Segunda parada de su gira balcánica

Sánchez regresa a Bosnia 25 años después

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el alcalde de Mostar, Mario Kordic (d), durante la ofrenda floral ante la placa que recuerda a los 23 militares españoles fallecidos en la guerra de Bosnia (1992-1995), en la plaza de España de esta ciudad de Bosnia y Herzegovina, este 30 de julio de 2022.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el alcalde de Mostar, Mario Kordic (d), durante la ofrenda floral ante la placa que recuerda a los 23 militares españoles fallecidos en la guerra de Bosnia (1992-1995), en la plaza de España de esta ciudad de Bosnia y Herzegovina, este 30 de julio de 2022. / EFE / EPA / JASMIN BRUTUS

  • El presidente vuelve al país en el que estuvo trabajando dos años, de 1997 a 1999, en el Gabinete de Carlos Westendorp, entonces Alto Representante

  • El jefe del Ejecutivo ensaya su papel de presidente de turno de la UE y pide a los bosnios acelerar las reformas y “reducir las tensiones”. Visita la Biblioteca de Sarajevo y rinde tributo a los 23 militares fallecidos en el país en la plaza de España de Mostar 

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Juanma Romero
Juanma Romero

Periodista

Especialista en información de Gobierno y PSOE.

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—Me hace ilusión estar de nuevo en Bosnia. Estuve allí cuando tenía 28 años… 

La memoria le flaqueaba algo a Pedro Sánchez en el vuelo que le conducía de Madrid a Belgrado, en la primera parada de su minigira a los Balcanes Occidentales. Porque apenas tenía 25 años cuando llegó a Bosnia y Herzegovina. Era 1997, y permaneció hasta 1999, en plena guerra de Kosovo. Aquel joven Sánchez era miembro del Gabinete del Alto Representante de la ONU en Bosnia y Herzegovina, el exministro español Carlos Westendorp. El mismo Sánchez que, ya como presidente del Gobierno, pisaba este sábado, 30 de julio, Sarajevo y Mostar. 25 años después. 

Los laterales de la Avenida de los Francotiradores, la que conducía al líder socialista hasta la sede de la presidencia del país, todavía mostraban, con sus inmuebles agujereados por los balazos y las bombas, las heridas de una guerra  salvaje y devastadora (1991-1995) que dejó 100.000 muertos y una Bosnia en ruinas. La contienda concluyó con los acuerdos de Dayton de 1995, que sirvieron para cimentar lentamente una todavía débil estructura nacional. El pacto, auspiciado por Estados Unidos, se asentaba en un modelo de delicados equilibrios, entre tres comunidades étnicas (bosniacos o bosnio-musulmanes, serbios y croatas) y dos entidades políticas dotadas de vastas competencias (la República Srpska, dominada por los serbo-bosnios, y la Federación de Bosnia y Herzegovina, de mayoría bosniaca). 

La tensión en los últimos años ha ido en aumento en el país, en buena medida por la voluntad de la República Srpska y del líder serbio, Milorad Dodik, de vaciar de poderes al Estado

Pero la tensión en los últimos años ha ido en aumento, en buena medida por la voluntad de la República Srpska y del líder serbio, Milorad Dodik, de vaciar de poderes al Estado, en abierto desafío también a la autoridad del Alto Representante para Bosnia y Herzegovina, el encargado de supervisar la implementación de los acuerdos de Dayton, puesto que desde agosto de 2021 ocupa el alemán Christian Schmidt. Las fricciones políticas, no obstante, no amenazan por ahora, según fuentes diplomáticas españolas, la estabilidad del país, garantizada por la presencia de la misión de paz europea (EUFOR), que pasó de 600 a 1.100 efectivos el pasado febrero, refuerzo que se debía no solo al deterioro de la seguridad global provocada por la invasión en Ucrania, sino también por la influencia de Rusia en la región, sobre todo en la República Srpska. España solo tiene desplegados a tres militares hoy en día, pero desde 1992 han participado en las misiones de la ONU, la OTAN y la UE 46.000 soldados, 23 de los cuales fallecieron. 

El enfrentamiento político era citado por Sánchez durante su reunión con los tres presidentes rotatorios de Bosnia y Herzegovina, el bosniaco Šefik Džaferović, el serbio Milorad Dodik y el croata Željko Komšić —la Jefatura de Estado es una institución colegiada por la que los tres presidentes dirigen el país durante cuatro años en turnos rotatorios de ocho meses— y también durante su comparecencia posterior, sin preguntas, con Džaferović. Pidió a los tres líderes “reducir la tensión”, “diluyendo la retórica actual que no contribuye a avances y regresando a la institucionalidad”, apostar “siempre por el diálogo” —“y ahí estará la comunidad internacional”—, y poner a la ciudadanía “por delante, pues es la beneficiaria de las reformas pendientes”. 

“Recorrer una milla extra”

Y es que Bosnia se asoma al bloqueo de cara a las elecciones legislativas y presidenciales del próximo 2 de octubre. Comicios, dijo el líder socialista, que deben desarrollarse “con normalidad”. Las dificultades de casar equilibrios y cuotas ha llevado a que desde 2018, desde las últimas urnas, haya sido imposible pactar un Gobierno en la Federación de Bosnia y Herzegovina.

Bosnia y Herzegovina, un país de complejos equilibrios en el que conviven tres pueblos constituyentes y dos entidades políticas, es el único balcánico que no goza del estatus de país candidato

Sánchez, como hiciera este viernes en Serbia y hará en los últimos días de gira que le quedan (en Montenegro, Macedonia del Norte y Albania), hizo un llamamiento a “acelerar las reformas” exigidas por Bruselas para la entrada en la Unión Europea, incluida la del sistema electoral y la que afecta al Poder Judicial. Aunque se han producido avances, los bosnios deben “recorrer una milla extra”. 

