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Burocracia
Carme Poveda

Carme Poveda

Directora de Análisis Económico de la Cambra de Comerç de Barcelona. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO

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Las empresas dicen: ¡basta ya!

El control es necesario para garantizar la seguridad pero debería aplicarse de forma más amable con la empresa, con menos papeleo, plazos más claros y criterios armonizados entre las administraciones

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Las empresas dicen ¡basta ya! Basta ya de burocracia inútil que las ahoga. Basta ya de regulaciones impuestas desde despachos, sin considerar los costes de su puesta en práctica. La manifestación del sector agrícola estalla, en parte, como respuesta a esa burocracia que les hace perder dinero y tiempo, y que asusta a más de un emprendedor.

Estos días se ha hecho viral un vídeo en el que el diputado del Parlament de Catalunya Salvador Vergés enumera la larga lista de trámites recurrentes que tiene que hacer un agricultor. Pero la burocracia no afecta solo al sector agrícola. Es un problema endémico de nuestra administración, que está ahogando a todos los sectores. Desde la industria a los servicios, pasando por el comercio, la hostelería y el resto de servicios. El control es necesario para garantizar la seguridad pero debería aplicarse de forma mucho más amable con la empresa, con menos papeleo, plazos más claros y criterios armonizados entre las diferentes administraciones. A menudo, las empresas se enfrentan a la discrecionalidad de quien aplica la norma y a la inseguridad de una respuesta que muchas veces no tiene fecha de resolución.

En un estudio que hicimos en la Cámara de Comercio de Barcelona, el año 2007, ya se apuntaba que una reducción del 25% de la burocracia tendría un impacto positivo en el PIB de, como mínimo, el 1,5%. Hoy esta necesidad es mayor, puesto que cada año se suman nuevas obligaciones. La producción de normas en España en 2022 fue un 22% más alta que el año anterior, hasta las 1.329.865 páginas publicadas en los boletines oficiales, según un informe de la CEOE.

Los políticos y la administración regulan pensando en la gran empresa, dando por hecho que esta va a intentar saltarse las normas. Para evitarlo, impone férreos controles y regulaciones. Nada más lejos de la realidad. La empresa en nuestro país tiene una dimensión pequeña, mucho más pequeña de lo que nos gustaría, para crecer en productividad y en innovación. Y la administración sigue sin darse cuenta que cuanto más ahogue a estas pequeñas empresas con normativa, autorizaciones, permisos y certificados, menos crecerá. En España, en 2022 había 1.389.994 empresas de 1 a 9 trabajadores (el 90% del total) y tan solo 160.961 de 10 trabajadores o más (el 10%). En Alemania, el porcentaje de empresas de 10 o más trabajadores es del 19%. Primera propuesta: pensar en pequeño cuando se legisle.

La Generalitat se ha comprometido a crear una ventanilla única para los trámites que debe realizar el sector primario. Sin embargo, la Finestreta Única Empresarial (FUE) existe desde hace años e integra los trámites de diferentes departamentos y también de ayuntamientos. Es un proyecto impulsado desde la Oficina de Gestión Empresarial del Departament d’Empresa i Treball y cuenta con un equipo de profesionales que, con gran esfuerzo, tratan de armonizar y simplificar la maraña administrativa que soportan las empresas. Por favor, no creemos más ventanillas únicas, reforcemos la que tenemos e integremos los diferentes sistemas informáticos, especialmente los de los ayuntamientos, donde se encuentra el principal escollo (urbanismo y medio ambiente). Evitaremos tener que crear en un futuro la ventanilla de las ventanillas. Segunda propuesta: más voluntad política de integración y más transparencia y seguridad jurídica para las empresas.

Pero la solución no vendrá únicamente de organizar mejor la tramitación, si no hay un cambio de mentalidad en el regulador. De nada sirve ir simplificando con mucho esfuerzo los trámites existentes, si por la puerta de atrás se están haciendo nuevas leyes que añaden cargas burocráticas. Tercera propuesta: evitar el síndrome de Penélope, que teje de día y desteje de noche.

Finalmente, hay que reformar profundamente la función pública. Desde Madrid, la música comienza a sonar bien. El ministro Escrivá quiere vincular la transformación digital con la función pública y ha escogido de secretaria de Estado a un perfil claramente reformista. Se va a eliminar la cita previa, cambiar la evaluación del desempeño de los funcionarios, desplegar un plan de captación del talento joven, redefinir los perfiles que se van a necesitar en el futuro para abordar el relevo generacional, etc. Catalunya no debería quedar atrás en la urgente reforma de la administración pública. Cuarta propuesta: gran acuerdo entre las fuerzas políticas para reformar la administración, no sujeta a legislaturas.

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