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contracrónica del debate de investidura

'All about Quim'

Conviene revisitar el clásico de Mankiewicz, 'Eva al desnudo', porque igual que Anne Baxter le hizo la cama a Bette Davis, Mas se la hizo a Pujol, y Puigdemont a Mas, y...

Carles Cols

Artur Mas, entre Benach y De Gispert, en el palco de público notable del Parlament.

Artur Mas, entre Benach y De Gispert, en el palco de público notable del Parlament. / RICARD CUGAT

La pedantería de titular esta crónica en inglés, All about Quimtodo sobre Quim Torra, es una excepción justificada porque al menos dos de los oradores de la sesión de investidura del Parlament recurrieron a la lengua de Shakespeare y Paul Gascoigne (sí, hablaban el mismo idioma) en sus discursos, por este orden, el propio presidenciable y la líder de la oposición, Inés Arrimadas. Parece que ambos daban por hecho que Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, estaba sentado frente al televisor muy atento a la sesión, quizá con un judd mat gaardebounen apoyado en las rodillas, plato típico luxemburgués de frijoles con cuello de cerdo, o sea, casquería, pero una delicatessen al lado de la batería de tuits y escritos añejos que desde la tribuna se leyeron para descartar a Torra como candidato idóneo a la presidencia de la Generalitat. Son de sobras conocidos.

El título necesita tal vez una aclaración para los menos cinéfilos. All About Eve era el título original de una película de Mankiewicz que en España se comercializó como Eva al desnudo, que tampoco sería mala opción para el juego de palabras, Quim al desnudo, sino fuera porque, desde que Carles Puigdemont decidió que Torra podría ser su representante en el Palau de la Generalitat, al candidato sus adversarios le han hecho no un traje, sino todo un fondo de armario.

Torra y Arrimadas se han lanzado con el inglés en el Parlament, por si Juncker estaba frente a la tele con un plato de 'judd mat gaardebounen' en el regazo

El argumento de Eva al desnudo es muy oportuno para la ocasión. Disculpen los spoilersBette Puigdemont Davis es una famosa actriz teatral que contrata como secretaria a una joven admiradora que no se ha perdido ni una de sus obras,  Anne Torra Baxter. La película es una delicia. ¡Qué diálogos! La cosa es, claro, que la aparentemente sumisa secretaria termina por robarle los papeles y la fama nada menos que a la Davis, ahí es nada.

Bueno, no está la política catalana de esta legislatura que no termina de arrancar nada más que en las primeras escenas, pero una parte del debate ya pivotó alrededor de esa cuestión. Los antecedentes son los que son. Freudianamente, por supuesto, Artur Mas mató a Jordi Pujol (vamos, ni se acercó a la fiesta que el pasado lunes organizaron los amigos que le quedan al expresidente), Puigdemont hizo lo mismo con Artur Mas y, quién sabe, Torra tal vez algún día mate al padre como sus antecesores. Hasta salió a la palestra el misterio del despacho, aquello de si quedará sellado hasta que Puigdemont regrese triunfal a Catalunya y mientras tanto Torra se instalará en la habitación de los invitados. Según contó en los pasillos una diputada socialista que conoce a alguien que trabaja en Palau, los puigdemonistas no se fían y han hecho lo que Florentino cuando se acerca la final de la Copa del Rey y no quieren ver al Barça ni en pintura. Obras en los lavabos o donde sea.

No hay cupólogos

Pero todo esto es ir muy rápido. La elección de Torra como president depende de la CUP, que este domingo tomará una decisión. La ausencia de verdaderos 'cupólogos' hace imposible anticipar un pronóstico. Sería más fiable entregarse al tarot que a un cronista político del Parlament. Álvaro Cunqueiro, durante su desopilante etapa como director del 'Faro de Vigo', por no aburrirse se inventó una subsección en el área de deportes en la que se tiraban las cartas para adivinar los resultados del fin de semana de fútbol. Cuando terminaba la Liga repasaba lo ocurrido, el error de anunciar la promoción del Ourense, los aciertos con el Celta. "Muchas veces no era posible traducir las cartas", admitía Cunqueiro. "Una vez me salió que el Deportivo estaba embarazado".

Total, que mejor limitarse a los hechos. O a lo que parecen los hechos. Jordi Turull, el Francisco Álvarez-Cascos o el Alfonso Guerra de Convergència, leyó el pasado 22 de marzo uno de los más tímidos discursos de candidato a president que se recuerdan en la Cámara catalana. Tenía una cita con el juez Pablo Llarena y, visto con perspectiva, parece que sus palabras de aquel día iban dirigidas a él. No le salvó de la cárcel preventiva. El discurso de Torra de este 12 de mayo puede que fuera especialmente destinado a los cuatro diputados de la CUP. No ha faltado nada del ‘patois’ en que se ha convertido la lengua independentista. Ya saben, todo aquello de ‘fem república’ y del ‘procés constituent’, aderezado con calificativos gordos, como acusar por pasiva al Gobierno central de “bárbaro”, “anormal” e “irrespetuoso”. Hasta ha dicho que tiene “tentáculos”, como si fuera un Cthulhu de Lovecraft.

Turull, es solo una humilde teoría, dirigió su discurso a Llarena y Torra, a la CUP. Nada que ver uno con otro. El segundo ha sido el del 'capità Collons'

El de Torra ha sido por momentos un poco el discurso del capità Collons, sobrenombre del turbio Miquel Badia al quien tanto admira, casi tanto como a Daniel Cardona, un nacionalista étnico como la copa de un pino. Y, sin embargo, la intervención de Carles Riera, portavoz de la CUP, ha sido algo así como un y a mí qué. Ni un mimo.  Total, que puede que el estriptís del subconsciente ideológico al que ha sido sometido en público Torra por su aceptación de ser candidato se descubra el lunes que ha sido en vano. En un pis pas. Eva en porretas. O no. Si supera el trámite, el procés, a estas alturas una religión para muchos (Enric Juliana incluso ha bautizado al candidato de “presidente vicario” de Puigdemont) puede que entre en el equivalente a aquellos tiempos en que la Iglesia tenía un Papa en Roma y otro en Avignon.

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