Artículo de Xavier Bru de Sala Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

JxCat por fin sin Borràs

Más que en los de beatificación, donde toma la palabra el abogado del diablo, en los procesos de mitificación todo vale

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Laura Borràs, de espaldas, en un acto en su apoyo celebrado en el Ateneu.

Laura Borràs, de espaldas, en un acto en su apoyo celebrado en el Ateneu. / MARIA ASMARAT / ACN

Abandonado el mito del retorno de Puigdemont para hacer efectiva la independencia que proclamó antes de salir pitando, la brigada de retén de soñadores se agarra a la resistencia de Laura Borràs como sustituto. Ya que la cosa se alarga y Puigdemont no aterriza, las compuertas del pantano autonómico reventarán gracias a la negativa de Borràs a cumplir el reglamento del Parlament que preside. No se trata, según los que se acogen a esta posibilidad sin darse cuenta de que es un hierro al rojo vivo, de dilucidar si se trata solo de persecución política a cargo de los jueces o ni siquiera tener en cuenta el origen o la naturaleza de las investigaciones. Tampoco es cuestión de ser tiquismiquis con la restrictiva norma del Parlament, votada por los independentistas cuando se consideraban más papistas que el Papa. ¿Cómo podemos saltarla, si aplaudimos cuando los nuestros la aprobaron? ¡Es que vulnera derechos fundamentales porque prejuzga! Más que en los de beatificación, donde toma la palabra el abogado del diablo, en los procesos de mitificación todo vale.

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Porque lo que importa no es la razón, o la limpieza, o las buenas o malas prácticas, o la ejemplaridad, o lo que se llamaba superioridad ética y quién sabe dónde anda. Cuentan solo las consecuencias, el cálculo, aunque esté provocado por el delirio inherente a toda fiebre que se niega a remitir por temor a ser considerado tan traidor como los acusados de traición. El silogismo sigue más o menos así: premisa menor, Laura Borràs no dimitirá; premisa mayor, los no independentistas la echarán del Parlament; conclusión, los independentistas de verdad tendrán la fuerza suficiente para dominar a Junts, romper el Govern, provocar la convocatoria de elecciones, ganarlas y poner en marcha de nuevo la rueda, ahora ya a toda castaña, imparable hasta la independencia. ¿Y los del ‘no surrender’, el de Waterloo, qué? Pues haber espabilado, que ya le ha pasado el turno. Inútil preguntarse si Puigdemont no se solidariza con su expupila Borràs por celos o porque sabe que ella se encuentra a dos pasos de acabar igual, indignamente tirada en la cuneta por quienes hasta que perdió las elecciones depositaban la dignidad de Catalunya en su redentora figura.

En los silogismos, el orden o la pertinencia de las premisas puede ser más o menos aleatoria. Lo importante es que la conclusión sea verdadera, no una profecía. Puestos no a profetizar sino a prever con cierta racionalidad, las probabilidades de que Junts se deje arrastrar por Borràs y rompa la coalición son nulas. Por el contrario, aunque los de Turull y Giró voten a favor de su mitificación, lo harán con la expectativa de ver cómo sale proyectada en globo y, por fin, la pierden de vista en una estratosfera sin retorno. Y con la seguridad, ahora que la ANC ya ha condenado su personalismo, de que no encabezará una candidatura alternativa, sea por incapacidad inherente o inhabilitación judicialmente sobrevenida. ¿Y los que ahora la glorifican? Pues elevarán las abrasadas manos al cielo en busca de otro mito.