27 sep 2020

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ANÁLISIS

Lo de Sánchez e Iglesias es necesidad, no amor

Analizar la relación de PSOE y Podemos desde la óptica del 'corazón' se ha hecho costumbre y oculta la estrategia política

El presidente necesita a los morados para seguir siéndolo y el vicepresidente estaría en peligro en su partido sin trabajar en Moncloa

Gemma Robles

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en un encuentro en Moncloa. 

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en un encuentro en Moncloa. 

La política española no está en sus momentos más brillantes (ni sencillos). Lo visto y oído en las Cortes en algunas sesiones de los últimos meses dista mucho, ¡pero mucho!, de estar a la altura de una crisis mundial de origen sanitario. La palabra "reconstrucción", que debió convertirse no en bandera, sino en obligado tatuaje de Gobierno y oposición, ha desaparecido del día a día. La covid, por desgracia, no. Los insoportables y vanos reproches de ida y vuelta entre los diputados, tampoco. El miedo a que el virus provoque un agujero social y económico de diámetro inimaginable, todavía menos.

Con ese panorama como telón de fondo conviven ­­-y convivirá si la realidad no les pasa por encima o el resto de socios no les dan la espalda- PSOE y Unidas Podemos en un Gobierno de coalición. Se está haciendo costumbre que las desavenencias y trampas (que también las hay) que tienen o se tienden socialistas y morados se cuenten y comenten desde la óptica del corazón, dejando a un lado la estrategia política. ‘Van a romper’. ‘No romperán su matrimonio’. ‘No durarán’. ‘Sí lo harán, ya se han perdonado’. Se han traicionado’. ‘No hay lealtad’. ‘No se hablan’. ‘Sí se hablan’.... hasta los propios protagonistas caen en ocasiones en la tentación de comentar públicamente alguna "discusión fuerte", para entendernos, de esas que todos hemos oído alguna vez a los vecinos sin necesidad de pegar oreja en pared.

Pero seamos realistas, aunque perdamos en morbo (ya lo siento por los aficionados): lo de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no es amor, siquiera desamor. Es pura necesidad para garantizar la supervivencia. ¿Sería el líder socialista presidente del Gobierno de España sin soportar las incomodidades por las que le hace pasar Iglesias?. No. ¿En qué situación estaría el jefe de Podemos si no hubiera entrado en el Ejecutivo a cambio de dejar parte de sus reivindicaciones clave en un cajón, observando la cascada de malos resultados que acumula elección tras elección?. Seguro que en un par de segundos, se responden.

Luchas monocolores

Llevamos décadas relatando discrepancias o hasta batallas que se han dado en Gobiernos monocolor. Felipe González y Alfonso Guerra dieron episodios gloriosos, por ejemplo. Y Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal llevaron su enfrentamiento hasta un punto que sigue teniendo consecuencias en el PP (noqueado ahora por el caso Kitchen), pese a que ambas están retiradas de la política.

No es muy creíble, con estos referentes a las espaldas, echarse las manos a la cabeza cada vez que dos partidos que cohabitan en Moncloa, por primera vez en democracia, airean diferencias. Se trata de un Ejecutivo con dos siglas (sin mayoría y que compiten por el mismo espacio político) que surfea una pandemia. Eso les obliga a inventar su presente y a olvidar, coyunturalmente, que sus líderes fueron capaces de forzar repetición de comicios antaño con tal de no gobernar juntos. ¿Es que se odiaban?. ¿Ahora se quieren?. ¡Qué esto no va de amor!. Y habrá coalición para rato. Supervivencia pura y dura, se llama.