La campaña militar (40) | Análisis de Jesús A. Núñez Villaverde

¿Cuánto territorio puede perder Ucrania?

Muchas voces apuntan a la conveniencia o necesidad de que Ucrania renuncie a ese mencionado objetivo y permita que Vladímir Putin pueda quedarse con una parte del país, declarando así una victoria que pudiera poner fin al conflicto y evitando una escalada general de consecuencias globales

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Tropas rusas en el territorio del Donbás.

Tropas rusas en el territorio del Donbás. / STR

El presidente ucraniano, Volodímir Zelensky, cuantificaba recientemente la pérdida territorial acumulada hasta ahora por Ucrania bajo la presión militar rusa en un 20% de sus 603.500km2.

Ese dato explica por sí solo lo lejos que está Rusia de poder cantar victoria, cuando Moscú ha quemado ya buena parte de su pólvora en una invasión que no le ha servido ni para derribar a Zelenski, ni para controlar la totalidad del Donbás. Es cierto que, al menos en el frente oriental, el centenar de grupos tácticos que Rusia está empleando en su ofensiva prosiguen su avance; pero, por un lado, todo indica que lo hacen a un escuálido ritmo de no más de un kilómetro diario y, por otro, también están sufriendo significativos reveses, como los que les han obligado a retroceder en las zonas de Járkov y Jersón. Un avance, en definitiva, que no puede esconder el escaso balance provisional cosechado, sobre todo si se tiene en cuenta que la península de Crimea (27.000km2) y un tercio del Donbás ya estaban en sus manos desde 2014.

Sin embargo, ese mismo dato también indica lo lejos que está Ucrania de su objetivo maximalista, concretado por el propio Zelenski en la expulsión de las tropas rusas de todo el territorio nacional. No se trata solo de que actualmente sus vías marítimas, tanto en el mar de Azov como en el mar Negro, están bloqueadas por la flota rusa; sin que Kiev cuente con ninguna capacidad naval reseñable para evitarlo. A eso se une que, mientras pugna ferozmente por evitar el dominio aéreo de su enemigo, en el ámbito terrestre ya ha activado todas sus capacidades humanas y materiales, más el apoyo prestado por decenas de países que le suministran armas cada vez más efectivas, sin que por eso esté hoy más cerca de recuperar la integridad de su territorio.

Es en ese contexto en el que hay que enmarcar las cada vez más frecuentes declaraciones de gobernantes occidentales -que más bien cabría calificar como presiones sobre Zelenski- que apuntan a la conveniencia o necesidad de que Ucrania renuncie a ese mencionado objetivo y permita que Vladímir Putin pueda quedarse con una parte del país, declarando así una victoria que pudiera poner fin al conflicto y evitando una escalada general de consecuencias globales. En primer lugar, cabe recordar que la anexión de Crimea y la toma de parte del Donbás hace ocho años no sirvió para evitar lo que ahora está sucediendo, entre otras cosas porque Putin no busca quedarse con un trozo de Ucrania sino anular su existencia como Estado soberano, dado que considera que todo ese territorio es parte de Rusia.

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Quién, cabe preguntarse además, puede colocarse en la posición de árbitro imparcial que sea capaz de determinar el punto exacto de equilibrio que contente a Putin y no termine pasándole factura a un Zelenski que empieza a soñar con la victoria y tiene sobre sus hombros la pesada carga de los muertos ya sumados en la defensa de su patria. ¿Debe Zelensky ordenar el fin de la contraofensiva que sus tropas están desarrollando en el 'oblast' de Jersón, obligando a las unidades rusas a abandonar sus posiciones en unas zonas que controlan desde el inicio de la invasión? ¿Debe hacer lo mismo en la zona de Járkov, cuando ya ha logrado liberar la ciudad y hacer retroceder hasta la frontera rusa a sus adversarios? ¿Se le retiran también las armas que se le han suministrado 

La historia de los intentos de apaciguamiento de tiranos de toda laya está llena de fracasos monumentales. ¿Queremos añadir otro? Seguro que Putin está de acuerdo.