Opinión |
Sant Jordi 2023

Un viaje en el autobús de los libros prohibidos

De Margaret Atwood a Toni Morrison, 10 de los 11 libros más vetados en Estados Unidos están escritos por mujeres

Ilustración de Leonard Beard

Ilustración de Leonard Beard / Leonard Beard

Carol Álvarez

Carol Álvarez

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Circula un autobús con nombre, se llama Pedraforca, por zonas poco pobladas de Catalunya para llevar libros y cultura allá donde no los tienen tan al alcance. Lo hace desde hace cincuenta años, con sus reparaciones y relevos de maquinaria, está estos días de celebración coincidiendo con la fiesta de Sant Jordi, esa en la que el libro vuelve a ser el eje de todas las miradas y deseos, radiografías y análisis. El bibliobús Pedraforca pertenece a la red de la Diputació de Barcelona, y este año pasará en el Día del Libro por Cercs, donde vecinos de Avià o Guardiola de Berguedà quizá se acerquen a verlo y darle el homenaje que se merece. Las librerías no llegan a todas partes, ni las bibliotecas, así que el modelo de bibliobuses cumple una función esencial para evitar la desigualdad cultural en el territorio. 

Me hicieron fijarme en el Pedraforca las iniciativas que se multiplican en Estados Unidos para usar sus bibliobuses como lanzadera de los libros prohibidos: algunos estados han vetado o prohibido el acceso público a determinados títulos, agrupados en una lista de censura, y piensan los organizadores de estos buses por la libertad cultural que un servicio sobre ruedas puede sortear las prohibiciones políticas de turno. Texas y Florida encabezan la lista de territorios distópicos, de esos que parecen recrear la ficción de 'Fahrenheit 451' o 'El cuento de la criada', y las iniciativas lanzadas son variopintas: una la lidera una librería de un lugar llamado Sarasota, Shelf Indulgence, que compró un viejo autobús escolar en Ohio y ahora recauda donaciones para ponerla a punto, no solo con una buena capa de pintura sino también con material para habilitar el interior con estanterías para los libros.

En Texas ya está activo otro nuevo bibliobús con nombre, Bat Mobile. Ya operaba antes del covid, pertenece a una organización sin ánimo de lucro llamado Austin Bat Cave que impartía cursos de escritura creativa en la zona, pero ahora se ha reconvertido para llevar libros prohibidos en inglés y en castellano a los barrios donde los niños tienen más difícil acceder a determinados contenidos. "Nuestro objetivo es acercar a los jóvenes lectores nuevos libros para ayudarlos a imaginar lo que es posible en sus vidas”, señalan los promotores.

La brecha cultural es también social: algunas familias pueden comprar por internet los títulos prohibidos, pero no todos pueden permitírselo, y el apoyo esencial de la escuela y las bibliotecas escolares o públicas está fallando ahí al impedir el acceso a lecturas que en algunos estados consideran “ofensivas” o “incómodas” para los más jóvenes.

Temáticas prohibidas

La entidad cultural Pen America ha presentado sus últimos datos sobre la persecución ideológica que sufren los libros en el país, en seis meses han subido un 28% los libros prohibidos por su temática. La mayoría porque abordan relaciones homosexuales, o interraciales, también porque cuentan de abortos, embarazos adolescentes, o ataques sexuales (un 17% de los vetados) o de muerte y duelo (un 30%). ¿Creen acaso los censores que por no hablar de ello no existe? ¿Que los niños crecerán al margen de esta realidad más felices, o que van a madurar ignorando su entorno? Me intereso especialmente por un dato: cuántas mujeres están detrás de esos libros. Y oh sorpresa, si coges la lista de los 11 libros más vetados, 10 han sido escritos por mujeres. El más veces prohibido, en 56 escuelas, es el cómic juvenil 'Género queer' de Maia Kobabe; los más conocidos, 'El cuento de la criada' de Margaret Atwood y 'Ojos azules', de Toni Morrison. Está pasando.

Por todas las mujeres que escriben pese a todo, pese a quienes consideran que han entrado en la literatura como una turba de bisontes corriendo por las praderas del Oeste, hemos de seguir luchando para mantener fiestas del libro donde abundan las voces de mujer en los escaparates y puestos de libros, las miradas distintas y abiertas sobre nuestra realidad, y hacer de esta normalidad una trinchera cultural.

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