Guerra interna en el PP

Perfil de García Egea: ¿Qué pasa contigo, Teo?

El secretario general del PP es el muñidor de la estrategia que ha convertido a su amigo Pablo Casado en perdedor en su choque con Isabel Díaz Ayuso

Teodoro García Egea, durante la rueda de prensa del jueves pasado, cuando anunció el expediente a Isabel Díaz Ayuso.

Teodoro García Egea, durante la rueda de prensa del jueves pasado, cuando anunció el expediente a Isabel Díaz Ayuso. / David Castro

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Ángel Montiel

¿Cómo van las cosas, Teo? «A tope». Es su latiguillo, hasta tal punto que es el que utilizan sus imitadores. Teodoro García Egea. el ya exsecretario general del PP, siempre va a tope. Vital y optimista, cargado de energía y con una agenda en la que se alternan su trabajo político y las mil aficiones que despliega por tierra, mar y aire. Porque también está en forma y tan pronto escala una montaña como rodea a nado una isla o se reta a sí mismo en carreras de bicicleta. En su ‘vida deportiva’ ha tenido solo un mal día, o mejor dos: aquellas ocasiones en que en años consecutivos se convirtió en campeón de España de lanzamiento con la boca de huesos de aceituna cultivadas en su pueblo, Cieza, competición que se celebró primero en esa localidad, después en la capital murciana y hasta en una ocasión en Estados Unidos. Fue en su primera juventud, pero la hazaña lo ha perseguido hasta ahora en boca de sus críticos para caricaturizarlo y a los caricaturistas de oficio les ha ofrecido un recurso indescartable. Su bestia negra, Jiménez Losantos, se refiere con frecuencia a esta habilidad del ciezano, y éste, que nunca pierde el humor por esa causa, le envió en una ocasión un tarro de aceitunas, que el locutor entendió como ‘un intento de comprarlo’. 

Toda esa hiperactividad no le hace descuidar la vida familiar; hace pocos meses tuvo su tercer hijo, y presume de padrazo. Además, es un fanático de los ‘gadgets’ tecnológicos (es licenciado en Telecos), y un manitas para manejarlos tanto en su trabajo en la política como en sus ratos de ocio. El tiempo es, para él, un chicle que se puede estirar hasta el infinito, como saben bien los periodistas que reciben respuestas a sus mensajes de Whatsapp a las cinco de la madrugada, y parece gozar del don de la ubicuidad: en una misma mañana puede ser entrevistado en directo por tres cadenas distintas de televisión que lo localizan en otras tantas provincias españolas. Teodoro nunca duerme ni permanece quieto. 

Alguien con esa suficiencia presenta mucha confianza en sí mismo, y suele imponerse de manera natural a los demás. «Lo ha dicho Teo», se suele argumentar en el PP de Murcia como timbre de autoridad. Pero esta cualidad es también posiblemente la que, entrando en horas bajas, se haya vuelto contra él.  

"Si no te lanzas tú, me lanzo yo"

Su irrupción en la política se produjo con cierta modestia. El PP del murciano Ramón Luis Valcárcel lo incorporó como número siete a una lista de diez elegibles por su región al Congreso de los Diputados. Iba de relleno, pero resultó elegido, pues hubo un tiempo en que los populares en Murcia no tenían techo. Antes había ocupado algún cargo discreto relacionado con la gestión del medio ambiente, pero desde que saltó a Madrid descubrió que su vocación era la política nacional. Cuando Pedro Antonio Sánchez fue elegido presidente del PP en Murcia sorprendió que no fuera incluido en la dirección regional. «A Teodoro lo necesito en Madrid», pretextó el nuevo líder autonómico. Y es que, en efecto, Teodoro progresaba en la capital del Reino, después vimos que muy adecuadamente, entre la nueva hornada que se iba prefigurando en el entorno de los dirigentes más veteranos, e hizo buenas migas con Pablo Casado en una amistad que rebasaba la coincidencia política. 

Con la caída de Rajoy llegó su momento. Siempre ha presumido de que fue él quien animó a Casado a presentar su alternativa: «Si no te lanzas tú, me lanzo yo». Le han hecho reportajes sentado en el banco de una plaza de Madrid donde tuvo lugar esa conversación. Nunca ha escondido que Casado y él son 'todos para uno y uno para todos'. 

En el entreacto de las primarias del PP, Teodoro había establecido, más que discretamente, sus redes. No se puso a portagayola. Tenía el factor sorpresa a su favor. Reventó el aparato de María Dolores de Cospedal, que había minado, y lo puso de su parte, así como supo frenar la corriente en favor de Sáenz de Santamaría, capitaneada discretamente por el propio Rajoy. En la sede regional del PP en Murcia, la diputada Isabel Borrego, comandada por él, y debe ser un caso más, llamó a media España a fin de conseguir adhesiones para Casado; dicen en el PP murciano que debe haber sido la factura telefónica más costosa de la historia del partido, pero rindió sus frutos. De pronto, Casado, un recién llegado para competir en la Primera División, comprobó que tenía ‘aparato’ en casi todas las provincias. El que para él improvisó Teodoro. A tope.  

Uña y carne

La pareja es uña y carne, y por eso cuesta tanto creer que pueda romperse. El líder perdería su sombra. Han venido jugando al bueno y al malo: Casado, la cara amable, y Teodoro el muñidor entre bambalinas, pero sin renunciar al protagonismo político en primera línea. Cuando tomó plaza de secretario general, le pregunté si un ‘jovencito’ como él se sentía autorizado a dar órdenes en un partido en el que primaban las baronías, los poderes asentados, y en el que muchos con mando en plaza habían sido proclives a Sáenz de Santamaría, y respondió con plena convicción que el liderazgo de Casado era sólido, que sus victorias lo consolidarían y que las voces críticas se irían apagando por la fuerza de los hechos.  

Pero, de pronto, en un fatal instante, el ‘caso Ayuso’ parece haber parado en seco tanta hiperactividad y tanto optimismo biológico. La crisis interna del partido ha dejado ver que García Egea tiene pocos amigos y hasta la prensa adicta ha pedido su dimisión desde el minuto uno. Ni una sola voz relevante se ha levantado en su favor, incluso entre las que critican también a la presidenta de Madrid, y solo ha encontrado consuelo en el presidente murciano, Fernando López Miras, cosa lógica además de por paisanaje, pues Teodoro es su protector, su promotor y hasta su director estratégico.  

Soledad

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¿A qué se debe esta soledad? El propio Teodoro, que de las claves de desenvolvimiento en la vida política parece saberlo todo, podría explicarlo. En una guerra, el primero que cae es el escudero, sobre todo si ha jugado fuerte en favor de su caballero. Tiene que haber una víctima para que Casado, si todavía es posible, sobreviva. Más aún si la solución es que, superando el factor humano, Casado y Ayuso pacten forzadamente la paz. Y, tal vez, Teodoro regale su propia cabeza como un último sacrificio en el altar de la concordia. Pero lo difícil es suponer que el líder pueda acomodarse a una situación en que el ciezano no esté ahí para dirigir sus pasos y, lo más importante, para pararle los golpes. 

¿Cómo van las cosas, Teo? «A tope». Pero a tope de topetazo.