Horizonte: las municipales del 2023

Cs y PPC se centran en fortificar su poder territorial tras la debacle del 14-F

El líder de Cs, Carlos Carrizosa, y el dirigente del PPC, Alejandro Fernández, en una foto de archivo.

El líder de Cs, Carlos Carrizosa, y el dirigente del PPC, Alejandro Fernández, en una foto de archivo. / Ferran Sendra

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Júlia Regué
Júlia Regué

Periodista

Especialista en información del Parlament de Catalunya, siguiendo la actualidad de Cs, PP, Vox y CUP

Escribe desde Barcelona

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En los cuarteles de Ciutadans y el PPC todavía duele la debacle electoral del 14-F, pero las cúpulas se sobreponen. Ambos partidos trazan ya la estrategia para evitar que la próxima contienda agendada en Catalunya, las municipales del 2023, aminore su poder territorial. Dibujan este horizonte conscientes de que el calendario político siempre está abierto a sobresaltos y pendientes de que cuaje un nuevo Govern y de que no implosione el Ejecutivo central antes de lo previsto.

Los naranjas, según fuentes del partido, han lanzado ya su plan estratégico para coordinar la estrategia municipal atendiendo a la realidad de cada localidad. Carlos Carrizosa se ha implicado personalmente con las agrupaciones oficiando un 'tour' por varias localidades catalanas en las cuatro provincias. El jefe de filas aprovechó los encuentros para mimar a los militantes tras el duro revés sufrido por el fracaso de la operación Murcia y ante la desbandada de cargos. "Nuestra prioridad ahora es reconectar con el poder local, estar más presentes en la calle", defienden desde Cs.

Su implantación, con 238 ediles pero sin ninguna alcaldía, se reparte en ciudades con más de 10.000 habitantes, sobre todo, situadas en el litoral catalán, siendo la Catalunya interior una de sus principales debilidades. Comparten objetivos con el PP que con sus 67 concejales -pero con la alcaldía de Badalona y Pontons- buscan hacerse fuertes en Girona, en Lleida y Terres de l'Ebre. "No tenemos un problema de estructura, tenemos vertebrado el partido, lo que nos cuesta es superar la barrera electoral del 5%", subrayan fuentes del PPC. Alejandro Fernández estrena nuevo escudero para conseguirlo: el exdiputado Santi Rodríguez, que se ha convertido esta semana en secretario general de la formación tras la marcha de Daniel Serrano, imputado por agresión sexual a una compañera de partido.

Pulso por el liderazgo

Pese a que Catalunya no es el principal escenario de las disputas entre estos dos partidos, en plena guerra tras la moción de censura murciana, ambos se rearman para fortificar su poder territorial. El fichaje de Lorena Roldán, ganadora de las primarias de Cs en Catalunya, y de la mano derecha de Manuel Valls en el Ayuntamiento de Barcelona, Eva Parera, fue el primer movimiento del PP para lanzar un mensaje claro: la mudanza de "la casa grande del constitucionalismo". Pero la confesión de Luis Bárcenas se coló de lleno en aquella operación y dinamitó el empuje que el cuartel electoral del PP ansiaba, aunque Cs no sacó partido de ello en las urnas al perder 30 escaños.

Paradójicamente, la maniobra se calcaría después en toda España tras un error de cálculo de los naranjas que provocaría una cascada de bajas en las filas naranjas, algunas siendo 'altas' para el PP. Y es que los populares cuentan ahora con el exsecretario de Organización de Cs, Fran Hervías, quien cuenta con una agenda repleta de contactos desde 2014, cuando comenzó la exitosa vertebración de Cs en el territorio para dar el salto a la política nacional.

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"Catalunya es bastante excepcional. El PP es residual y a nivel municipal gobernamos con el PSC. Nuestra situación es bastante estable", opinan fuentes de Cs preguntadas por si temen que cargos locales acaben en las listas populares. "Piano, piano", responden desde el PP sobre si se nutrirán de ellos, pero subrayan que cualquier entrada no irá en detrimento de sus espadas municipales ya consolidadas. Es decir, será una inclusión "pacífica" a nivel interno, premiando la fidelidad de los veteranos.

La ciudad de Barcelona será una carpeta a parte, ya que el experimento local de situar a Josep Bou como candidato, ha provocado varios seísmos internos por sus salidas de tono y por erigirse como un alma libre en choque constante con la dirección. En el PP no descartan que acabe cumpliendo sus 'amenazas' y se pase a Vox.