Triple crisis
Joaquim Coll

Joaquim Coll

Historiador

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Catalunya, ¿elecciones?

Afrontamos un momento crítico en medioambiente, educación e infraestructuras con un Govern débil, un president carente de liderazgo y que solo cuenta con 33 de un total de 135 diputados

El Govern, reunido este martes

El Govern, reunido este martes / QUIQUE GARCÍA / EFE

La peor sequía de la historia no es culpa del Govern, pero es innegable que los sucesivos responsables de la Generalitat no han hecho los deberes. Muy poco se ha avanzado desde que el tripartito de izquierdas presidido por José Montilla construyó la desaladora de El Prat, inaugurada en 2009. Sin ella hace semanas que ya tendríamos restricciones en el área metropolitana. En 2010 ganó las elecciones Artur Mas y, dos años más tarde, empezó el 'procés'. Desde entonces, la política catalana, en lugar de centrarse en mejorar el bienestar de los ciudadanos, tomó la ruta de la hinchazón soberanista que nos llevó al desastre de 2017. Aunque lo peor ya ha pasado, Catalunya ha salido muy tocada y afronta ahora mismo un momento crítico en medioambiente, educación e infraestructuras con un Govern débil, un president carente de liderazgo y que solo cuenta con 33 de un total de 135 diputados. Llama la atención que mientras Pere Aragonès reclama contribuir menos a la solidaridad interterritorial desempolvando el tóxico discurso de las balanzas fiscales, exige a los gobiernos de las otras comunidades que nos cedan su agua sobrante. La idea no entusiasma en ningún sitio. 

A la gravísima sequía para la que el Govern no tiene soluciones se añade la crisis educativa con unos resultados en los informes PISA que sitúan a Catalunya en la cola de España. La caída hacia las peores posiciones no es cosa de un año sino algo que viene de lejos. Por si esto fuera poco, encima Madrid experimenta una ligera mejoría cuando todos empeoran. La Generalitat lleva décadas repitiendo el mantra de que “l’escola catalana” es un modelo de éxito y que la inmersión lingüística (“solo en catalán”) constituye nada menos que la clave de bóveda de la cohesión social. Y, como tercer frente, en transición energética suspendemos. Si se cierran las nucleares de Ascó y Vandellòs, que la Generalitat no defiende, tendremos que quemar más gas y dependeremos de las otras autonomías y de la energía que nos suministre Francia. ¿Acaso todo ello junto a la debilidad del Govern no es motivo suficiente para ir ya a elecciones?