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INVESTIGACIÓN

Puigdemont desoyó el último intento de mediación de Urkullu el día de la DUI

El lendakari mandó una propuesta 'in extremis' dos horas antes del pleno del 27 de octubre

Fidel Masreal / Xabi Barrena

Puigdemont y Urkullu en Palau, en junio del 2017

Puigdemont y Urkullu en Palau, en junio del 2017 / Julio Carbó

La carta que el lendakari Iñigo Urkullu envió a Carles Puigdemont a las 9.46 horas del viernes 27 de octubre del 2017 supone el último intento, a la desesperada, por impedir el choque de trenes que sucedió a la DUI y al 155. Urkullu había llegado ya a un acuerdo con Puigdemont, un par de días antes, pero con un punto débil: no había constancia escrita del compromiso de Mariano Rajoy de no aplicar el 155 si no se activaba la DUI.

El azaroso jueves 26, Puigdemont acabó con todas las elucubraciones de futuro con una comparecencia en la que descartó convocar elecciones. Ese es el motivo de la misiva, a la que ha tenido acceso EL PERIÓDICO, del presidente vasco a Puigdemont, pero también a Rajoy. Un mensaje que llega, asimismo, a los buzones de Pedro Sánchez, Marta Pascal y del presidente del PNV, Andoni Ortuzar.

Documento

La carta que Urkullu envió el 27 de octubre del 2017

La carta que Urkullu envió el 27 de octubre del 2017

“Con el debido respeto”, abre la carta Urkullu: “No podemos, ni debemos desistir”. Intento abrir un resquicio a la esperanza que evite el agravamiento de la situación…”. El tono demuestra la gravedad del momento.

Lo que propone Urkullu es introducir en el debate en el Senado sobre el 155 una enmienda en tres partes, siempre que hubiera un acuerdo previo entre el Gobierno español y el catalán.

El primer punto afirmaba que la “ejecución” del 155 se suspendería “en tanto en cuanto el Parlament, el Govern o el ‘president’ no declaren la independencia de Catalunya”.  El segundo apartado proponía que ambos ejecutivos “atendiendo a la voluntad social mayoritaria de búsqueda de entendimiento, son instados a iniciar sin demora un proceso de diálogo encaminado a la consecución de un pacto de convivencia que ponga fin al desencuentro presente”.

Finalmente, Urkullu proponía “la inmediata celebración de unas elecciones autonómicas, en la medida en que sus resultados permitirán conocer el sentir mayoritario de la sociedad catalana, así como su voluntad en torno a su futuro político”.

El tono de la misiva, en general, es bastante empático con la Generalitat. Así, el lendakari advierte de que aplicar el 155, tal y como lo estaba diseñando la Moncloa, podía derivar en “una grave conculcación de derechos fundamentales”. No en vano se iba a aprobar la medida atendiendo a una ilegalidad (la DUI) que aún no había acontecido.  

Movido por la convivencia

Con todo, no son los motivos legales los que empujan al del PNV a insistir en la mediación, sino “la convivencia”. “El recurso al 155 representa el fracaso de la política y su aplicación no solo no va a resolver nada, sino que va agravar aún más la situación de desencuentro y ruptura”. Urkullu “apela” explícitamente a Puigdemont y Rajoy  a que “por el bien de la concordia no invoquen ni apliquen las medidas planteadas”. Se trata, prosigue, de “no dejar en vía muerta la opción por el diálogo y la solución negociada”.

El texto finaliza con un ruego: “Abramos un momento de distensión”. Y prosigue: “Acordar no es claudicar, es un ejercicio de responsabilidad compartida. Finalmente, Urkullu señala que en ese momento, a escasas dos horas del inicio de la sesión que debía conducir a la DUI se estaba a tiempo “de abrir una oportunidad legal y democrática a la distensión y el diálogo”.

Con todo, el texto tenía el mismo problema que las propuestas anteriores y es que no generaba una garantía por escrito de que no se iba a aplicar el 155. Esa era la condición que Puigdemont había aceptado en el transcurso de la reunión del grupo parlamentario de JxCat para no acudir a la DUI. 

La suerte estaba echada. No hubo ni tiempo de considerar la propuesta de Urkullu. Poco antes del inicio de la sesión parlamentaria decisiva, Puigdemont llegó a sugerir a los miembros de su Govern que dimitiesen antes de proclamar la independencia en el Parlament para evitar consecuencias legales. "A estas alturas, President, no hagamos el ridículo" le espetaron ‘consellers’ del PDEcat y de ERC.