Opinión |
Artículo de Ana Bernal Triviño

Cuestionar a la agredida

La responsabilidad, de nuevo, va hacia ella: ¿pero por qué ella no denuncia? Y así, nadie pregunta, pero cómo a él se le ocurre pegarle, qué lo lleva a eso

Alves, en un partido con los Pumas.

Alves, en un partido con los Pumas. / AFP

Ana Bernal-Triviño

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En pleno debate de la ley del 'sí es sí', donde se supone que ya no deberían de preguntarnos ante una agresión si nos hemos resistido lo suficiente para evitarla, asistimos a dos ejemplos de cómo el foco siempre acaba en nosotras. No hablo en el plano judicial, sino de la opinión pública. Opinión de la sociedad en la que también están todos aquellos agentes que pueden atender a una víctima. De ahí que la formación deba ser siempre un pilar básico para que los profesionales no se dejen arrastrar por una opinión pública aún machista.

Lo hemos visto estos días en el caso de Dani Alves. Y eso que solo está en fase de instrucción. No quiero pensar qué será cuando llegue el juicio y la defensa, como se espera, intente desacreditar el testimonio de ella. Sabemos que está su relato, las imágenes registradas por las cámaras de seguridad, un informe forense y testigos. Sabemos que todo esto respalda, de forma sólida, la declaración de ella. Y, a pesar de eso, hay que buscar siempre los tres pies al gato. La gran pregunta es, ahora, por qué ella fue al baño y tardó unos minutos. No se habla de por qué él la reclamó, de por qué él la invitó, de por qué él se dirigió a ese sitio, de que quizás él le dijo que allí habría otro espacio. Ella ya relató que pensaba que aquello era otro reservado y no el baño. Y aún así, aunque supiera que era el baño, si ella no quería y pidió irse, ¿nadie se pregunta de dónde salen las lesiones y los golpes que recibió? ¿Nadie se pregunta: y por qué él no la dejó ir si ella no quería? Nadie pregunta por qué él la abandonó y ni siquiera la atendió. Lo siguiente será decir que las lesiones se las hizo ella misma, aunque eso el informe forense podría demostrarlo, por fortuna. Y digo esa excusa porque ya llevamos varios asesinatos machistas donde a los agresores se les ocurre decir que “ella pidió que la ayudara a morir”. En perversidad, nadie les gana.

El segundo ejemplo, lo hemos visto en la joven agredida en TikTok. Que sí, que ella ya ha dicho varias veces que no se considera maltratada. Y sobre eso ya hemos explicado. Pero la responsabilidad, de nuevo, va hacia ella: ¿pero por qué ella no denuncia? Y así, nadie pregunta, pero cómo a él se le ocurre pegarle, qué lo lleva a eso. Por qué no se pregunta si él ha podido llegar a condicionar la respuesta que ha dado. Por qué no se habla de cómo un manipulador emocional limita psicológicamente la capacidad de defensa de una mujer maltratada. Por qué no se habla de cómo ejercen y surge la disonancia cognitiva, la negación y el autoengaño. Por qué no se habla de cómo anulan la autoestima hasta pensar que mereces ser golpeada y que eso sea lo común de tu relación. De cómo crean dependencias hasta negar lo obvio. O por qué, de ser cierta la excusa, se usa una agresión como forma de llamar la atención. 

Habría infinidad de preguntas sobre ellos. En cambio, tenemos lo de siempre, que las preguntas van sobre ellas. Sobre lo que hacen o dejan de hacer. Porque somos nosotras, siempre, las que estamos en la diana. 

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