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UN AÑO DESDE SU ELECCIÓN AL FRENTE DEL PSOE

Examen a las promesas socialistas de Sánchez

El líder del PSOE ha cumplido a última hora la que fue su principal promesa en las primarias: echar a Rajoy y llegar a La Moncloa

Otros compromisos como la plurinacionalidad o unir al partido cierran el primer aniversario de su proclamación con pocos avances

Miriam Ruiz Castro

Pedro Sánchez, en el Comité Federal del PSOE.

Pedro Sánchez, en el Comité Federal del PSOE. / DAVID CASTRO

El primer aniversario de la victoria de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE llegaba en mayo sin que los socialistas tuvieran mucho que celebrar. Sánchez se había impuesto a Susana Díaz con varias promesas que estaban lejos de cumplirse. La primera de ellas, pedir la dimisión de Mariano Rajoy por ser “una manzana podrida en el cesto de la democracia”. Catalunya se atravesó en su camino y Sánchez acabó haciéndose la foto con el presidente del Gobierno para aplicar el artículo 155. Lo que no podía esperarse entonces es que, apenas unas semanas después, Sánchez celebraría el primer aniversario de su proclamación, justo este lunes, 18 de junio, como secretario general del PSOE desde la Moncloa.

“Hoy el reloj del PSOE y el de España marcan la misma hora. Hoy el PSOE pone rumbo a la Moncloa”, dijo Sánchez en su proclamación. Promesa cumplida. Aunque en ese mismo discurso —y muchas otras veces a lo largo de este año— desechaba la moción de censura que uno u otro partido le planteaba. “Hoy el cambio depende fundamentalmente de tres”, decía en alusión a Podemos y Cs. “Si continúan los vetos, pediremos a los españoles que con su voto hagan que el cambio dependa de uno: el Partido Socialista”. Sánchez ha llegado al Gobierno, pero no ha habido urnas de por medio, ni tampoco ha hecho falta el apoyo de Cs.

"Hoy el PSOE pone rumbo a la Moncloa", aseguró en su proclamación

Otra de las promesas que Sánchez ha cumplido en el tiempo de descuento es la de convertir al PSOE en alternativa al PP y primera fuerza en las encuestas. Nada más vencer en las primarias, el 'efecto Sánchez' aupó al PSOE en las encuestas: ganó 5 décimas en intención de voto en el primer barómetro del CIS que se publicó y se quedó a solo 4 de un PP que le sacaba más de 1 punto. Pero ese efecto se fue disipando, y los socialistas fueron perdiendo 2 décimas cada barómetro, hasta caer a la cuarta fuerza en el de abril. No ha habido nueva encuesta del CIS, pero todas las que han publicado los medios privados desde la moción coinciden en que el ‘efecto Gobierno’ coloca ahora al PSOE en primera posición incluso por delante del PP.

Los poderes para las bases

A Sánchez lo auparon las bases, y una de sus promesas fue darle más poderes. “Vamos a construir el PSOE de la militancia”, dijo. Y en el nuevo reglamento de Estatutos que vio la luz en el Comité Federal de febrero incluyó nuevos poderes para los afiliados, que tendrán la última palabra en los acuerdos postelectorales. No hubo enmiendas de las federaciones al texto de la dirección, pero no necesariamente fue un cierre de filas. Simplemente no era momento de dar la batalla. De hecho, hubo ausencias notables como la de la rival de Sánchez, la andaluza Susana Díaz, o quien presidió la gestora, el asturiano Javier Fernández. Meses después, volvieron a ausentarse en la Escuela de Buen Gobierno socialista, a la que tampoco asistieron Felipe González o Alfredo Pérez Rubalcaba. El líder del PSOE también prometió “coser el partido”, pero  las ausencias empañaron la foto de unidad pretendida.

Sánchez se proclamó líder del PSOE con un eslogan, ‘Somos la izquierda’, y basó su campaña en la premisa de que había que salvar al partido de la abstención al PP y volver a situarlo en la izquierda ideológica. El CIS pide a los encuestados que coloquen a cada partido político en una escala del 1 al 10 en la que 1 es la izquierda y 10, la derecha. En tiempos de la gestora, lo colocaban en el 4,59. Tras la victoria de Sánchez, se movió a la izquierda hasta el 4,27, pero en la última encuesta, de abril, volvió al 4,53.

Sánchez fijó a Podemos como su socio preferente y ha llegado a la Moncloa con sus votos

En esa estrategia de situarse a la izquierda, Sánchez fijó a Podemos como socio preferente. Después de que intentara la investidura de la mano de Ciudadanos, el líder del PSOE volvió a los mandos del partido con la idea de que había que crear una mesa de colaboración en el Congreso con su principal rival electoral, un "espacio permanente de trabajo" que acordaron en una reunión Sánchez e Iglesias un mes después de su reelección. Pero las discrepancias sobre la aplicación del 155 en Catalunya rompieron esa relación y el secretario de Organización, José Luis Ábalos, advertía en diciembre que con Podemos no tenían “ninguna sociedad”. La mesa de colaboración no se reunió nunca. Con la llegada al poder gracias a los votos morados, Iglesias y Sánchez han vuelto a sondear la posibilidad de impulsar iniciativas sociales conjuntas. El tiempo dirá si se ponen en marcha y Podemos se convierte en un aliado o en el peor "calvario" del Ejecutivo socialista.

La plurinacinalidad y la reforma de la Constitución

Vinculada también con Catalunya está la última gran promesa de Sánchez: plurinacionalidad y reforma de la Constitución para cambiar el modelo territorial. El estudio de esta reforma es el compromiso que aseguró haber arrancado al Gobierno del PP con la aplicación del 155, que la entonces vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, se encargó de enfriar días después porque no había “consenso”. Primero abandonaron la comisión que se creó en el Congreso Podemos y PDECat. Luego lo hizo también Cs, con Albert Rivera insistiendo en que “para legitimar la nación de naciones de Sánchez” no estarían. Ahora se han quedado solos con PP, Compromís y UPN, aunque con su llegada al Gobierno confían en reactivar la reforma de la Constitución, tal y como aseguró Meritxell Batet, nueva ministra de Política Territorial socialista.

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