Bosnia y Herzegovina es el país balcánico que acumula más retraso en su adhesión al bloque comunitario. Es el único de los cinco, de hecho, que no goza del estatus de país candidato. Solicitó su ingreso en la UE en 2016 y Bruselas le marcó 14 prioridades para, una vez cumplidas, arrancar las negociaciones de adhesión. Sánchez defiende que se acometan las siete reformas más importantes para que se les conceda la condición de Estado candidato. En cualquier caso, la previsión de una pronta incorporación parece hoy poco próxima.

El jefe del Ejecutivo, ante Džaferović, volvió a manifestar su apoyo “total y rotundo a la región” y en el caso de Bosnia, su voluntad de “transformar el legado ya histórico en iniciativas para el progreso democrático y económico del país”. Su “firme compromiso con la perspectiva europea” del país, de los Balcanes. España, continuó, presta su “absoluto respaldo” a que sea candidato a la entrada en el bloque comunitario, y es un “país amigo” que defiende la “integridad territorial” de Bosnia. Un subrayado pertinente frente a los amagos de secesión y que el viernes también repitió en Belgrado, en este caso para apuntalar que España sigue sin reconocer la independencia unilateral de Kosovo. 

Intensificar las relaciones

Džaferović definió a España como “gran amigo” de Bosnia y agradeció a Sánchez que apoyara el “camino europeo” de su país en el último Consejo Europeo, en junio, y que reivindicara la soberanía e integridad territorial y que animara a las reformas. Bosnia espera que con la presidencia española de la UE, que arranca en el segundo semestre de 2023, sirva para acelerar los ritmos. Y que asimismo sirva para intensificar las relaciones económicas y comerciales entre los dos países, porque las políticas son “perfectas, geniales”. De hecho, en el encuentro se analizó el interés de las empresas españolas para invertir en Bosnia y Herzegovina en ámbitos en los que son “líderes mundiales”, como la ingeniería, la construcción o las energías renovables. La balanza comercial es favorable a España y alcanzó los 116 millones de euros en 2021.

La antigua Biblioteca de Sarajevo fue bombardeada por los serbios en 1992. El fuego devoró más de dos millones de libros y documentos. Fue reconstruida con la ayuda española y reinaugurada en 2014

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Sánchez visitó a continuación la antigua Biblioteca de Sarajevo, sede hoy del Ayuntamiento de la ciudad, con la alcaldesa. El edificio fue bombardeado por los serbios en 1992 y las llamas devoraron más de dos millones de libros y documentos. España participó económicamente en la reconstrucción de la biblioteca, reinaugurada en 2014, coincidiendo con el centenario de la Primera Guerra Mundial, cuyo estallido se produjo a solo unos metros de allí, en el cercano Puente Latino, donde fue asesinado el archiduque Francisco Fernando de Austria.

Por la tarde, y ya en Mostar, a orillas del río Neretva, el presidente rindió tributo a los 23 compatriotas fallecidos entre 1993 y 2008 acompañado del alcalde de la ciudad. El acto fue solemne y sobrio, y en el que estaban los dos únicos militares españoles de la EUFOR en suelo bosnio (el tercero está en el cuartel de Bélgica). Con el regidor Sánchez recorrió el casco histórico y también el puente medieval de un solo arco que fue destruido durante la guerra y posteriormente vuelto a levantar sobre sus escombros, símbolo hoy de la reconciliación nacional en el país. Sánchez llegó a la cima del Puente Viejo entre docenas de curiosos: este fin de semana se celebra el concurso de saltos sobre el Neretva, una tradición de más de cuatro siglos. Pero justo al paso de su comitiva no hubo quien se lanzara 24 metros abajo, hacia el río. El siguiente lo hizo a los pocos minutos. El jefe del Ejecutivo cerraba allí su jornada. El domingo continúa por Podgorica y Skopje. La última estación, Tirana, el lunes.

El iliberal Vučić se vuelca con Sánchez

España es considerada un "gran amigo" de los países balcánicos. El agradecimiento no solo está en las palabras, sino también en los gestos. Serbia se volcó en la visita del presidente, el viernes y el sábado. Pedro Sánchez fue recibido con honores en el palacio presidencial y, tras la reunión con el jefe de Estado, Aleksandar Vučić, y la comparecencia de ambos, fue agasajado con una cena en la que una cantante interpretó la canción de Luz Casal 'Un año de amor'. Toda la ciudad estaba engalanada con 3.000 banderitas españolas y con luminosos que anunciaban la visita del líder socialista. Para Belgrado, es clave tanto el hecho de que España siga sin reconocer Kosovo, que es concebido para Serbia como una parte nuclear y fundacional de su nación, como el apoyo que brinda a su integración en la UE.


Nunca un presidente del Gobierno español había puesto un pie en Serbia, pero tampoco en Montenegro, Macedonia del Norte y Tirana. Sí en Bosnia, aunque la última visita de alto nivel fue en 2012. La entrada de estos países en la UE está siendo complicada y lenta, por las reformas políticas que quedan por hacer y sus economías más frágiles. Además, los presidentes de Serbia, Aleksandar Vučić, y Montenegro, Milo Đukanović, son los que están demostrando más claramente tendencias iliberales, los que más flirtean con conductas autoritarias, algo que no gusta a Bruselas.