¿Debe haber votos secretos?

La polémica de las 10 papeletas que ningún partido asume abre el debate sobre si el Congreso debe mantener votaciones opacas

Podemos y C's prefieren que todo se decida en abierto, el PSOE defiende dar explicaciones y el PP recuerda que no ha habido quejas hasta ahora

Francesc Homs en el Congreso.

Francesc Homs en el Congreso. / JUAN MANUEL PRATS

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Pablo Iglesias e Íñigo Errejón echaron cuentas el martes desde sus escaños en el Congreso y vieron que no les cuadraban. Había 10 votos más de los anunciados en los apoyos a PP y Ciudadanos para conformar la Mesa de la Cámara, así que preguntaron a los portavoces de ConvergènciaConvergència, el PNV y ERC si habían sido ellos quienes los habían 'prestado'. Le respondieron que no con tal vehemencia que -admiten- les pareció casi imposible que les estuvieran mintiendo, y volvieron al escaño a repetir unas sumas que, todavía hoy, arrojan un resultado 'mágico'. Ninguno de los nacionalistas asume la paternidad de esos votos que blindaron el dominio conservador en el Parlamento, amparados en el anonimato de una votación secreta. ¿Es coherente que diputados que se jactan de hacer una política transparente accedan a participar en elecciones opacas? ¿Tiene sentido seguir manteniendo ese procedimiento?

Hay división de opiniones. A preguntas de este diario, Podemos y Ciudadanos se muestran dispuestos a eliminar todo voto secreto. El PSOE lo defiende, siempre que se den explicaciones. El PP recuerda que nadie ha pedido suprimirlo. Y, más allá de la voluntad política, los juristas de la Cámara ven obstáculos procedimentales.

Las votaciones secretas están descritas en el reglamento del Congreso, que data de 1982, y aunque en las últimas legislaturas los partidos han tratado infructuosamente de reformar aspectos de la normativa, ninguno de ellos ha presentado iniciativa alguna para que las votaciones sean en abierto.

Ningún partido ha solicitado  nunca que se modifique el reglamento para que todas las votaciones sean públicas 

El reglamento establece que las decisiones pueden ser por asentimiento (cuando se presume que habrá unanimidad), ordinarias (pulsando el botón del escaño), públicas por llamamiento (se nombra a cada diputado) o secretas. Estas últimas lo son siempre que implica la elección de personas, según dicta el artículo 87. Para aprobar los cargos del Tribunal Constitucional, los del Consejo General del Poder Judicial, o los de la Mesa del Congreso, los diputados son llamados desde la tribuna, se levantan y depositan un nombre en una urna. Solo existe una excepción al voto secreto para elegir cargos, la investidura del presidente del Gobierno, en el que cada señoría se pone en pie en su escaño e indica su voto de viva voz.

ACTITUD "MARRULLERA"

El PSOE no ve inconveniente en este tipo de elección, siempre que los partidos ofrezcan explicaciones. “El voto solo es secreto en contadas ocasiones. Ningún grupo ha pedido hasta ahora la supresión de una fórmula que consideramos que sigue siendo correcta. El problema de lo que ha ocurrido ahora es que por primera vez hay 10 votos que nadie reconoce. Los grupos siempre habían explicado su voto, pero esta vez, de forma algo marrullera, no”, argumentan los socialistas.    

Los que lo defienden  alegan que es un arma para proteger al diputado de la disciplina de partido en temas controvertidos

Podemos va más allá. Considera que las votaciones secretas deberían ser eliminadas. “Todo representante público ha de dar la cara ante sus electores y el resto de la ciudadanía”. "No está bien votar en el Parlamento y luego esconder la mano", señala Errejón.

Ciudadanos también se muestra dispuesto a modificar el reglamento para impedir las votaciones secretas. “No tendríamos problema en asumir esa medida”, confirma su vicesecretario, José Manuel Villegas.

ARGUMENTOS A FAVOR

Fuentes de la dirección del PP en el Congreso insisten en que ningún grupo ha pedido eliminar esa forma de elección. Aseguran que apoyarían que se estudiase si se reabre una ponencia para una revisión global -no solo de ese aspecto- de una normativa desfasada. Voces próximas a los conservadores defienden, además, la utilidad del voto secreto en asuntos controvertidos, puesto que permite a los diputados no acatar la disciplina de partido

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Los juristas del Congreso argumentan que, para que el voto no fuera secreto, habría que hacerlo de viva voz, lo que comportaría que los últimos diputados en votar podrían ver el resultado parcial en ese momento y votar en función de éste. Queda en el aire la posibilidad de configurar un nuevo sistema informático que permita el voto público y simultáneo de diversos nombres. "En todo caso, la polémica no tiene sentido. Todo el mundo sabe de qué grupos han salido los votos", opinan los letrados de la Cámara.

Los precedentes de la ley del aborto e Irak

Además de la elección de cargos, el reglamento del Congreso permite que la votación sea secreta cuando lo soliciten dos grupos parlamentarios o la quinta parte de los diputados. Esta posibilidad ha sido utilizada en dos ocasiones sonadas. La más reciente, durante la revisión de la ley del aborto acometida por el PP durante la primera legislatura de Mariano Rajoy. Los diputados críticos dentro del partido conservador, que no compartían la doctrina oficial, quisieron ampararse en esta fórmula para no ser señalados. El procedimiento también se utilizó en el 2003 durante la guerra de Irak. Se debatió una proposición no de ley del PP, en la que se apoyan los esfuerzos del Ejecutivo para buscar una solución a la crisis, y otra de toda la oposición para rechazar la resolución que defendían España, EEUU y Reino Unido en la ONU.