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Gente corriente

Inmaculada Lázaro: "Cada 11-M soñaba que sacaba muertos de un tren"

MAURICIO BERNAL

Hubo tantas maneras de ser una víctima del 11-M como personas había en los trenes, y en los alrededores, gente dispuesta a ayudar, familiares, integrantes de los equipos de rescate, médicos, enfermeras, todo el dolor o el compromiso humano que dejaron las bombas a su paso. Inmaculada Lázaro Reina viajaba en uno de los trenes, pero en ninguno de los vagones que explotaron. No resultó herida. No enseguida. A los momentos de desconcierto siguió el shock y al shock siguió una caminata sin rumbo y en estado de conmoción -sonámbula- hasta la Puerta del Sol. Allí se subió a un autobús para ir a casa.

-«Qué hago aquí, cómo he llegado hasta aquí…», me preguntaba.

-En Sol.

-Sí. Fue como si me despertara. Me subí al autobús y ahí estaban todos comentando lo que había pasado. Que 10 muertos, que 20 muertos… Y yo les dije: «Han sido tres explosiones, yo vengo de allí», y entonces todos me abrazaron, y alguien me dijo: «¡Has vuelto a nacer!», y yo: «Qué dices, si no ha pasado nada, mira yo cómo estoy, yo estoy bien».

-¿No tenía conciencia de lo ocurrido?

-Creo que no, aunque cuando llegué a casa lo primero que hicieron mis padres fue llevarme a un médico. Y eso que no estaba herida. Pero era porque estaba en estado de shock, no podía hablar, así que sí, por un lado creo que era consciente de la gravedad del asunto, pero por otro lado en el autobús lo negaba. No sé. Supongo que estaba confundida.

-¿Qué le dijo el médico?

-Me dio unas pastillas. El resto del día estuve medio grogui y cuando me despertaba pensaba: «¡Dios, la bomba, está explotando!» Ese día no vi la tele, pero al par de días empecé a entender la gravedad de lo que había ocurrido, y empecé a decir: «Dios mío, dios mío...»

-Cuénteme: ¿quedó traumatizada, le costó volver a la rutina…?

-La verdad es que al principio yo pensaba que estaba bien. De hecho, al día siguiente tenía un examen, y fui y lo presenté. Mis hermanos fueron más precavidos y me dijeron que fuera al psicólogo, que quizá en ese momento estaba bien pero quién sabe después, que quedara acreditado que yo iba en el tren. Además, en el centro de salud de Vicálvaro llevaron a cabo unas sesiones de terapia para afectados por el atentado, porque había bastante gente del barrio que iba en esos trenes, y ahí también me presenté.

-Pero usted estaba bien.

-Yo creía que estaba bien. Fue unos años más tarde que me di cuenta de que necesitaba un psicólogo. Cinco, seis años después.

-¿Qué ocurrió?

-Ocurrió que durante mucho tiempo había estado despertándome todos los días a las siete y treinta y nueve. Todos los días. La hora que yo había visto en el reloj antes de que ocurriera todo. Me despertaba y pensaba: «Seguro que son las siete y treinta y nueve», y miraba el reloj y sí, eran las siete y treinta y nueve. Además, cada 11 de marzo soñaba que sacaba muertos de un tren.

-¿Muertos de un tren? ¿Cada año?

-Cada año. Al principio no le das importancia, pero cuando pasan los años te das cuenta de que no es normal. Por eso al final decidí ir al psicólogo. Hace cuatro años.

-¿Y? ¿Cómo le va?

-Me fue. Me fue bien. Acabo de terminar la terapia. Tenía estrés postraumático. Pero ahora estoy  mejor, estoy mucho mejor.

-La habrá marcado, como a todo el mundo que iba en los trenes.

-Por supuesto. Cada 11-M es un día triste, pero yo celebro que estoy viva. Ese día vi que en cualquier momento me podía morir, y desde entonces disfruto más las cosas.

-Volvamos al día del atentado. Usted iba...

-Yo iba a clase. Entraba a las ocho y cuarto. Yo tenía 24 años y...

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