La decadencia naranja

Arrimadas resiste pese a que Ciudadanos toca fondo

  • La líder no logra contener la caída libre de la formación, pero su círculo la arropa achacando los resultados a la herencia de Rivera

  • En las filas naranjas no esconden su preocupación por una nueva desbandada de cargos al PP tras la victoria incontestable de Ayuso

Inés Arrimadas durante la reunión del comité permanente de Ciudadanos.

Inés Arrimadas durante la reunión del comité permanente de Ciudadanos. / José Luis Roca

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Júlia Regué
Júlia Regué

Periodista

Especialista en información del Parlament de Catalunya, siguiendo la actualidad de Cs, PP, Vox y CUP

Escribe desde Barcelona

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En el cuartel de Ciudadanos encajan otra derrota electoral sin precedentes que les condena al ostracismo en la Asamblea de Madrid. La odisea de los naranjas continúa, pero Inés Arrimadas se resiste. Más, si cabe. "Cs no va estallar", censura un dirigente del partido que se ha volcado en la campaña electoral madrileña. Los escuderos de la 'lideresa' naranja le quitan responsabilidad alguna porque "no puede pagar por los errores del pasado", léase los volantazos de Albert Rivera, y alegan que está imprimiendo su propio sello recuperando el espacio de centro: "Cs vuelve a ser un partido bisagra y estamos pagando por ello, pero, a la vez, estamos consolidando nuestro proyecto", justifica una voz del partido que descarta cualquier dimisión. "Es un camino largo y no podemos pensar que cada competición electoral es un ‘match ball’", remacha. 

"Todos apesadumbrados", asevera una persona que puso su grano de arena para que Cs naciera hace ya más de 15 años. Desde el 2019, la fuerza política está sumida en una profunda crisis y no levanta cabeza. El primer golpe fue el batacazo electoral de las generales del 10-N (donde pasaron de 57 a 10 diputados), seguido por el fiasco en Galicia y en Euskadi, la pérdida de 30 diputados en el hemiciclo catalán (quedándose con tal sólo seis), y el revés de la moción de censura fallida en Murcia; hasta la desaparición en la Asamblea de Madrid. Lo que está en entredicho es ni más ni menos que la supervivencia del partido, herido de muerte.

En la reunión del comité permanente, Arrimadas ha destacado que apenas lleva un año en el cargo frente a la petición de los críticos, que toma fuerza, de convocar un congreso cuanto antes. La líder ha anunciado un 'tour' por las 17 comunidades autónomas para arropar a la militancia hasta una convención política que se celebrará en julio y ha designado la incorporación de dos vicesecretarios, Edmundo Bal y Daniel Pérez, en la dirección. "Es el momento de relanzar el espacio de centro liberal, de concordia, reformista. Es más necesario que nunca", ha defendido, achacando el mal resultado a la "crispación" y a la "polarización".

Un campaña en clave interna

Varias fuentes destacan que, pese al hundimiento madrileño, la contienda electoral ha servido para exhibir una vuelta a las esencias, que se apoya en la participación de dirigentes que pasaron a segundo plano por discrepancias con Rivera, como el eurodiputado Javier Nart, o el exmiembro de la cúpula, Toni Roldán.

“Esta campaña ha sido como una especie de propuesta interna para fortalecer al partido”, apunta una voz conectada a la dirección nacional, “se evidencia una transición, una evolución del espacio ideológico hacia la moderación”. Y aquí tiene un papel fundamental el candidato, Bal, quien, pese a sus reticencias, terminó siendo el recambio de Cs para intentar contener una catástrofe electoral que las encuestas ya auguraban inevitable.

El exabogado del Estado no dejó su escaño en el Congreso de los Diputados, por lo que mantiene el acta y gana enteros en el estrecho círculo de Arrimadas. En las filas naranjas celebran que su talante “marca precedente” porque es “mucho más afable y noble” que otros postulantes en la cantera. Aunque el ‘Yes, we Bal’, a lo Barack Obama, no convenciera al electorado para rebasar la barrera del 5%. 

La absorción del PP

Cs ha imprimido una estrategia de distensión en una campaña totalmente crispada y con el fin de despegarse de Vox, a quien ha necesitado para gobernar junto a los populares. Bal evitó el cuerpo a cuerpo con Isabel Díaz Ayuso pese a la OPA anunciada por el PP con el fin de absorber dirigentes al ver que el partido se asomaba al abismo. Una estrategia de desgaste que se incrementará tras el 4-M gracias a la agenda de contactos del exsecretario de organización de Cs, ahora en el PP, Fran Hervías.

“Somos conscientes del espacio que tenemos y de que la polarización nos afecta dando más o menos juego. Tenemos que mostrarnos como un partido que es la alternativa a los extremos”, opina una fuente que, a su vez, no esconde su preocupación por el hecho de que la victoria histórica de Ayuso provoque una nueva desbandada de cargos al PP.

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El sector crítico, que ha cerrado filas con Bal en campaña, lamenta que Cs se liquide. “Un partido centrista como es Cs, con lo que costó montarlo y llegar hasta donde hemos llegado, no podemos dejar que se funda como un azucarillo”, lamentan. Pese a insistir en que Arrimadas debe tomar decisiones, celebran que las siglas naranjas hayan virado de nuevo al centro.

La pérdida de poder territorial, y de dos gobiernos autonómicos -Murcia y Madrid-, es "desalentador". El Congreso de los Diputados es ahora decisivo para que Arrimadas evite la desaparición de la formación. Cs tiene dos años para recomponerse si no quiere desaparecer del mapa político español. El 2023, con elecciones generales y municipales en el calendario, será un ciclo definitivo.