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Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro del interior

¿A dónde van tras la sexta caída?

Joan Tapia

8 NOTABLE

La crisis castiga con fuerza al Gobierno. En el último sondeo del CIS ningún ministro aprueba, aunque el de Interior, con un 4,67, se acerca, y es el mejor puntuado. Es un político de largo recorrido. Un incombustible. Empezó en Educación junto con Javier Solana, fue portavoz del último gobierno de Felipe (el del desastre), acompañó a Joaquín Almunia en la marcha hacia la mayoría absoluta del PP y apoyó a Bono contra Zapatero en el congreso del 2000. Luego fue rescatado por el hoy presidente. Su intervención en TVE el 13 de marzo del 2004 desarboló la histeria del PP y, antes de ocupar Interior, fue portavoz del grupo socialista. Alfredo Pérez Rubalcaba ha sobrevivido a todo ¿pasado y fracasos¿ porque hace codos, es un realista inteligente y conecta.

El Gobierno lo pasa mal. José Luis Rodríguez Zapatero apostó por un socialismo superoptimista ¿todo era posible¿ y algo inmaduro en una coyuntura complicada. Y pecó de márketing. Pero cuando la tempestad parece a punto de hundir la nave, Rubalcaba es un valor sólido. El sábado 15 defendió en la cadena SER, con brillantez, el duro ajuste del Gobierno.

Y esta semana ha propinado un gran golpe al terrorismo con la detención en Bayona del nuevo jefe de la cúpula de ETA, Mikel Carrera, y del lugarteniente que le debía sustituir. Dos datos indican la relevancia de la captura. Es la sexta cúpula de ETA que cae en dos años y todos los integrantes de la dirección que rompió el alto el fuego del 2006 están ya en prisión. Premio, pues, al acoso a la banda terrorista, que parece estar en fase terminal.

Pero Rubalcaba subrayó en la SER que la debilidad de ETA no se debe solo a los éxitos policiales. También cuenta el creciente divorcio con las bases de la izquierda aberzale que no entendieron el portazo de ETA al proceso de paz apoyado por Zapatero. Aquella irracionalidad ha hecho que cada día más presos etarras rompan las amarras con la organización. El último caso es el del grupo que no solo cuestiona la violencia, sino que cree que hay que resarcir a las víctimas.

Mientras en el seno de la izquierda aberzale se imponen de manera clara y creciente las tesis de Arnaldo Otegi y Rafael Díez Usabiaga, que defienden el fin de la violencia aunque no se atreven a condenarla. Los antes incondicionales 70.000 votantes se sienten cada día más desilusionados.

Tras romper la tregua, ETA está cada vez más débil y aislada. Tanto militar como políticamente. La prudencia y tenacidad de Pérez Rubalcaba han sido claves. Por eso se entiende menos la ligereza de algunos políticos del PP y de cierta prensa de Madrid, que socavan cada día la política antiterrorista. Con faisanes y sin faisanes.

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