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EL DEBATE DEL 10-N

El debate electoral: Advertencia general al independentismo

Todos los candidatos salvo Iglesias defienden medidas más duras ante el desafío territorial

Sánchez plantea recuperar el delito de convocatoria ilegal de referéndum, derogado por el PSOE

Juan Ruiz Sierra Pilar Santos

Los cinco candidatos a las generales, justo antes del comienzo del debate. 

Los cinco candidatos a las generales, justo antes del comienzo del debate.  / JOSÉ LUIS ROCA

El primer y único debate de esta campaña electoral tuvo la crisis territorial como principal protagonista. Era algo que se daba por sentado, después de los disturbios en las calles catalanas a raíz de la sentencia sobre el 'procés' y la tibieza de Quim Torra con los violentos. También era previsible que los tres candidatos de la derecha, Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal, cargaran como hicieron este lunes contra Pedro Sánchez por su presunta falta de firmeza con el independentismo. Lo que no se esperaba es que el líder socialista sorprendiera con una medida que hasta ahora habían defendido el PP y Cs: recuperar el delito de convocatoria de referéndum ilegal. Todos, salvo Pablo Iglesias, coincidieron en advertir al soberanismo de que vienen medidas duras tras los comicios.   

La cita televisiva llegó en unas circunstancias incómodas para la izquierda. Los incidentes en Catalunya han dado alas a la derecha, en contra de lo que pronosticaban los asesores de Sánchez, y las escenas vividas momentos antes del debate en Barcelona, donde Felipe VI y la princesa Leonor entregaron los premios Princesa de Girona mientras cientos de personas protestaban en la calle y quemaban fotos del Monarca, hicieron que Casado, Rivera y Abascal cargaran con todo contra el presidente en funciones. Los socialistas esperaban un cuatro frente a uno, con Iglesias atacando por el flanco social y acusando a Sánchez de tener "complejos" frente a la derecha en el ámbito territorial. Y así fue, dando muestras de que los socialistas y los morados están, si cabe, todavía más distanciados que en septiembre, cuando no lograron un acuerdo para investir a Sánchez.

El presidente en funciones intentó zafarse de ese cuádruple placaje defendiendo una salida política al conflicto catalán, pero también recurriendo al Código Penal. No es solo que la propuesta de recuperar el delito de referéndum ilegal en el Código Penal no aparezca en el programa electoral. Ni que fuera el PSOE el que lo derogó en el 2005, con José Luis Rodríguez Zapatero en la Moncloa. La sorpresa vino, también, porque hace solo nueve meses, el pasado 19 de febrero, los socialistas rechazaron en el Congreso esa misma medida, que entonces apoyaron el PP y Cs. Pero ahora el tono de Sánchez con el independentismo es otro.   

La baldosa

"Usted no está aplicando la ley y depende de los votos de los independentistas", le dijo Casado a Sánchez. Rivera, muy dado a estos gestos, sacó un trozo de una baldosa de Barcelona para mostrar la reciente violencia en Catalunya y echó en cara al PSOE y el PP, al "bipartidismo", que cedieran competencias a la Generalitat. Abascal, siempre un paso más allá, propuso detener a Torra, ilegalizar "partidos golpistas" y suspender la autonomía catalana. "Con las propuestas más duras compitiendo entre los cuatro no vamos a ninguna parte", les dijo a todos Iglesias.

En lugar de atacar a los tres líderes de la derecha, Sánchez se esforzó en mostrar sus diferencias con el de Podemos, por defender el referéndum de autodeterminación y hablar de "presos políticos", mostrando así las dificultades que ambos dirigentes pueden tener para pactar tras los comicios. Si es que suman. Las encuestas muestran un escenario muy complicado de gestionar, en el que los únicos caminos posibles pasan por un entendimiento entre el PSOE y el PP o un pacto de los socialistas con los partidos a su izquierda, los nacionalistas y los independentistas. Los colaboradores de Sánchez, en cualquier caso, creen que solo puede crecer gracias al antiguo electorado de Cs y al elevado número de personas que aún no ha decidido su voto, un colectivo que según el último barómetro del CIS engloba a 7,5 millones de personas. Por eso esta cita, a solo seis días de las elecciones, era tan importante.

Rivera, el peor en las encuestas, buscó el cuerpo a cuerpo también con los candidatos de las derechas. Casado llegó a revolverse cuando el líder naranja le recordó la corrupción del PP. "Deje de arremeter contra quien no debería hacerlo", se quejó el presidente de los populares la primera vez. "Viene aquí a embarrar el terreno de juego", le dijo minutos más tarde a cuenta de los escándalos. A Abascal, Rivera le preguntó si para estar "contra los chiringuitos", como siempre dice el presidente de Vox, hay que cobrar primero "300.000 euros" de una fundación para el mecenazgo de la Comunidad de Madrid.  Sin embargo, ni el dirigente de Cs ni tampoco los otros candidatos entraron al trapo de las medidas extremas que el presidente de Vox lanzó sobre los independentistas catalanes, la inmigración irregular o los ataques contra el Estado de las autonomías, algo que Abascal buscó sin éxito.

La "derecha cobarde"

Los candidatos de izquierda se movieron con más comodidad en el bloque social, con Iglesias defendiendo medidas como la gratuidad de los dentistas y las escuelas infantiles, y Sánchez jugando a identificar a Casado y Rivera con Abascal por sus pactos en numerosas autonomías y su silencio frente a propuestas de la extrema derecha como ilegalizar el aborto y privatizar las pensiones. "Ustedes representan a la derecha cobarde ante una ultraderecha agresiva", dijo a los líderes del PP y Cs el presidente en funciones, que buscó presentarse como el único que puede gobernar. De ahí otros anuncios como la creación de una vicepresidencia económica, a cargo de Nadia Calviño, y de un ministerio para luchar contra la despoblación. 

Pero ni siquiera en esos momentos Catalunya dejó de planear sobre el debate. La crisis territorial estuvo presente durante toda la cita. Incluso en el bloque internacional. Ahí Sánchez, que pasa por su momento de mayor contundencia contra el independentismo, dijo: "Me comprometo a traer a Carles Puigdemont de vuelta a España y que rinda cuentas ante la justicia". Iglesias, el único que no competía en la liga de la dureza territorial, le recordó que "eso, en todo caso, corresponderá a los jueces".