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CULTURA

La soledad del escenario

Los recortes progresivos y el IVA del 21% se han cebado en la cultura, un sector en el que hay infraestructuras, proyectos y contenidos pero falta público que lo consuma

INMA SANTOS HERRERA

Debates electorales 27-S con tres personas del mundo de la cultura / FERRAN NADEU / VÍDEO: CARLA FAJARDO

Grandes artistas, autores, músicos, creación de espectáculos… Catalunya siempre ha estado muy ligada al mundo de la cultura, un sector que desde el punto de vista económico en los últimos años ha visto lastrada su ya mermada condición por una caída generalizada de los recursos destinados. "En tiempos de crisis, los primeros en notarlo somos los que nos dedicamos a la creación artística; y somos también nosotros los últimos en notar la recuperación", se lamenta Aída Vera, de 56 años, cantante lírica y profesora de canto de Castelldefels. No es fácil subsistir en el desierto, sobre todo, si te recortan la poca agua que te queda y te hacen correr cargado con la mochila del 21% del IVA (cortesía de Cristóbal Montoro), que ha contribuido a acumular un descenso el consumo cultural del 20% en cuatro años.

En este panorama, sin embargo, aún hay algún motivo de alegría porque, pese a las pérdidas, el uso de la cultura en catalán se ha incrementado hasta el 35,6% (3,8 puntos más que el año pasado), según la encuesta Òmnibus de la Generalitat. Aunque no todo el monte es orégano. "Se les llena la boca de promoción y difusión de la cultura catalana, pero esto no se refleja en la asistencia de público", apunta Sílvia Martín, de 41 años (Castellterçol) que es actriz y tiene una productora. "Pero no solo de cultura catalana, en general", puntualiza Xavier Vidal, de 44 años, y librero de Barcelona.

DARSE LA ESPALDA

Ni Xavier, ni Sílvia ni Aída comulgan con el argumento de que la independencia servirá para reforzar la cultura y la lengua catalana. "Soy catalano y castellanoparlante. Considero ambas lenguas como mías. Y no entiendo que el Ministerio de Cultura no haga cada año una apuesta por promocionar autores españoles que no escriben en castellano, pero tampoco que aquí no se celebren efemérides, por ejemplo, de autores catalanes que no escribían en catalán. Me molesta esa forma de darse la espalda por ambas partes", opina Xavier.

Sentados a la mesa, las posibles incompatibilidades por sus puntos de vista ante el 27-S se diluyen y los intereses y preocupaciones comunes fluyen. El problema de la cultura está por encima del idioma y del debate sobre la independencia, como tantos otros temas que afectan a la sociedad y, dicen, se están relegando a un segundo o tercer plano. "Centrarlo todo en la independencia es banalizar la situación real. O blanco o negro. No soy independentista ni nacionalista española, solo me gustaría poder votar con normalidad en unas elecciones normales y poder escoger una opción entre las escasas posibilidades que tenemos", se pronuncia Sílvia.

VOTO ÚTIL

Ninguno de los tres votará pensando en lo mejor para su sector, ni siquiera Aída, canaria de nacimiento y catalana de adopción, que ve en la independencia «el principio para cambiar una situación insostenible" y tiene alguna esperanza depositada en Junts pel Sí donde, recuerda, figura gente de la cultura. ¿Qué pasará a partir del 27-S? "Nada, todo seguirá igual", dice en cambio Xavier. "Este año he asistido a diferentes encuentros del ámbito cultural y la solución que nos daban era salir hacia Europa; nos venden que allí los proyectos funcionarán y además la cultura catalana tendrá un reconocimiento… No he oído aún soluciones reales", se lamenta Sílvia.

¿Y cuáles son esos problemas? "Somos un país pequeño con una red de infraestructuras culturales increíblemente grande mal gestionados y faltos de aforo", apunta Xavier. Y también una estructura muy burocrática en torno a la cultura ("Creé mi productora en el 2003 y hasta el inicio de la crisis he visto crear subvenciones de todo tipo en todas las disciplinas, catálogos, líneas de difusión y creación, asociaciones…", dice Silvia) destinada a hacerla funcionar. Hay suficientes profesionales y proyectos para hacer una programación cultural adecuada. Sin embargo, falta dinero para mantener esas estructuras, contratar esos contenidos ("se ha perdido caché y calidad, casi que tienes que pagar para actuar", lamenta Aída). Pero sobre todo falta público. "Evidentemente que el IVA cultural no ayuda, pero esa es solo la guinda. Tenemos una difusión muy cerrada y elitista", reivindica Sílvia. Y ese, coinciden los tres, es un problema de base. "Falta sensibilidad y afición y eso se fomenta desde abajo, con un sistema educativo que no arrincone las artes", reclama Aída.

"Hemos roto el círculo virtuoso de la cultura, el que se abre con la creación se prolonga en la producción y se cierra con la difusión", resume Xavier. Una ruptura que lleva al terreno político y a la relación Catalunya-España, donde dice, ha saltado en pedazos otro círculo, el de la democracia, el debate y el diálogo. "No puedo entender que el Estado reclame el cumplimiento de las leyes y al mismo tiempo niega la voluntad popular de un referéndum. ¿Dónde está el respeto a la democracia? Pero me niego a decidir entre independencia sí o no, porque se supone que ese es el debate que está sobre la mesa, pero no me han dado las herramientas para debatir, y sin eso, tampoco hay diálogo", afirma. Sin eso, solo quedan los eslóganes y el cruce de reproches, lo emocional sobre lo racional. "No soy independentista, pero según el día estoy independentista", zanja Xavier.