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LA LACRA DE LA CORRUPCIÓN

La imputación de Rita Barberá abre otra brecha entre Rajoy y Rivera

El PP presiona a la senadora, investigada por blanqueo, para que renuncie al acta

Rivera exige el cese de la exalcaldesa para apoyar de nuevo al candidato popular

Patricia Martín

El presidente del PP, Mariano Rajoy, y la exalcaldesa Rita Barberá en un mitin de las pasadas municipales.

El presidente del PP, Mariano Rajoy, y la exalcaldesa Rita Barberá en un mitin de las pasadas municipales. / MIGUEL LORENZO

Periódicamente, el PP sufre una jornada negra, en la que uno o varios de los casos de corrupción que asolan a sus filas ocupan durante horas los titulares y ponen a Mariano Rajoy contra las cuerdas, mientras el jefe de los populares espera -y desespera- sin tomar decisiones. Este martes, el partido conservador sufrió un nuevo día convulso, con la noticia de que Jaume Matas ultima un pacto con la fiscalía para confesar sus delitos a cambio de evitar la cárcel, pero sobre todo por la decisión del Tribunal Supremo de abrir una investigación penal contra Rita Barberá por presunto blanqueo de capitales en su etapa como alcaldesa de València. Luis de Guindos sufrió además el azote de la oposición en el Congreso por promocionar a José Manuel Soria para el Banco Mundial. El PP solo tuvo un respiro: Luis Bárcenas decidió retirar la acusación contra su expartido por destruir sus ordenadores, aunque está por ver si ello supone el archivo del caso.

La apertura de una investigación contra Barberá tiene visos de perseguir a Rajoy en las próximas horas. La oposición en pleno exigió al presidente en funciones que exija a la senadora su acta, mientras que Albert Rivera advirtió al líder de los populares de que si pretende contar de nuevo con el apoyo de Ciudadanos en un segundo intento de investidura, debe cumplir a rajatabla el punto del pacto anticorrupción firmado entre el PP y el partido naranja que establece que los parlamentarios imputados serán apartados. Rivera fue riguroso con el procedimiento y concedió a Rajoy un mínimo margen. Advirtió de que exigirá formalmente el acta de Barberá cuando el Supremo pida al Senado el suplicatorio para imputar definitivamente a la exalcaldesa.

Y es que el auto dictado por el alto tribunal deja a Barberá a las puertas de la imputación, pero aún no da ese paso. La sala II abre causa contra la senadora y designa un juez instructor: el exfiscal general del Estado con el PSOE Cándido Conde-Pumpido. El Supremo sigue así el criterio de la fiscalía, que reclamó en julio a los jueces que investiguen a la exalcaldesa, en su condición de aforada, de acuerdo con la exposición razonada por el juez del ‘caso Taula’, quien ya ha imputado a 47 personas, entre regidores y colaboradores de Barberá, además de al PP como persona jurídica, informa Laura L. David.

LA REACCIÓN DEL PP

Cuando el caso salió a la luz, en marzo, causó una implosión en el PP. Barberá mantuvo su inocencia y Rajoy se puso de su lado, pero los jóvenes vicesecretarios se distanciaron y pidieron mano dura. Para zanjar la imagen de división, el PP abrió un expediente que acabó con la suspensión cautelar de militancia de los nueve concejales implicados y su adscripción como independientes en el Ayuntamiento de València. Pero Barberá quedó inmune, a la espera de la decisión del Supremo. Durante meses, los mismos vicesecretarios garantizaron que correría la misma suerte que sus antiguos colaboradores si era imputada. Este martes, para evitar presionar a Rajoy, guardaron silencio.

Según ha podido saber EL PERIÓDICO, la dirección del PP ha mantenido conversaciones con Barberá para sondear su disposición a dar voluntariamente un paso atrás que evite a Rajoy el mal trago de pedirle el acta. Mientras tanto, en público, varios dirigentes, entre ellos la número dos, María Dolores de Cospedal, invitaron implícitamente a la senadora a hacer “lo mejor para el PP” y para “defender su inocencia”. El problema es que Rajoy no cuenta con demasiado margen, dadas las presiones de Ciudadanos y la campaña electoral en Galicia y Euskadi. Por ello, el pronóstico más extendido en el PP es que, esta vez, el líder no podrá aguantar mucho sin dictar doctrina o tomar una decisión.