Las cuentas catalanas

Aragonès descarta eliminar impuestos en los presupuestos de 2023 pese a Junts

El 'president' se acerca a los 'comuns' y subraya la necesidad de mantener el tributo de sucesiones y patrimonio, pese a que la posconvergencia quiera suprimirlos

Los socios en el Govern exhiben su choque por la mesa de diálogo y el jefe del Govern dibuja un deshielo en dos fases

El ’president’ de la Generalitat, Pere Aragonès, y el vicepresidente Jordi Puigneró en el hemiciclo del Parlament.

El ’president’ de la Generalitat, Pere Aragonès, y el vicepresidente Jordi Puigneró en el hemiciclo del Parlament. / Mariona Puig / ACN

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Júlia Regué
Júlia Regué

Periodista

Especialista en información del Parlament de Catalunya, siguiendo la actualidad política catalana

Escribe desde Barcelona

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Portazo del 'president' de la Generalitat, Pere Aragonès, a cualquier retoque en la política fiscal y, concretamente, a la supresión del impuesto de sucesiones y a estudiar la eliminación del de patrimonio como requiere Junts per Catalunya. El jefe del Govern ha dejado claro este miércoles que su objetivo de cara a los presupuestos del próximo año es "consolidar" el actual modelo de fiscalidad, ni bajar ni subir impuestos.

En la última sesión de control antes del periodo vacacional, la líder de los 'comuns', Jéssica Albiach, ha tendido la mano a Aragonès para reeditar el acuerdo que salvó las cuentas de 2022 después del veto de la CUP, eso sí, con cuatro condiciones previas: cumplir a rajatabla lo ya acordado para este año, negociar desde el inicio -eso es, partir como socio prioritario y antes de que se repartan previsiones de fondos por Conselleria-, que las cuentas sean expansivas y una última a raíz del cónclave de la posconvergencia: que no se toque el impuesto de sucesiones ni de patrimonio porque permiten recaudar 1.400 millones de euros anuales.

"[La de Junts] Es una posición de partido que respeto, pero no está en el plan de Govern y tampoco es la mía. Los impuestos redistributivos se tienen que preservar, sobre todo en momento de crisis económica como la actual. Hace diez años se retiró [el impuesto de sucesiones] y se tuvo que recuperar porque ya se vieron las consecuencias", ha justificado el 'president', dispuesto a negociar con En Comú Podem las cuentas del próximo año y certificando así su primer acercamiento en público para alcanzar un acuerdo. Todavía más después de que los anticapitalistas se autodescarten como socios y apuesten por una enmienda total al Govern y con el PSC enfadado por la "insuficiente" obra de gobierno en Catalunya.

Las fases del diálogo

La sesión también ha servido al 'president' para exponer qué espera de la reanudación del diálogo entre gobiernos. Y ha dicho que aspira a lograr "revertir la arquitectura represiva" contra el independentismo a través de la mesa de diálogo. Quizá no en la reunión de la próxima semana en Madrid, pero sí gracias a una sucesión de encuentros. Así que no prevé levantarse de la silla pese a la ofensiva de Junts contra el deshielo.

Aragonès ha situado la 'desjudicialización' como la primera fase del "camino hacia la resolución del conflicto". "Cuando la parte antirepresiva quede avanzada, podremos afrontar la raíz del problema, la relación política", ha continuado, en lo que ha querido resumir como una segunda fase: "No será fácil, habrá muchas dificultades, pero estamos en la situación que estamos y no podemos perdernos en eso del cuanto peor, mejor".

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El jefe del Govern se ha sacudido los reproches y la ingenuidad que le achaca la bancada posconvergente tras haber certificado en su cónclave que no volverán a formar parte de la alineación catalana y que, además, harán cuanto puedan para finiquitar este espacio que nació de ERC, en negociación con el PSOE. Precisamente, Aragonès ha querido recordarles que no abandonará la mesa de diálogo porque fue una de sus promesas electorales en campaña, uno de los motivos de su elección por el pleno y el primer punto del acuerdo de legislatura que firmaron ERC y Junts.

El líder de la posconvergencia en la Cámara, Albert Batet, le ha afeado que continúe en la mesa cuando "no hay predisposición real a la negociación" y cuando el presidente del Gobierno Pedro Sánchez "no aporta soluciones" para la amnistía y la autodeterminación. "Si hay una mínima posibilidad de resolver el conflicto, ahí estaré", ha zanjado el 'president'.