30 mar 2020

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Emergencia sanitaria

Valentina y otros héroes anónimos del Congreso ante el coronavirus

La limpiadora que desinfectó la tribuna se convierte en símbolo de los trabajadores que hacen posible los plenos

"Nuestra preferencia sería que el próximo pleno fuese telemático", señala un ujier

Miriam Ruiz Castro

Valentina, ujier en el Congreso, desinfecta el atril tras una intervención de Pedro Sánchez, el 18 de marzo.

Valentina, ujier en el Congreso, desinfecta el atril tras una intervención de Pedro Sánchez, el 18 de marzo. / MARISCAL / EFE

Pasaban unos minutos de las 10 de la mañana cuando Valentina Cepeda, ataviada con mascarilla, guantes y una bayeta, hizo su primera aparición. A la ya de por sí inusual estampa de un Congreso casi vacío, con poco más de tres decenas de diputados, se sumó la de la mujer, que limpió con ahínco la tribuna de oradores después del discurso del presidente del Gobierno. Su aparición fue histórica, y no solo por las atípicas medidas de higiene que exige la pandemia de coronavirus que ha confinado España, sino porque durante el pleno solo pueden estar dentro del hemiciclo ujieres, diputados, letrados y taquígrafos. Pero en esta época de primeras veces, también es nueva una crisis sanitaria de esta envergadura.

Nunca antes Valentina había recibido un aplauso por hacer su trabajo. Y eso que lleva 29 años siendo limpiadora del Congreso. “Gracias Valentina, y por extensión quiero agradecer a todos los trabajadores y trabajadoras del Congreso su presencia hoy aquí para poder celebrar este pleno”, le dijo Pedro Sánchez. Como ella, otros trabajadores de la Cámara Alta acudieron la semana pasado a su puesto. Y volverán a hacerlo este miércoles, cuando el pleno se reúna para autorizar la prórroga de un estado de alarma que afecta a todos salvo a los imprescindibles. Los que tienen que seguir acudiendo a sus puestos. Una taquígrafa, el equipo jurídico, dos fotógrafos, seis ujieres, encargados de medios audiovisuales e informáticos. Otros héroes anónimos como los que cada noche llenan los balcones de entusiasmo.

“Valentina es una curranta, le echa muchísimas horas a esta casa”, dice a EL PERIÓDICO Juan Díez, ujier del Congreso. Aunque el servicio de limpieza lo lleva una empresa externa, adjudicataria del contrato, el personal se subroga por una cuestión de seguridad. “Hacen turnos porque hay mucha menos gente en el Congreso. Van completamente protegidas, con mascarillas de las buenas, y aplican productos que antes no aplicaban para limpiar las superficies”, explica el también delegado sindical.

La Cámara extrema las medidas de seguridad y ha aprobado un plan de actuación, pero entre la plantilla hay algunos trabajadores inquietos, sobre todo después de que varios diputados dieran positivo por Covid-19. “Ana Pastor u Ortega Smith son diputados que están todos los días en el Congreso y echan muchas horas. Han estado aquí durante un tiempo, en contacto con el personal de la casa. Es un poco extraño”, señala Díez.

“El grupo parlamentario de Vox anunció que se pondría en cuarentena y todos los días hay trabajadores de Vox en la Cámara, porque introducen cosas en el registro general. Y a algunos compañeros sí que les produce cierto resquemor”. Aunque entre los trabajadores también los hay han pedido trabajar voluntariamente. “Nos han dicho que o los dejamos trabajar o les da un parraque”, bromea. 

Para el pleno de este miércoles, el operativo será similar al anterior. Se fijan unos servicios mínimos que, inevitablemente, suponen más personal que un día normal. Porque el Congreso siempre permanece abierto y un ujier se encarga de “vigilar la casa”, como la llaman los trabajadores, por si “se rompe una tubería o pasa algo en el techo” los 365 días del año. Pero ahora la gran mayoría de la plantilla está teletrabajando. “Como en todas las administraciones, la situación ha pillado un poco de nuevas. No es que no hubiese la infraestructura sino que no estaba activada”, dice Díez. 

Sin pleno telemático

El Reglamento del Congreso no contempla que haya plenos no presenciales. También lo impide la sentencia con la que el Tribunal Constitucional vetó la investidura telemática que pretendía Carles Puigdemont. Pero en tiempos tan excepcionales son varios los que abogan por interpretar con mayor flexibilidad las normas. El voto será telemático con carácter general, como anunció la presidenta, Meritxell Batet, y desde Ciudadanos, Inés Arrimadas (embarazada de ocho meses) pedía que lo fueran también las intervenciones. 

También coinciden los trabajadores: “Nuestra preferencia sería que el pleno fuese telemático, obviamente sí, porque expone menos al contacto con terceras personas”, explica Díez, que además señala que pueden venir diputados de otras circunscripciones y “no parece procedente, por muy representante del pueblo que seas”.

El ujier también explica que si por motivos jurídicos los puntos deben defenderse de forma presencial, si se cumpliera estrictamente habría menos diputados de los que hubo el pleno pasado: “un portavoz de cada grupo y quizás solo el presidente del gobierno”. “En el pleno del miércoles tiene cinco puntos, por once grupos, estaríamos hablando de 33 diputados. Aunque es menos del 10%, sigue pareciendo un poco extraño estando como está la situación”, insiste.

Mesa y Junta de portavoces acordaron suspender la actividad parlamentaria “hasta nuevo acuerdo”, pero los trabajadores tendrán que seguir yendo a “cuidar de la casa”. Y a desinfectar la tribuna en los días de pleno. Pero ahora serán un poco menos invisibles.