentes policiales consultadas una imitación de los escraches que en otro momento organizaban jóvenes de extrema izquierda o del independentismo contra visitas, actos y conferencias.

Quema de senyeras en la manifestación de la calle Ferraz del pasado 15 de noviembre

Quema de senyeras en la manifestación de la calle Ferraz del pasado 15 de noviembre / José Luis Roca

De la potencia de esta nueva fase dará medida el éxito o el presumible fracaso de la huelga general convocada por Solidaridad, el sindicato de Vox, para el día 24. Es otra de las incógnitas del panorama, como lo es también la verdadera influencia del ala dura que ha tomado el poder interno en Vox, y que reacciona ante su declive electoral.

La reacción en la calle depende de hasta dónde llegará la regurgitación de una ultraderecha que durante decenios de democracia estuvo contenida -casi digerida- en el Partido Popular. Tras seis años de erupción en Vox, ahora presenta una facción que podría querer circular en el cada vez más exiguo espacio que hay entre el grupo parlamentario y los extramuros del sistema.

Desde el punto de vista policial, estas jornadas de desórdenes públicos marcan un principio que las fuentes mencionadas califican de “preocupante”: puede haber quedado acuñado en 16 días como un proceder político más el montar cercos, sitiar sedes de partidos. Si se consolida y otras fuerzas sitian a otras sedes, a los antidisturbios de las UIP no les va a faltar trabajo.

Uniformados

“Los mossos d’Esquadra ganan más que tú!”, gritan los manifestantes nocturnos de la calle Ferraz cuando quieren provocar a los policías nacionales que tienen enfrente. Y les reprochan “¡el 1 de octubre yo te defendí!”. En la movilización antiamnistía se da una paradoja: seguidores de Vox, formación que siempre hizo una intensa propaganda sobre las Fuerzas de Seguridad del Estado, ahora enfrentados con los antidisturbios de un cuerpo que en las elecciones sindicales votó mayoritariamente a Jupol, rama de Jusapol, la central más próxima a la ultraderecha.

Incluso ese sindicato tan afín a Vox se desmarca ahora. Ante el riesgo de desafección de sus votantes, se pronuncia en contra de las humillantes broncas que les echa a los antidisturbios el diputado Javier Ortega Smith. Lo ha hecho después de que hayan salido otras centrales, como el Sindicato Unificado de Policía (SUP), a recordarle a Vox qué tamaño tienen los pedazos de adoquín que se arrojan en las concentraciones “pacíficas” que convoca en Ferraz.

Exteriores del Congreso de los Diputados en la segunda jornada del Pleno de Investidura de Sánchez.

Exteriores del Congreso de los Diputados en la segunda jornada del Pleno de Investidura de Sánchez. / David Castro

Pero esto es solo una anécdota en comparación con otra grieta abierta y difícilmente reparable tras estos días de tensión por la amnistía: la propaganda y los bulos ultras han conseguido agitar a una parte de las Fuerzas de Seguridad del Estado, y policías y guardias civiles en activo se han lanzado, amparados o no en el anonimato de las redes, a difundir fakes, mensajes alarmantes e insultos como “felón” o “traidor” contra Pedro Sánchez, e incluso a negarle legitimidad al Ejecutivo.

En el colectivo policial -como pasó con los Mossos durante las tensiones del procés-, “algunos sindicatos han traspasado un umbral”, explica un alto cargo del Ministerio del Interior. “La derecha mediática los ha empoderado hasta el punto de creerse actores políticos”, añade para explicar la decisión del ministro Fernando Grande-Marlaska de atajar los intentos de derribo de la neutralidad política.

La voladura de ese principio al que se debe todo policía muestra el paso a una segunda fase -de la lucha sindical a la agitación política- de las entidades objeto de infiltración ultra. La respuesta de Interior es tardía pero decidida. Ahora están suspendidos de empleo y sueldo el portavoz de Jucil, rama de Jusapol en la Guardia Civil -desde Vizcaya, la entidad criticó los pactos de investidura-, y dos dirigentes de la asociación APROGC de oficiales del instituto armado, los que decían que sus guardias están dispuestos a “dar hasta la última gota de sangre”, dramatizando el relato.

Fuentes policiales dan por sofocada la llamarada levantisca, pues policías y guardias no profesionales, “se juegan el empleo, aunque en todo colectivo haya siempre alguien dispuesto a hacer disparates”. Con los desórdenes públicos “se ha roto el romance entre los sindicatos policiales y la ultraderecha”, cree el ejecutivo de Interior.

Un mando intermedio, veterano del sindicalismo policial moderado, se lamenta de la erosión sufrida en el prestigio: “Esas actitudes no representan al colectivo, somos gente tan normal como el resto de la sociedad”. Y lo dice en una de estas noches en que los ultras, apiñados contra las vallas de acero de la Policía Nacional, chillan contra “los perros de Marlaska” que visten de azul y gritan buscando entre los de verde: “¡Guardia civil, coge tu fusil!”.