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Jordi Sànchez: adiós al camaleón que quiso poner orden en Junts

  • El secretario general de JxCat tira la toalla incapaz de llevar al partido a posiciones de centralidad

  • El paso a un lado deja al descubierto la necesidad de lograr un liderazgo y una estrategia unificados

El secretario general de Junts per Catalunya, Jordi Sánchez , durante la celebración del Consell Nacional en Alcarràs

El secretario general de Junts per Catalunya, Jordi Sánchez , durante la celebración del Consell Nacional en Alcarràs / EFE/ Ramón Gabriel

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Fidel Masreal
Fidel Masreal

Periodista

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Jordi Sànchez lo deja porque está harto. Nadie lo dirá abiertamente, pero esta es buena parte de la verdad. Y no solo es una cuestión política, sino personal. Sànchez es un hombre con mil caras, bregado en las maniobras políticas desde hace años, con una agenda envidiable, curtido en la cárcel y con credenciales de hombre de izquierdas pero pragmático. Lleva dos años al frente de un nuevo invento del 'expresident' Carles Puigdemont, llamado Junts per Catalunya. Y tira la toalla porque no se ha salido con la suya: crear un partido centrado, ordenado, que pelee con ERC por la centralidad del independentismo, lejos de las apuestas que él y tantos denominan mágicas, basadas en promesas de secesión a corto plazo, inviables y poco serias, según Sànchez, y condenadas a empequeñecer la apuesta por el Estado propio.

El todavía secretario general de JxCat sabía que esta era una apuesta difícil, que requería tiempo. Pero ha tirado la toalla porque no puede más. La lista de choques internos entre el pragmatismo y la retórica inflamada es muy larga y siempre se ha saldado a favor de los irredentos, encabezados por la presidenta del Parlament y excandidata a presidenta de la Generalitat, Laura Borràs, abanderada de una política de desafíos. Desafíos que, luego, la realidad desmiente, como su acatamiento en el 'caso Juvillà', el intento de bloqueo de la avenida Meridiana de Barcelona o el rechazo a pactar nada con el PSC pese a gobernar juntos la Diputación de Barcelona.

La eterna disyuntiva

Sànchez lo ha intentado. Se ha peleado mucho. Ha maniobrado, ha tratado de mantener el aval de Puigdemont, ha usado su larga lista de contactos. Pero ha perdido, si bien en un hombre como él lo de perder se ha de poner siempre en condicional. La última derrota ha sido no menor: un pacto trascendente para actualizar el consenso en torno a la inmersión lingüística del catalán.

La cuestión de fondo sigue siendo la misma desde hace dos años: o Junts es un partido de gobierno, con vocación mayoritaria y por tanto abierto a distintas sensibilidades, al pacto, a dar respuesta a la complejidad social con un mensaje maduro y complejo, o es una organización de activistas que busca por encima de todo lo mencionado buscar un momento propicio para volver a generar una fractura con el Estado por cualquier vía salvo la violenta. Esta es la cuestión. Y en este dilema, Sànchez está en un lado de la trinchera y Borràs, en el otro.

El anverso oscuro

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Este retrato de Sànchez tiene su anverso, según los críticos: un hombre con dobles discursos, que maniobra constantemente, desconfiado y con dificultades para cohesionar equipos. "Es inteligente, pero juega solo", resume un miembro del Govern. Y, ciertamente, en dos años, Sànchez ha acumulado puñales. Sectores que entre ellos no congenian han hallado un punto de encuentro en el adversario común: el secretario general. Le afean que haya decidido cuestiones clave como el pacto de Govern con ERC.

Sànchez, sí, da un paso al lado. Pero es una jugada que deja ahora al descubierto el gran interrogante de Junts: ¿quién manda en el partido? Veremos si Borràs o el exconvergente Jordi Turull, el señalado por todos como sucesor, saben poner orden y rumbo claros y viables frente al gran adversario: una Esquerra que les ha superado en las urnas.