08 abr 2020

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El diálogo según Puigdemont

El 'president' habla de "simulacro" al valorar la mano tendida del Gobierno

Interpreta las ofertas como una cara amable frente a la acción judicial contra el independentismo

FIDEL MASREAL / BARCELONA

El ’president’ Puigdemont, en la reunión del Govern.

El ’president’ Puigdemont, en la reunión del Govern.
Felipe VI, Soraya Sáenz de Santamaría y Carles Puigdemont, durante la última visita del Rey a Barcelona.

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La desconfianza es total en el Palau de la Generalitat respecto a la oferta de diálogo que lanza insistentemente el Gobierno del PP en las últimas semanas sobre el conflicto catalán. Una desconfianza que lleva al 'president' Carles Puigdemont a ver como un mero "simulacro" la supuesta oferta negociadora. El Govern no espera que lleguen propuestas concretas substanciales en relación a la financiación de Catalunya o reformas del marco institucional. Y teme que las palabras, entre otros, de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, o del nuevo delegado del Gobierno en Catalunya, Enric Millo, no se traducirán, en hechos concretos.

En Presidència se considera que estas invitaciones verbales solo preparan el terreno de forma amable ante las posibles inhabilitaciones por parte de la justicia de cargos procesados por decisiones soberanistas del Parlament o de responsables municipales, y que afectan, entre otros, a la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, al 'expresident' Mas, a las 'exconselleres' Irene Rigau y Joana Ortega y al 'exconseller' Francesc Homs.

SENTARSE, SIEMPRE

Ante la comunidad internacional y para su imagen pública, el Govern no rechazará las eventuales invitaciones formales a la negociación por parte del Gobierno. Se trata de mantener la mano también tendida para mostrar voluntad constructiva. Neus Munté, portavoz del Govern, ha asegurado esta semana que el diálogo es bienvenido si se aplica con contenidos, y ha apuntado que la Generalitat no pone "líneas rojas" sobre una eventual negociación. Eso sí, sin renunciar al referéndum.

Ante las numerosas invitaciones estatales a buscar encuentros, Puigdemont mantendrá la actitud abierta pero no dejará de denunciar con vehemencia lo que califica de deslealtad estatal con Catalunya. Ya lo hizo el el discurso que pronunció en la sede de Fomento ante el rey Felipe VI o el pasado martes en Madrid ante la votación del suplicatorio del Supremo sobre Homs.

La firmeza de Puigdemont le ha llevado ya a defender actuaciones como los de la alcaldesa de Berga, Montse Venturós, de la CUP, detenida el 4 de noviembre por negarse a declarar en el proceso judicial por colgar la estelada. Su intención es la de mantener el discurso vehemente ante lo que el Govern ve como una oferta de diálogo que, como en años anteriores, cayó en saco roto.

LOS PRECEDENTES

En Palau constatan la falta de concreción del diálogo y citan como ejemplos precedentes lo sucedido en el 2012. En la primera entrevista del entonces 'president' Artur Mas en La Moncloa con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, el dirigente catalán mostró su confianza en las relaciones entre ambas instituciones. "Tenemos ganas de ayudar", afirmó Mas en La Moncloa, en un mensaje de apoyo a los recortes y la austeridad. Eran otros tiempos, en los que también el Gobierno de Rajoy tendía la mano pero sin concreciones, aunque el PP sí apoyaba a Mas en el Parlament. Ahora Puigdemont gobierna con el apoyo de la CUP y no se fía de La Moncloa. O al menos este es el mensaje que por ahora traslada Presidència de la Generalitat. .