LA ESTRATEGIA DE LOS NEOCONVERGENTES

El PDC, el ausente que mira al futuro

Las bases del partido posconvergente admiten la necesidad de removilización

Pascal obtiene una buena valoración a nivel interno pero se admite la mala situación general

Marta Pascal y David Bonvehí, en una rueda de prensa en la sede del PDECat.

Marta Pascal y David Bonvehí, en una rueda de prensa en la sede del PDECat. / JULIO CARBÓ

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Fidel Masreal
Fidel Masreal

Periodista

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"No estamos". En dos palabras define un destacado militante la situación del PDECat (el partido heredero de Convergència). Un nuevo partido que, según todas las fuentes internas consultadas, tiene un árduo trabajo para tratar de asemejarse a la CDC de los mejores tiempos. Eso sí, un partido que nadie da por muerto y que confía en la remontada.

La situación actual es grave. "Hemos tocado fondo", dice un cargo territorial. La operación de cambio de nombre y de estructura ha dejado por el camino a unos 3.000 militantes. Convergencia echó el cierre con unos 14.000 militantes, y el nuevo partido está en unos 11.000. Lejos, muy lejos, de ese 13 de mayo del 98 cuando Jordi Pujol entregaba al deportista Jordi Tarrés el carnet número 50.000 del partido. O diciembre del 2006 cuando Mas entregaba el carnet número 62.000 Dicho lo cual, las cifras reales de militantes de los partidos siempre están por debajo de las que ellos mismos proclaman.

Aparte de la cuestión de las cifras, el partido tiene un problema grave: la no aparición en el tablero político. Todos juzgan a la nueva coordinadora, Marta Pascal, como una mujer de carácter y de futuro. Pero lo cierto es que en todos los debates políticos, es el 'president' Puigdemont (que lo es de un Govern de coalición) o el portavoz parlamentario Jordi Turull (que también representa a un grupo parlamentario heterogéneo, no sólo del PDECat) los que llevan la voz cantante.

Además, ni Puigdemont ni Jordi Turull, ni el hombre del partido en Madrid, Francesc Homs (que ha pasado al grupo mixto, con lo que ha perdido también visibilidad), están en la nueva dirección. Una cúpula que ha hecho tabla rasa con las generaciones de dirigentes de más de 45 años. Salvo la alcaldesa Montse Candini, el resto de miembros de la cúpula representan un salto generacional demasiado brusco, a juicio de algunos.

Se trata, alegan otros, de una apuesta a medio y largo plazo. Estos ven ya posible el paso a la oposición en las próximas elecciones catalanas, si bien existe un factor de esperanza llamado Carles Puigdemont. Pese a que él ha expresado con contundencia que no será candidato salvo causa de fuerza mayor, su figura es la que genera ilusión interna para competir con la ERC de Oriol Junqueras. Eso sí el encontronazo con el Estado del próximo año no genera una situación extrema que lleva a construir otro Junts pel Sí, pese a las reticencias de ERC y de Carme Forcadell.

Puigdemont se erige como  la esperanza neoconvergente para oponer batalla a Junqueras en unas elecciones

De puertas adentro, el PDECat habrá de hacer compatible una cúpula joven con dirigentes como Francesc Homs, que no cuenta con la confianza de Pascal. Si se hubieran convocado terceras elecciones, el equipo de Pascal hubiera apostado probablemente por otro candidato.

El problema de definición en el tablero ideológico consiste en que mientras el partido da muestras de apoyo al independentismo y a una república catalana, otros reivindican que el PDECat se mantenga en el centro político soberanista. Es evidente que existen discrepancias como lo demuestran las declaraciones de Santi Vila cada vez que opina sobre ideología, o como se pone de manifiesto cuando el presidente del partido, Artur Mas, exhibe la vena más liberal al rechazar rotundamente cualquier subida de impuestos por parte del Govern.

EL LIDERAZGO

La cuestión del liderazgo también pesa sobre el día a día. Si Puigdemont cumple su amenaza y se retira, Mas ha dicho que no se plantea volver -aparte de su posible inhabilitación- y el partido debería volver a elegir candidato. Munté siempre ha estado en las quinielas pero no todos le ven capacidad para encabezar el cartel.

Así las cosas, el partido confía en que los procesos judiciales contra Mas, Homs, Ortega y Rigau pueda generar una removilización de unas bases que, admiten, están algo desmovilizadas. "Para superar la actual situación sólo hay una receta, que es trabajar, estar en la calle, con la gente, y con sus preocupaciones", explica un cargo territorial que se propone recuperar una imagen más progresista ("yo soy socialdemócrata desde siempre", aduce) y cercana a problemas de las famílias como el paro, la vivienda o el futuro de su negocio.

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Esta necesidad de recuperar una imagen cercana es muy citada por los consultados, que reconocen que el trabajo a hacer es ingente, en especial en el área metropolitana de Barcelona, donde el partido ha ido cosechando sus peores resultados en los últimos ciclos electorales. Se trata de no agitar la estelada como reclamo sino plantear soluciones a problemas ciudadanos y añadir entonces que para tener más herramientas para resolverlos se necesita un Estado propio.

EL PROCESO

Respecto a la nueva hoja de ruta soberanista, la del "referéndum o referéndum" planteada por Puigdemont, buena parte del partido asume que el resultado del futuro choque con el Estado es incierto, y por tanto también lo es la celebración del referéndum. Pero se aferra al nuevo plan como un nuevo motivo para la agitación soberanista. Eso sí, muchos reinvidican el estilo convergente de siempre frente al modo de trabajar de ERC o la CUP. "Nosotros hemos de ser nosotros mismos, no imitar a nadie", reclama un recientemente elegido dirigente. Es una frase que apela a algo que recorre todos los despachos y sedes: la necesidad de recuperar la autoestima para levantar cabeza y que el PDECat, una vez solventado el via crucis del nombre, sí esté presente en el tablero político.