Artículo de Paola Lo Cascio Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

No hay vuelta atrás: los siete años de Colau marcan la agenda política

Serán meses de alto voltaje, no lo duden. Hay temas importantísimos sobre la mesa, que entroncan, por otra parte, con las preocupaciones del conjunto de las grandes ciudades europeas

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La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau,  acompañada de los tenientes de alcalde Janet Sanz, Laura Pérez y Jordi Martí, ayer en los jardines del Doctor Pla i Armengol.

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, acompañada de los tenientes de alcalde Janet Sanz, Laura Pérez y Jordi Martí, ayer en los jardines del Doctor Pla i Armengol. / Joan Cortadellas

Todo parece indicar que se ha acelerado el comienzo de la precampaña electoral para las elecciones al Ayuntamiento de Barcelona. En realidad, la relevancia política de la más alta magistratura de la ciudad, y las dinámicas de la política municipal, distintas a la de otros espacios institucionales, hacen que prácticamente siempre haya cierta tensión electoral.

Sin embargo, en este caso, el pistoletazo de salida hacia un período que será de cada vez más confrontación ha sido especialmente sonado. Se ha intersecado con los hechos vinculados al espionaje de Pegasus cada vez que el candidato republicano Ernest Maragall ha insinuado una especie de connivencia de la alcaldesa con el CNI, ya que quedó constancia de que fue pirateada la información de los móviles de algunos de los negociadores republicanos cuando la elección de Ada Colau en 2019. La insinuación es uno de los mayores disparates nunca pronunciados y fue la propia ERC quien tuvo que obligar a Maragall a llevar a cabo unas matizaciones que se parecen mucho a una recogida de cable de toda la vida.

Sin embargo, la decisión de la alcaldesa de repetir candidatura después que las bases de Barcelona en Comú le pidieran que lo hiciera, así como está estatutariamente previsto, acrecentó la sensación de estar ya en la primera fase de la campaña que se dirimirá de aquí a un año, mientras que en la casa socialista (en donde sigue habiendo rumores de un posible cambio en la candidatura de Jaume Collboni), también se han lanzado a la rueda atacando, precisamente a la alcaldesa por haber anunciado su voluntad de repetir como candidata.

Como colofón de todo ello, también se ha producido la renuncia de Elsa Artadi: técnicamente -y según ella misma ha explicado-, se ha marchado por comprensibles razones de agotamiento personal. Sin embargo, las recientes informaciones en torno a sus encuentros con personalidades rusas en el octubre de 2017 -sobre los cuales ha sido citada a testificar en sede judicial-, avivan las dudas en torno a las motivaciones reales de su alejamiento de la política.

Por otra parte, la atención de los medios a la política municipal de Barcelona, ya normalmente alta, se ha incrementado de manera sustancial. No es difícil encontrar en todas las páginas de los diarios, en las tertulias de televisión y de radio, o en las redes sociales debates enconados en torno a las políticas que se están haciendo en la ciudad de Barcelona. También se ha asistido a intentos de judicializar algunas acciones del equipo que lidera el consistorio, con poco éxito real, pero con mucha capacidad de generar ruido mediático. Se palpa pues, en los movimientos de algunos sectores económicos, en la opinión publicada y en los movimientos de los distintos partidos, un clima preelectoral.

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Según todos los estudios demoscópicos, a no ser que haya alguna novedad disruptiva en las próximas semanas -hay rumores, por ejemplo, en torno a una posible candidatura de Sandro Rosell-, de momento la carrera electoral será cosa de tres: el partido de la alcaldesa -que puede capitalizar algunos éxitos de las políticas de los mandatos anteriores y cuenta con una proyección sólida-, los socialistas -que pueden llegar a reunir un voto más moderado, también y, sobre todo, por una cierta incomparecencia de otras opciones del mismo espectro-, y los republicanos liderados por Ernest Maragall, que pueden proyectar la fortaleza de las siglas de ERC y apelar a la voluntad de alinear el ayuntamiento con la Generalitat.

Serán meses de alto voltaje, no lo duden. Hay temas importantísimos sobre la mesa, que entroncan, por otra parte, con las preocupaciones del conjunto de las grandes ciudades europeas: de la reactivación económica a las políticas de contrastes para atacar la emergencia climática. De la movilidad a la pacificación de barrios y calles, de la gestión del turismo a la construcción de alianzas institucionales estratégicas. Del cambio de paradigma en las políticas de vivienda a una agenda política metropolitana que hace demasiado tiempo que se hace esperar.

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De todo ello parecen desprenderse dos cosas. La primera es que, por fin, y después de tantos años, se volverá a hablar de temas estratégicos para Barcelona, sin que -aparentemente o de manera sustancial-, los debates identitarios vinculados al 'procés' interfieran con las decisiones que afectan a la vida de la ciudadanía.

Y, en segundo lugar, que no hay vuelta atrás: los siete años que lleva Ada Colau en el liderazgo del ayuntamiento han marcado una agenda política clara, con respecto a la cual se puede estar en contra o a favor, pero que definen ahora mismo los retos de la ciudad.