Artículo de Albert Soler Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

El increíble lacismo menguante

ERC pasó a ser considerada traidora por no querer proclamar la republiqueta mañana por la mañana. Estamos ahora en proceso de considerar traidores a los de Junts que quieren permanecer en el Governet

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Laura Borràs, en el acto convocado por el Consell de la República bajo el Arc de Triomf el pasado 1 de octubre.

Laura Borràs, en el acto convocado por el Consell de la República bajo el Arc de Triomf el pasado 1 de octubre. / MANU MITRU

Vaya por delante que escribo esto antes de saber si Junts x Sueldos -o como se llamen ahora- van a continuar en el Governet o no. Tanto da, aunque lo escribiera dentro de dos semanas seguiría ignorándolo, ya que me interesa tanto como saber a quién han eliminado en Master Chef, y ni siquiera sé quién concursa. Dejar que lo decida la militancia es una buena manera de lavarse las manos por parte de los dirigentes del presunto partido, aunque no siempre es la más acertada, baste recordar que la ocasión más famosa en que alguien se lavó las manos para que decidiera una multitud acabó con Barrabás en la calle y Jesús camino del calvario. Mandato popular, supongo que lo llamarían.

Yo, debo reconocerlo, me siento próximo a quienes, pensando en su propio bolsillo, quieren seguir en el Governet, es decir, quieren mantener el cargo. Además de tener una razón de peso -de mucho más peso que una republiqueta imaginaria, eso por descontado-, en caso de perder el poder se sentirían engañados. Son miles los que se metieron en Junts x Sueldos pensando en su futuro y en el de sus familias para que ahora vengan unos iluminados a decirles que de aquello nada, que el dinero no importa. ¿Cómo que no importa? Es lo único que importa. De perder el poder, los más afortunados de los altos cargos tendrán que vivir de ayudas y subsidios, puesto que se trata de gente sin oficio ni beneficio. Peor futuro les espera a los pocos que tienen un trabajo fuera de la política, ya que estos tendrán que ponerse a trabajar, horrible porvenir. Las reglas del juego no se pueden cambiar a media partida. Si hace unos años les hubieran advertido de que un día deberían plantearse poner los principios por delante del beneficio propio, no se hubieran hecho lacistas. Estas cosas se avisan de inicio o se callan para siempre.

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No es extraño que quienes con más énfasis han promovido abandonar cargos y sueldos sean el Vivales y Laura Borràs, que ya no tienen ni una cosa ni otra. El 'expresident' y la expresidenta nada tienen ya que perder: el uno viviendo en Waterloo a costa de donaciones anónimas de algunos adeptos a su secta y la otra a punto de vivir de gorra a cuenta de los presupuestos del Estado en alguna confortable cárcel. Renunciar a todo cuando nada se tiene es muy fácil. Deberían ponerse en el lugar de los pequeños inversores, que eso y no otra cosa fueron quienes se apuntaron a Junts x Sueldos en el inicio. Familias modestas que vieron la oportunidad de ascender socialmente y, sobre todo, económicamente pueden quedar ahora desamparadas por un quítame allá un acuerdo de gobierno.

El lacismo va dejando traidores y 'botiflers' por el camino, a medida que se desprende de los impuros. Empezó abominando de los partidos contrarios al referéndum, que ni siquiera merecían ser considerados catalanes. Más tarde dejó por el camino a los Comuns. Hace poco, ERC pasó a ser considerada traidora por no querer proclamar la republiqueta mañana por la mañana. Estamos ahora en proceso de considerar traidores a los de Junts que quieren permanecer en el Governet. No será la última escisión, las seguirá habiendo hasta que ya solo queden como lacistas puros el Vivales y la Borràs, quienes terminarán también acusándose de traidores el uno al otro y dilucidando quien es el auténtico patriota en una lucha en el barro, en tanga, en alguna discoteca de un polígono. Para entonces ya hará un tiempo que se llaman Junts x Fango.