Artículo de Marc Lamuà Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Lengua, pacto y futuro

En un contexto de radicalización nueva del PP, que quiere cerrar el camino a Vox, a veces, y pactar con la ultraderecha, otras veces, Catalunya debe recuperar la fuerza propia con el consenso

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Los diputados del Parlament tras aprobar la ley del catalán para responder la sentencia del 25%

Los diputados del Parlament tras aprobar la ley del catalán para responder la sentencia del 25% / DAVID ZORRAKINO/EUROPA PRESS

Esta semana ha pasado algo muy importante en el Parlament de Catalunya: ¡por primera vez en bastante tiempo ha habido un gran pacto! Este pacto ha superado los bloques enfrentados durante el ‘procés’. El acuerdo, además, ha sido sobre un tema tan trascendental e importante como lo es la lengua y su aplicación en la educación. Es muy relevante, también, porque ha sido un camino difícil, que se ha intentado obstaculizar y que ha requerido -por parte de todos los actores- generosidad y sentido de responsabilidad. Me ha llenado de esperanza, ya que si algo puede ayudar a curar algunas heridas autoinfligidas en Catalunya es la defensa de lo que compartimos, de lo que nos une y de lo que nos puede ayudar a identificarnos juntos a todos los catalanes y catalanas.

Está fuera de dudas que la lengua catalana debe ser uno de los elementos clave que nos una al conjunto de fuerzas políticas representadas en el Parlament. Y que para que la defensa de la lengua catalana sea más eficaz deber ir acompañada, como hemos hecho en este pacto por la lengua, por la puesta en valor del castellano. Las lenguas se defienden queriendo las otras lenguas y, en especial, con las que nos une más lazos de afecto y vivencias. Unión y no confrontación como leitmotiv. Reconocer el castellano como lengua curricular, como una lengua que se habla, se usa y se quiere en nuestros centros educativos fortalece el catalán. Insisto en que la defensa de una lengua no va en detrimento de otra, sino todo lo contrario.

Mientras eso pasaba en el Parlament, en el Congreso de los Diputados, el Partido Popular presentaba una proposición no de ley en el pleno para denunciar la supuesta situación del castellano en la educación en Catalunya. La preocupación es nueva porque nunca la había habido en las leyes educativas que redactaron y aprobaron cuando estaban ellos en el Gobierno. La proposición no de ley ha seguido, además, la estela del nuevo líder, Feijóo, que denunciaba “apartheid” lingüístico en Catalunya. Esto ha significado un peldaño más en la radicalización del Partido Popular, que sin capacidad ya de vertebrar una propuesta para todos los territorios de España, parece empecinado en prender el fuego del populismo nacionalista en todos aquellos espacios donde va camino de la extinción. Qué lejos nos quedan estas semanas aquellos grupos del PP de Catalunya encabezados por Piqué, qué poco ha durado la moderación del gallego Feijóo, qué desastre la espiral de radicalización que vemos en los conservadores de toda España.

En materia lingüística tampoco nos debe sorprender la línea que sigue el PP bajo la batuta de Feijóo. Justo al llegar al poder en Galicia, Feijóo rompió el consenso alrededor de la defensa del gallego que de manera muy transversal se había forjado entre todas las fuerzas gallegas. Efectivamente, durante su mandato tuvo que emitir hasta tres informes el Comité de Expertos del Consejo de Europa para la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias por la poca presencia en la enseñanza del gallego en Galicia y por la evidente caída de su uso. A ojos del líder popular, esto debió ser un éxito de lo que él llama el “bilingüismo cordial”. Si no le importó, gobernando su Galicia natal, comportarse de este modo, valoren ustedes mismos lo que le importará maltratar el catalán por arañar un exangüe puñado de votos.

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Estas son las circunstancias que determinan la importancia del pacto por la lengua de esta semana en Catalunya. Salvador Illa ha tenido un papel clave definido por su voluntad de pacto. Las fuerzas políticas en Catalunya sí son conocedoras de los inmensos retos del país, después de diez años de parálisis política absoluta, conocen también que la fuerza se tendrá, o no, por los consensos conseguidos en nuestro país. En un contexto de radicalización nueva del PP, que quiere cerrar el camino a Vox, a veces, y pactar con la ultraderecha, otras veces, se evidencia que Catalunya debe recuperar la fuerza propia con el consenso. Y el consenso siempre tiene el camino de buscar el mínimo común denominador.

Es importante que recuperemos el orgullo que durante los últimos años del franquismo y la Transición hizo del catalán una lengua de libertad y resistencia común de todos los ciudadanos y ciudadanas de Catalunya contra quien nos quería más pobres lingüísticamente. Lo hicimos desde la libertad, el amor a la lengua y el activismo, y con la fraternidad y complicidad de quienes hablaban todas las otras lenguas de España. ¿Por qué ahora, con las instituciones comunes a favor y no a la contra, deberíamos hacer algo distinto? El catalán debe ser esa lengua que aúna catalanes y catalanas, que maravilla a quienes van llegando a nuestro pequeño rincón del mundo, que seduce y enamora. Promover eso con toda la potencia desde nuestras instituciones sin duda es obligado. Pero también debemos ser realistas y entender el mal uso del catalán que algunos han hecho en los últimos años contra los propios catalanes y catalanas. Si debe, y sin duda debe, ser la lengua común de todos, tampoco no puede ser la de unos contra los otros. Debe ser el ágora en donde todos estamos invitados y somos bienvenidos o le haremos un flaco favor a nuestra maravillosa lengua en unos momentos difíciles ante la voracidad de los tiempos presentes.