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PARLAMENT

El eslabón débil de la convivencia

Los grupos se enzarzan en un cruce de reproches en pleno debate parlamentario sobre la necesidad de rechazar la violencia

Rafa Julve / Júlia Regué

El pleno del Parlament.

El pleno del Parlament. / PERE FRANCESCH (ACN)

No hace falta leer a Sherlock Holmes en ‘El carbunclo azul’ para saber que la fuerza de una cadena se mide por la resistencia de su eslabón más débil. Paradójicamente, la pieza más robusta del movimiento independentista es la que corre más riesgo de convertirse, por su complejidad, en el punto más frágil. El músculo social, la reivindicación en la calle, ha sido el que ha llevado en volandas a los políticos, y de su comportamiento pacífico depende que no se rompa. Lo saben los grupos que replican denunciando las "provocaciones" del Estado y la "violencia policial"; también los que tratan de alzar una bandera blanca, y los que este miércoles en el Parlament calificaban a sus rivales de "bomberos pirómanos" a raíz de los incidentes de los últimos días. Pero nadie cede.

Ciutadans ha incorporado a su propuesta de resolución una enmienda del PPC que incide precisamente en la violencia. Ese texto proponía "condenar enérgicamente los actos violentos en los que han desembocado las recientes concentraciones convocadas por ANCÒmnium Cultural y los Comités de Defensa de la República" e instaba a rechazar "los destrozos en el mobiliario urbano, los cortes de carreteras y los ataques a cuerpos policiales". Solo el PSC lo ha avalado.

Pero al margen del negro sobre blanco de la iniciativa, el debate en torno a la convivencia ha planeado a lo largo de todo el pleno. El socialista Ferran Pedret ha lamentado que haya "sedes de partidos vandalizadas, difusión de datos personales, insultos, amenazas...", y ha enfatizado su llamamiento a la "empatía, la serenidad y la calma". "No permitamos que la rabia, la indignación y la impotencia dicten la actitud política", ha avisado Miquel Iceta, que ha recordado la advertencia de los Mossos de un posible "giro violento" de los acontecimientos que dificulte más si cabe la "reconciliación".

Sin puentes a la vista

No ha sido el PSC el único en pedir que se calmen los ánimos, pero lo cierto es que los reproches entre unos y otros han acabado goleando a la reconstrucción de puentes. Una propuesta de resolución socialista en pos de la distensión ha sumado a los 'comuns', pero la mayoría independentista la ha rechazado criticando a Iceta por "mirar solo hacia un lado" a la hora de criticar malas praxis.

"Debemos volver a la convivencia, rota por la imprudencia de los partidos independentistas", ha proclamado Inés Arrimadas, quien ha condenado que parte del soberanismo "saque pecho de los señalamientos de personas". Ha recogido el centro el popular Alejandro Fernández para comparar a Iceta con el 'buenista' Enrique Pastor de 'La que se avecina' al "pasarse de frenada" con los indultos y los gobiernos de concentración. También ha cargado contra los independentistas por llevar al Parlament a "Arnaldo Otegi, uno de los históricos líderes de ETA, y presentarlo como un héroe de la paz. Eso no les convierte en terroristas, ¿pero creen que reconforta nuestros sentimientos?", se ha quejado.

La respuesta del otro flanco no ha sido más suave. Los 'cupaires' se han solidarizado con "las víctimas de la violencia policial de los últimos días" y han cargado contra "la brutalidad del brazo ejecutor del Estado". El mismo camino argumental ha seguido Marta Madrenas (JxCat), que ha reclamado al 'bloque del 155' que "deje de negar la brutal opresión" y se las ha tenido con Arrimadas cuando ha defendido que su ayuntamiento, el de Girona, declarara persona non grata al delegado del Gobierno Enric Millo. Son ustedes los responsables de avivar la fractura, de intentar que nos enfademos", ha recriminado Gerard Gómez del Moral (ERC). "Basta ya de reírse del sufrimiento de los otros", ha criticado mirando a la bancada de Ciutadans.

Tensión con el Síndic

Por la tarde, la tensión no ha cesado. El Síndic de Greuges, Rafael Ribó, ha presentado un informe que tacha de "desproporcionada" la actuación policial del 1-O por lo que Cs, PPC y PSC le han acusado de representar "solo a la mitad de los catalanes" y de promocionar un documento "pro 'procés'", al tiempo que alega que "los debates parlamentarios no son de su competencia" en un escrito de los socialistas pidiendo amparo. JxCat, ERC y CUP han hurgado en que la intervención fue un "castigo colectivo" por "la vergüenza de un Estado represor".