Sesión de investidura en el Parlament

Aragonès tiende puentes con Junts con la promesa de culminar el 'procés'

Pere Aragonès en su sesión de investidura en el Parlament./EFE/Alberto Estévez/POOL

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Xabi Barrena
Xabi Barrena

Periodista

Especialista en información sobre el Govern de Catalunya, de ERC y en el seguimiento de la actualidad del Parlament.

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Sin querer ofender a sus renovados socios de Junts, ni ceder en lo que no había cedido durante tres meses de negociación. Sin citas a Karl Marx, ni un repaso extenso al pacto con la CUP, pero sin mentar al Consell per la República ni a lo que se hará a partir de 2023, cuando el independentismo verifique que la mesa de negociación con el Estado no da sus frutos. Pere Aragonès apeló este jueves al mínimo común divisor, por tanto, que es la voluntad de alcanzar la independencia y al deseo de transformar la Generalitat bajo el mando republicano.

Un segundo discurso de investidura, tras la sesión fallida de finales de marzo, en que prometió dibujar un “cambio de etapa” en Catalunya. Hasta por cuatro veces aludió a la “sacudida” que se precisa y que él quiere impulsar y que permitirá observar, dijo, "cambios de fondo y de forma desde el primer día". Un objetivo de fondo que se vehiculará con dos asuntos propios de la coyuntura social y político. “Con una mano lucharemos contra el covid y la crisis”, dijo desde el atril del Parlament, “y con la otra avanzaremos hacia la independencia”.

El republicano prometió luchar con una mano "contra el covid y la crisis" y con la otra, "avanzar hacia la independencia"

El presidenciable republicano calificó de “obsesión” personal la resolución del conflicto político. Una respuesta que él defiende que debe ir de la mano del ejercicio del derecho a la autodeterminación. “Lo de Escocia, lo quiero para Catalunya. Y el papel del Reino Unido, que lo adopte España”, aseveró trazando el inevitable paralelismo con Gran Bretaña, ahora que la ya reelegida presidenta escocesa, Nicola Sturgeon, presiona por la celebración del segundo referéndum de independencia.

El espejo escocés

“El Reino Unido trató de seducir a los escoceses. Y eso es que lo que quiero oír. Que el Estado nos explique por qué debemos seguir en España, qué propuesta tienen para nosotros. Y sobre todo que no tengan miedo a las urnas y, tampoco, miedo a perder”. Desde la trinchera de la “Generalitat republicana”, como ya bautizó hace semanas el Govern en manos de ERC, “el único límite será el de la voluntad popular expresada en las urnas”.

En este punto, Aragonès reiteró el concepto de "confrontación cívica y democrática" con el objetivo de hacer entender al Estado que toda solución "pasa por el referéndum y la amnistía" que ya usara el pasado lunes, en la presentación, en el Palau Robert, del acuerdo con Junts. Una aproximación léxica, sin duda, al marco de Junts y una prueba de que el republicano trató de orillar toda confrontación, esta sí, con sus socios. un guante blanco que mantuvieron el candidato y el portavoz puigdemontista, Albert Batet, en sus turnos de réplica.

La cuestión territorial tomó gran parte del protagonismo de su discurso, ya desde el inicio cuando sancionó, en la primera frase, que se presentaba ante el Parlament “sede de la soberanía de la nación catalana para hacer efectiva la independencia de Catalunya”. Pero quiso Aragonès darle un toque inclusivo, al señalar que gobernará “para todos”, poniendo “las periferias” en el “centro” y tratando de avanzar “como un solo pueblo”.

El candidato trató de no indignar a sus renovados socios de Junts, pero sin ceder en aquello en lo que no había cedido en tres meses

“Tan importante es llegar al objetivo”, dijo en referencia a la independencia, “como hacerlo todos. Porque todos aquellos que hoy rechazan la república catalana deben saber que la república catalana nunca les rechazará”.

Acuerdo nacional por la amnistía

Anunció la puesta en marcha de una acuerdo nacional para la autodeterminación y la amnistía “para conseguir que Catalunya se siente en la mesa de negociación” con el Gobierno central como un “solo pueblo”. En esta línea, y soslayando la extraña maniobra de ERC con los ‘comuns’, en el proceso de negociación con Junts, tendió la mano “ a los que más pronto que tarde nos vamos a tener que entender para pedirles su apoyo”, o al menos “que no se opusieran a su investidura” en nombre de una “visión común del progreso de este país y del compromiso con la soberanía y la amnistía” que ambas fuerzas realizan.

Por la respuesta que dio Jéssica Albiach, tras la intervención de Aragonès, parece que la seducción no se completó. La líder de los 'comuns' en el Parlament tildó de "triunfalista" la intervención del republicano y que prometía "más de lo mismo", por lo que no entendió que Aragonès tendiera la mano sinceramente "sino que ha sido una puesta en escena".

El discurso del 26 de marzo

Este explayarse en la cuestión independentista obedeció, también, a la declarada vigencia del discurso, en cuanto a las cuestiones más sociales, hizo el 26 de marzo y que se sustentaban en el acuerdo alcanzado pocos días antes con la CUP. Una forma de decir que el pacto con Junts no modifica ni un ápice su propuesta, por ejemplo, de plan de rescate inmediato de 700 millones, ni la prometida gratuidad de la escolarización de la etapa entre los 0 y 3 años. Una forma de decir, por tanto y en conclusión, que la investidura podía haberse hecho, ya, hace dos meses.

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La bandera democrática, ejemplificada en la amnistía y la autodeterminación, y que también abarca la transparencia y “la voluntad de rendir cuentas” es una de las cuatro banderas que enarboló Aragonès para explicar esa “sacudida” que promete.

La segunda es la del progreso, la garantia de “hogar y empleo, de salud y educación y de un nuevo modelo económico. La tercera es la feminista, “para destrozar cualquier ‘techo de cristal’ de las mujeres. Y la última, la verde, “para revertir el cambio climático, promover la economía verde y un cambio de cultura”.