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Los límites de la normalización institucional

La aprobación de unos presupuestos que refuerzan la estabilidad parlamentaria del Govern le permiten a Salvador Illa encarar el resto del mandato

Salvador Illa, president de la Generalitat, durante su intervención en el debate de política general.

Salvador Illa, president de la Generalitat, durante su intervención en el debate de política general. / Jordi Otix / EPC

Salvador Illa afrontó su tercer debate de política general de la legislatura tras avanzar en la normalización institucional con la aprobación de unos presupuestos que refuerzan la estabilidad parlamentaria del Govern y le permiten encarar el resto del mandato. Esa estabilidad, sin embargo, todavía no se ha traducido en respuestas satisfactorias a algunos de los principales problemas que afectan a Catalunya, varios de los cuales ocuparon un lugar destacado en su intervención

El desahucio de Maricarmen en Madrid ha reactivado la movilización social y el debate político sobre el acceso a la vivienda, que volvió a ocupar un lugar destacado en el discurso de Illa, también a raíz de las medidas aprobadas por el Consejo de Ministros en respuesta a este caso. El president anunció un fondo de emergencia habitacional, la compra compartida de vivienda y la ampliación de los préstamos de emancipación, unas medidas cuyo alcance dependerá de la capacidad para implementarlas y de que se acompañen de acciones que permitan ampliar el parque de vivienda disponible, tal como se comprometió en los anteriores debates.

La educación constituye otro de los principales frentes abiertos del Govern. Los errores en la muestra de las pruebas PISA, que comprometieron la representatividad de los resultados en Catalunya y cuya gravedad reconoció el propio Illa, han añadido presión sobre un sistema que ya afrontaba un conflicto con el profesorado. Durante el debate, el president apeló a un pacto de país, al refuerzo de la autoridad docente y a una revisión del modelo educativo, planteamientos que deberán concretarse en acuerdos con los grupos parlamentarios y con la comunidad educativa.

En materia de seguridad, el incremento de los tiroteos y los secuestros, junto con los relevos en el Departamento de Interior, plantea interrogantes sobre la gestión del Govern, que no ofreció explicaciones suficientes al respecto. También en Drets Socials, la reestructuración de la antigua DGAIA no ha disipado las dudas sobre las irregularidades en las prestaciones a jóvenes extutelados ni sobre las deficiencias en la supervisión del sistema de protección. A estos problemas se suman las deficiencias recurrentes de Rodalies y la incertidumbre sobre el nuevo modelo de financiación, cuya aprobación depende de la negociación y la tramitación estatal. El discurso de Illa tampoco profundizó en estas cuestiones ni concretó respuestas sobre las responsabilidades y las soluciones pendientes.

En lugar de ello, reivindicó la estabilidad, la convivencia, el consenso, la responsabilidad colectiva y la prosperidad compartida, y situó la dicotomía entre democracia y autoritarismo en el centro de su discurso. En esta línea, el anuncio de una Conferencia de Regiones por la Democracia no solo se inscribe en su voluntad de proyectar internacionalmente a Catalunya sino que contribuye a reforzar ese marco discursivo de cara al ciclo electoral que empezará con las elecciones municipales de mayo.

En definitiva, la normalización institucional ha permitido a Illa recuperar la estabilidad parlamentaria y afianzar la acción de gobierno. El reto ahora es que esa estabilidad se traduzca en respuestas concretas a los problemas que siguen condicionando la vida de la ciudadanía.

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