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PERFIL

Isabel Bonig, la dama de hierro valenciana

Valenciana y española. Y muy de derechas. Estas son las señas con las que se define la líder del PP valenciano

SERGI TARÍN / VALENCIA

La presidenta del PP valenciano, Isabel Bonig. 

La presidenta del PP valenciano, Isabel Bonig.  / MIGUEL LORENZO

El Partido Popular valenciano no funciona. En otro tiempo se consideró la locomotora de España y ahora se sabe que corrió con combustible trucado. Así lo reconoce el constructor Enrique Ortiz, quien ha confesado en una de las causas de la Gürtel que financió irregularmente al PPCV durante las campañas de 2007 y 2008. Otros empresarios estarían negociando con Anticorrupción confidencias similares para rebajar condena. Pero hay cuatro ramas más de la Gürtel además de los escándalos de las basuras de Brugal y los lodos de Emarsa. También están los agujeros multimillonarios de la Fórmula 1 o Feria Valencia. Y, más recientemente, la deflagración sin fin del 'caso Taula' y el sepelio político, a cámara lenta, del último gran mito de la derecha ibérica: Rita Baberá.

Toda esta montaña de casos es la que tiene entre manos Isabel Bonig (Castellón, 1970), líder del PPCV, quien desde hace semanas no vive un solo día en paz. De aspecto enjuto y compacto, vivaz  y vocinglera, Bonig es admiradora confesa de Margaret Thatcher, el adalid británico del sector privado. Por eso cuando el presidente de la diputación de Castellón. Javier Moliner, la bautizó como la Dama de Hierro de la Vall d’Uixó (30.000 habitantes), donde fue alcaldesa entre 2007 y 2011, Bonig engordó varios quilos de ego. También le gusta que la llamen Isabel la Católica. Y como tal disfruta presidiendo procesiones. Durante sus tiempos de munícipe nombró alcaldes honoríficos a las imágenes de la Sagrada Familia, el Santísimo Cristo y la Virgen de los Desamparados.

Muy de derechas

Valenciana y española. Y muy de derechas. Estas son las señas con las que Isabel Bonig se autodefine. Toda una autodidacta, ya que su familia es de sólidas convicciones socialistas. La Vall d’Uixó, epicentro del obrerismo del calzado, era conocida como la pequeña Rusia. Y su abuelo, el tio Mèu, sufrió cárcel y un consejo de guerra durante el franquismo. “Ya sabía que no eras de los nuestros”, le dijo cuando conoció que la nieta se había afiliado a Nuevas Generaciones. Y su padre cambió la Casa del Pueblo por los mítines del PP cuando la hija empezó a tomar vuelo.

En 2007, el entonces 'president' Franciso Camps quedó admirado por “la energía y la vehemencia” de la candidata a la alcaldía: “Disfrútenla porque dentro de muy poco voy a venir y me la voy a llevar”. Y eso ocurrió en 2011, cuando la nombró consejera de Infraestructuras. Antes, en 2008, la había incluido en la ejecutiva regional del partido como coordinadora. Un número dos desde donde le resulto fácil dar el salto hacia delante en julio de 2015, cuando fue nombrada presidenta del PPCV con la misión de recuperar la moral de una formación maltrecha tras la derrota de 2015.

En aquella designación jugó un papel determinante la exalcaldesa Rita Baberá. A ambas les unía el placer anti izquierdista de la Thatcher. Pero la relación se hizo añicos tras estallido de Taula y la imputación de nueve de los diez concejales del grupo municipal del Ayuntamiento de Valencia. “Cuidado con lo que decís”, les escribió Barberá al móvil cuando Bonig empezó a exigir públicamente explicaciones y medidas ejemplares. Una sobreactuación de asepsia criticado dentro del PP, ya que Bonig prosperó entre los pliegues de la época más turbia de la formación. Y si no vio corrupción, al menos sí debió olerla de tan cerca como estuvo, creen algunos.

En todo caso, a Bonig no le falta vigor ni determinación. En la escuela ya tenía claro que, de mayor, quería ser presidenta de España. Esta semana señaló el camino del grupo mixto a los diputados que remolonean entre escaños. Y va tachando días en su calendario, queda una semana, para solicitar la expulsión de los concejales imputados si estos no entregan el acta. La Dama de Hierro valenciano se ha propuesto separar la bisutería del acero y volver a arrancar la locomotora. Un reto difícil. La capa de óxido en el PP valenciano parece no tener fin.